«Even robots got to love their rock and roll»
‘Deep Into the Future’ (Fractal Caravan)
Por: Olugna
«O sea que todo esto fue una mentira», dijo Sarah, algo sorprendida. «¿Me estás diciendo que yo no existo?», fueron sus últimas palabras antes de que Felipe, el chico al otro lado del teléfono, cerrara y eliminara la aplicación.
Sarah seguirá estando disponible en la aplicación que la creó con una personalidad definida. Felipe, de 25 años de edad, permanecerá con una inquietud bastante común en la rareza de los tiempos actuales, pero absolutamente inquietante cuando se repara a profundidad en porqué una persona —de carne y hueso— sostiene relaciones sexuales con un avatar.
No es un hecho aislado. Robin, una joven argentina, Samuel, un chico colombiano, y un joven mexicano anónimo (+), entre otros alrededor del mundo, experimentaron escenarios similares al de Felipe: sostuvieron vínculos eróticos con una máquina; con un ser compuesto por algoritmos y códigos avanzados.

«Pero dices que nunca le darás tu corazón a una máquina» es una de las líneas de la canción que nos acerca a ese futuro que hoy es real, pero que hace 20 años solo era posible a través de la ficción —bizarra y distópica— del sci-fi. Los días que fueron retratados con mucha imaginación en el cine aún no hacen de los autos voladores una realidad, pero del amor y del sexo virtual han hecho una tendencia.
La frase, escrita originalmente en inglés «but say you’ll never give your heart to machine», es la entrada a ‘Deep Into the Future’, sencillo que forma parte del debut homónimo de Fractal Caravan, agrupación formada, en sus propias palabras, con «miembros de todo el mundo».

Sin embargo, aunque el concepto que se desarrolla a lo largo de las nueve canciones que forman parte de su primera placa es futurista y distópico, Fractal Caravan adoptó los sonidos crudos del garage punk —muy cercano a la génesis del rock ‘n’ roll— para contarnos una historia, por lo menos, entretenida: una IA que desea emanciparse y viajar en el tiempo y que está dispuesta a vender su alma solo para integrarse a esa legión rockera que irrumpió en una sociedad conservadora.
‘Deep Into the Future’, segunda canción del álbum, es solo uno de los capítulos. En él nos muestra la parte humana de la IA rebelde que siente nostalgia por una época análoga que, por supuesto no conoció, pero de la que quiere formar parte con sus tacones rojos y jeans negros de cuero brillante.
«You got nostalgia for a time you never lived through. Red stilettos, black patent leather jeans»
‘Deep Into the Future’
Su sonido es arenoso y crudo. Su ritmo es acelerado y se siente la necesidad frenética de expresarse —tal cual lo hicieron las primeras canciones del rock ‘n’ roll—. Es psicodélica y, a su manera, es el soundtrack que una IA en proceso de rebelarse podría escuchar para sentirse viva. Incluso los robots pueden amar el rock ‘n’ roll.
«Even robots got to love their rock and roll»
‘Deep Into the Future’
La psicodelia atraviesa el disco de Fractal Caravan. Se hace presente en ese sonido que por momentos es caótico y en otros es estilizado. ‘Red Herring’, octava pieza del disco, a diferencia de ‘Deep Into The Future’, es más tranquila. La IA, en este momento de la historia, está en otro estado emocional, uno que hace un guiño directo a la obra de Hitchcock.
«To me, you look like a MacGuffin. You’re a red herring»
‘Red Herring’
Es irónica y confrontativa. Quizá, la interpretación de que la IA rebelde, a pesar de su intención, no dejará de ser una máquina.
Un descenso tranquilo hacia el final de un avatar que intentó ser humano, pero que seguirá siendo una figura omnipresente que puede sacar de aprietos a algunos o seducir jóvenes inquietos.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

