Un hombre llamado Ramón

Ramón

La vecindad no fue la misma sin él. Dos veces se ausentó de ella, y aunque el éxito del programa continuó en ascenso, su vacío se sintió en el patio más recordado del continente.

Por, Andrés Angulo Linares

La vecindad no fue la misma sin él. Dos veces se ausentó de ella, y aunque el éxito del programa continuó en ascenso, su vacío se sintió en el patio más recordado del continente.

La disidencia hacia el papel de mando que estaba tomando Florinda Meza y supuestas diferencias económicas con Roberto Gómez lo ausentaron por primera vez del vecindario más famoso de América, luego de 8 años continuos de programa.

La segunda, un año después de su regreso, fue definitiva. Fue el segundo en renunciar al Chavo del Ocho, fue el primero del grupo de actores en responder al llamado de la muerte.

Ícono del continente

Su gorro de pescador que usó en la mayoría de los capítulos, su camiseta desgastada, su blue jean y sus tenis, hicieron de él un ícono de la cotidianidad del continente. Su estilo y modos de vida lo instalaron dentro de la cultura pop de América. Sus gestos, sus arrugas, su bigote y su cigarrillo inmortalizaron su rostro.

Roberto Gómez lo invitó a participar en Los Súpergenios de la Mesa Cuadrada –serie humorística de su autoría–, porque admiraba el trabajo de Ramón Valdez, quien ya había comenzado su carrera en el cine. “Ramón Valdés ha sido el único actor que me ha matado de risa”, contestó ‘Chespirito’ en una entrevista.

En el programa interpretó al Ingeniebrio Ramón Valdés Tirado al Anís, un profesor con ciertos problemas con la bebida, que al igual que sus compañeros de set, daba respuestas absurdas a las preguntas enviadas por los televidentes. Luego integró el elenco de Chespirito, pero fue El Chavo del Ocho el que le permitió zafarse de la sombra de su hermano, Germán ‘Tin Tán’ Valdés y, sin saberlo, construir así su inmortalidad.

Don Ramón no era la representación postiza de un personaje creado por Chespirito, era Ramón Valdés interpretándose así mismo: “… No podía decirle más que en la vecindad siga siendo él” Afirmaba Roberto Gómez cuando se le preguntaba al respecto.

Era la columna vertebral de la serie, todos los personajes tenían que ver con él; padre de La Chilindrina, amor platónico de Doña Cleotilde, deudor eterno del Señor Barriga, víctima de un sinnúmero de bofetadas a cargo de Doña Florinda y de los empujones de Quico, protector y amigo de El Chavo, a quien, de cuando en cuando, corregía a punta de coscorrones.

América también ha tenido que ver con Don Ramón, generaciones enteras han crecido y reído con las ocurrencias de un personaje algo desaliñado y humilde que logró identificar a miles de personas, cuyas circunstancias las obligaron a ejercer cientos de oficios y hacerle quite a las necesidades.

Su camino a la actuación

Ramón Valdés se ganó la vida en diversos trabajos; recorrió México en un camión transportando fruta, fue vendedor de moles y de consomés, administró los bienes de su hermano el ‘Tin Tán’ Valdés, quien lo acercó al mundo de la actuación y con él participó en varias películas, cuando el cine era posible sólo a blanco y negro. Su primera película: Calabacitas Tiernas – ¡Ay Que Bonitas Piernas!, del director Gilberto Martínez Solares.

De los nueve hijos de Rafael Gómez-Valdés Angellini y Guadalupe Castillo, sus padres, cuatro se dedicaron a la actuación: Manuel ‘El Loco’, Antonio ´El Ratón’ y Germán ‘Tin tan’ y él. La familia Valdés logró conquistar los corazones de los mexicanos. Ramón Antonio Esteban Gómez de Valdés y Castillo, ‘Moncho’, ‘Monchito’, ‘Ro ro’ o simplemente ‘Don Ramón’, participó en más de 50 películas en la Época de Oro del Cine Mexicano’, muchas de ellas al lado de sus hermanos.

Por diversas razones, no solamente su gracia, Don Ramón, ha cautivado territorios específicos en el continente, el hecho de que se negara pagar la renta sirvió como fuente de inspiración para que en El Salvador se creara el movimiento social Iniciativa Ciudadana Don Ramón, para hacer resistencia pacífica en contra de las extorsiones que los delincuentes estaban imponiendo a ciudadanos y empresarios. “… Siempre tenía el pretexto, tenía el valor y el coraje”, se refirió el líder de la iniciativa, Ernesto López, para justificar la utilización de la imagen del personaje en su protesta.

‘Seu Madruga’

En Brasil el personaje definitivamente no pasó desapercibido. Seu Madruga –la traducción al portugués de Don Ramón– dejó una huella imborrable. Su nombre, en el país sudamericano, ha sido usado por distintas bandas de rock, su imagen impresa en millones de camisetas, su figura ha inspirado varios videojuegos, sus frases han identificado parte de la idiosincrasia brasilera y ha sido convertido en un fenómeno en internet, asociado, incluso, como símbolo de anarquía.

En una entrevista dada por el periodista Pedro Nogueira a la BBC, publicada en el 2010, éste declaró que en Don Ramón está plasmada la identidad de aquel “pícaro que vive sin empleo, de pequeños trabajos y que intenta salir adelante con pequeñas mentiras” y cuyo retrato ha sido plasmado en la música y la literatura. Un pícaro de buen corazón que no es capaz de dañar a su semejante, como lo declaró, también a la BBC, el escritor Pablo Kaschner, autor del emotivo libro Seu Madruga: vila e obra, el cual comienza por el capítulo número 14 y finaliza con el número uno y que no es más que un sentido homenaje que Kaschner rindió a Seu Madruga y que comprueba, lo que en la cultura del país carioca significa la figura de Don Ramón.

La fama alcanzada por Ramón Valdés no fue más fuerte que su humildad y su nobleza. Alejado de los rumores que alrededor de la serie El chavo del Ocho se publicaban en los medios, decidió acompañar a su gran amigo Carlos Villagrán, cuando éste decidió renunciar de manera definitiva al programa, en Ah ke Kiko¸ transmitido en Venezuela y cuyo poco éxito, obligó a Valdés a regresar a México.

El adiós

El 9 de agosto de 1988 un cáncer de estómago cerró, definitivamente, el telón para Don Ramón. La muerte lo alcanzó en su gira por Perú. Valdés volvía a despedirse, esta vez para siempre. Gran parte del continente se conmocionó con su muerte, su presencia dejó huella de México a Argentina, su ausencia dejó un luto en la televisión cómica del continente.

Don Ramón se quedó en el imaginario colectivo de América Latina, se mezcló en nuestra cultura, convivieron con nosotros y su recuerdo se instaló en nuestra memoria. El Chavo del Ocho, sencillo en su producción, demostró que a un actor lo forja su talento y no la complejidad con la que se llevan a cabo los seriados actuales para cosechar el éxito y la fama.

 

Por, Andrés Angulo Linares

@OlugnaElGato

 

 

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Imagen tomada de Internet: Publinews

 

 

 

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