El país de los siete E y la manzana del Edén

Odebrecht

… carguen sus tarritos de agua, siempre que vayan a cualquier instancia judicial”

Por, Jessica Yulieth Chávez Molina

Pasados los días del oso mundial que “hicimos en París” gracias a nuestro jefe de Estado, el honorable enanito –¡perdón, perdón!, no hablo de Uribe–, ni más faltaba, les hablo de Duque y su entonada lírica (que aprendió muy bien después de su reunión con Maluma), ante la UNESCO, en la que el presidente electo de Colombia explicaba los principios fundamentales de la economía naranja: “siete notas musicales, siete artes, siete enanitos, mejor dicho hay muchas cosas que empiezan por siete”. Así lo manifestó, faltándole mencionar puntos como los sietes apóstoles, y la palabra principal que lo describe a ÉL, al ENANO ‘paraco’ y machista que maneja los hilos, ustedes ya saben de quién, ni más faltaba propiciar mi muerte con su mención.

Es increíble que se pretenda sustentar ante el mundo algo tan complicado y de muchísimo cuidado como la economía naranja, que al término, y en la jerga costeña sería algo así como: “economía naranja, para exprimirnos y jodernos” ¿Así o más claro el funcionamiento de este mecanismo que propicia los juegos del hambre en la República de Colombia?, aquella tan temida, para muchos, con que se convirtiera en una segunda Venezuela. Pero les informo, hoy no somos como el país vecino, sino como Colombia, una Colombia más jodida que ayer. ¿Se percatan de la importancia que tiene el voto popular y la experiencia en cargos públicos, sumado a estudios, que como bien se lo dijeron “no se realizan doctorados en 10 días”, para evitar precisamente que el país caiga en manos de incompetentes y gente tan recalcitrante como la que tenemos en los altos mandos?

A más de 100 días del mandato de Duque, Colombia se encuentra en un Estado de conmoción interna a cuenta de los paros nacionales organizados por las diferentes universidades públicas del país, exigiendo que se les garantice mayor financiamiento para optimizar el derecho a la educación, y Duque de rumba con Maluma, ¿bonito país, no?, ¿y la reunión con los estudiantes para cuándo? ¡Ah!, y por si fuera poco, María Fernanda Cabal sale a relucir su célebre frase: “¡Estudien vagos”!, tras preguntársele qué le tenía que decir a los estudiantes respecto a las marchas pacíficas que están llevando. Imposible sostener la cordura en este país de locos.

Ahora bien, hay otro punto inquietante por estos días del cual muy poco han hablado los medios de amplia circulación en Colombia: la muerte de los testigos en el caso de Odebrecht en nuestro querido país. El caso más reciente fue la muerte del testigo clave, el Ingeniero Jorge Enrique Pizano, quien presuntamente muere por un paro cardíaco el 8 de noviembre de 2018, ¿hasta aquí todo parece normal, cierto?, pero remontémonos un poco a la historia para saber quién era este señor, nada más y nada menos, que uno de los auditores del carretero Ruta del Sol II, en el que están involucrados consorcios colombianos y la empresa constructora brasileña Odebrecht, él buscaba la calidad de testigo especial por parte de EE.UU, a cambio de entregar información y material probatorio que incrimina de forma grave a diferentes presidentes, expresidentes y altos funcionarios en Latinoamérica, lo curioso es que Pizano resultara muerto. Aún se desconocen las causas de su deceso, puesto que, al parecer, fueron “naturales”. No obstante, esta teoría del caso dio un giro inesperado tres días después de su fallecimiento, en su escritorio se encontró una botella de agua saborizada que contenía cianuro y su hijo Alejandro Pizano la tomó, perdiendo también la vida, pero por envenenamiento.

Si bien es cierto que para muchos turistas Colombia es el Edén por sus mágicos paisajes,  no resulta menos cierto, que todos aquellos testigos claves que comen de la manzana, resultan muertos, y no precisamente por entrar en el pecado (…) Porque aquí, en el país del nunca jamás, se está tecnificando la criminalidad, ya eso de decapitaciones extrajudiciales, masacres, desapariciones forzadas, bombas, y muchos actos de terror (quedan estos como exclusivos para el proletariado), pasaron a la historia. Ahora el cianuro es el “hit” para silenciar a todos aquellos que puedan tocar a los intocables e indestructibles.

Aún tengo muchos interrogatorios más allá de toda duda razonable, ¿Qué hace aún bajo el cargo el Fiscal General de la Nación, el Dr. N. Humberto Martínez?, ¿Qué seguridad jurídica se puede presentar en Colombia, donde el fiscal que investiga a los corruptos es uno más de ellos, y ni hablar de sus subalternos? Todo esto resulta como la teoría del árbol envenado, una manzana daña al resto y deben ser excluidas por completo de toda investigación. En este orden de ideas, este señor se debe declarar impedido y Asonal debe ejercer la presión necesaria para que este renuncie. Así se mostraría, por primera vez en la historia, un ejemplo de coherencia y transparencia en una correcta administración de justicia.

Me llama la atención, en gran medida, el cinismo con el que habla el fiscal, en los siguientes puntos:

  1. El fiscal afirma: “Mis amistades no están por encima de la constitución”, yo le pregunto: ¿Por qué no denuncio este acto de corrupción grave, del cual tenía conocimiento de antemano?, y donde según él, sus amistades no están por encima de la constitución, ¿Qué intereses lo “obligaron” a olvidar tan grave situación?
  2. En la conversación vía telefónica que sostuvo con Pizano, este le decía que había unas irregularidades, es decir hablaba de unas coimas, a lo que el señor fiscal afirmó: “que se trataba de un asunto grave”, pero ya conocemos la historia, nuestro fiscal general sufre de Alzheimer selectivo (…). Es un peligro para la vida y la integridad meterse con los intocables, ya se sabe la suerte que tienen aquellos que comen de la manzana con cianuro (…) Por eso muchos optan por ser, al mejor estilo de Shakira, ciegos, sordos y mudos, no precisamente por no tener los pantalones que ameritan estos casos, sino porque el Estado es un incompetente para garantizar seguridad de quienes la ameriten, Colombia es un país gobernado por paracos al que le queda grande, en este orden de ideas, garantizar derechos. Aquí no nos encontramos en un Estado social de Derecho, sino en la peor de las dictaduras de la historia de nuestro país, disfrazada de un folclore de “paz”, una paz sin garantías, ni derechos para las víctimas.

No resulta extraño que sigan apareciendo muchos más muertos relacionados con el caso de Odebrecht, sin olvidar a nuestros líderes sociales. Por eso les hago una muy sentida invitación: carguen sus “tarritos” de agua, siempre que vayan a cualquier instancia judicial.

¡Ya uno aquí en Colombia, no sabe ni porque lo quieren matar!

 

Por, Jessica Yulieth Chávez Molina

(Sincelejo-Sucre)

Abogada en curso

Corporación universitaria del caribe Cecar

Jessica.chavezm@cecar.edu.co

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