Editorial: Esos diciembres que no volverán

Navidad

La cuadra, por aquellos finales de los 90, era vestida con los colores de la navidad. Vecinos por aquí, vecinos por allá, pintado los andenes, las calles y las fachadas. Las vías eran cerradas algunas horas para evitar que los dibujos hechos por aquellos talentosos, que con esmero donaban su arte, fueran arruinados por algún desprevenido, que contemplando el cielo de la Navidad, no se percataba que estaba dejando, literalmente, su huella sobre la cara de Papa Noel. Algunas calles aún están grabadas con un entusiasta letrero: Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo 1999.

Los vecinos, haciendo gala, de sus mejores aparatos radiofónicos, ponían a sonar a Pastor López, los bajos de la orquesta del artista venezolano, retumbaban por toda la cuadra. Cerveza por aquí, cerveza por allá. Durante todo el año era posible que los miembros de la comunidad no cruzaran palabra alguna, pero en diciembre todo el mundo es bonito, saludos por aquí, saludos por allá.

Los mechudos del barrio, los mismos que durante el año se veían “estirando trompa”, en diciembre, muy a su manera, se integraban al trabajo comunitario. Chistes por aquí, chistes por allá.

Los más chicos esperaban la tan anhelada fecha con ansias. La Navidad, para los niños, en verdad es mágica.

La novena integraba a la comunidad, el mismo parafraseo año tras año y lo más divertido eran los villancicos y, por supuesto, la comida que ofrecía la casa anfitriona que organizaba algunos de los nueve días.

La música de diciembre era, precisamente eso, música de diciembre. Qué importa que el baile no fuera lo propio de algunos individuos, si Pastor López, Rodolfo Aicardi, Los Corraleros de Majagual y otros, con sus canciones, hacían mover las piernas de todos, incluso, las de los más troncos y amargados.

Los tiempos han cambiado, diríamos pues, que por fin llegó la época más esperada del año. Sin embargo, gracias a Candela Estéreo, Olímpica Stereo, Radio Uno, entre otras más, que desde febrero inundan las ondas radiales con la música tradicional de esta fecha, diciembre comienza a sentirse desde principio de año.

El comercio en general se viste de rojo y verde desde mitad de año y la decoración decembrina empieza a verse desde octubre. Así es muy complicado. Quizás ya somos adultos, los tiempos ya no son los mismos y a las viejas tradiciones han sido adaptadas nuevas costumbres.

Sigue siendo una época en la que todos pretendemos ser bonitos, en últimas de eso se trata, de olvidar las dificultades que a lo largo del año se hicieron presentes, de olvidar también las ofensas y de dejarse contagiar por eso que llaman el espíritu de la Navidad. No obstante, la integración de los vecinos en las grandes ciudades ha sido, con el tiempo, mermada.

El 24 de diciembre era, por aquellos años, la fecha en la que casi en todas las cuadras había una fiesta. Baile por aquí baile por allá. –“¿Eres la hija de doña Bertha?, yo soy el hijo de don Luis, no te había visto”. Sí, también era la fecha en que conocíamos a las vecinas. Estos últimos años han sido algo distintos, al menos en el lugar desde donde esta editorial fue escrita.

La Navidad, aunque ha cambiado, aún conserva cierto encanto que contagia, así sea un poquito, a los amargados más radicales. Estaríamos seguros que no hay metalero que haya escapado victorioso de Pastor López o que no haya sido abrazado por un vecino mayor entusiasta que le diga: “Mijo, yo lo conozco desde que era así de grandecito”. No creemos que haya algún rebelde sin causa, que durante todo el año vocifera en redes sociales su postura contestataria y disidente al comercio capitalista que en diciembre hace su agosto, que no haya recibido un afectuoso saludo de sus viejos, rogándole con más sentimientos que argumentos, que cambie, que dios lo bendiga. No creemos que haya alguien que en el Año Nuevo no haya dejado escapar, en algún momento y por alguna razón, una lágrima de nostalgia por aquellos que ya no están.

En diciembre todos somos bonitos, de eso se trata, entonces, aprovechemos la oportunidad y, aunque sea por un instante muy pequeño, dejemos que –eso que algún día nos dijeron que era la magia de la navidad– nos contagie.

No dejaremos de ser rebeldes, no dejaremos de ser rockeros, ni mucho menos disidentes, porque un día al año nos entreguemos a esa música viejita que nos hace mover los pies.

A celebrar y, por qué no, a reconciliarnos con el otro.

Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo disidente.

Por, Rugidos Disidentes

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