Love My Robot - Sense of Reality 4

Love My Robot y ‘Sense of Reality’: cuatro fragmentos de una ciudad que nos observa desde el algoritmo


Por: Olugna


A su alrededor todo parece insignificante. Casas, árboles, vehículos y personas podrían ser piezas de un diorama extendido sobre la llanura de Ibaraki, en la región de Kantō, al noreste de Tokio. Con 120 metros de altura, el Ushiku Daibutsu domina el paisaje. Desde la distancia, es un gigante cubierto por la bruma; de cerca, el bronce revela pliegues marcados y una superficie preparada para resistir el clima. Es la representación de Amitābha, figura central del budismo de la Tierra Pura, que saluda a los turistas con la mano derecha levantada. No necesita moverse para condicionar la forma en que se observa el entorno.

Fotografía tomadaReddit

Parece hecha de fuego, trazos vectoriales y códigos: una proyección holográfica que compite con los edificios que la rodean sin dejar de ser imponente. Sale del letargo y despierta en una ciudad que se difumina a su alrededor a través de líneas de neón que delatan que aquí no hay espacio para la quietud. No es la única. A lo largo de esa urbe distópica, diversas figuras cobran vida. A diferencia de Ushiku Daibutsu, no rinden culto a un nombre en específico, sino a una entidad omnipresente que lo gobierna todo y a la que rendimos veneración cada vez que encendemos una pantalla y nos sometemos con cada scroll.


En ambos retratos algo persiste: la insignificancia del ser humano ante lo exuberante. En la estatua, el impacto lo define la estructura; en el video de ‘Smart Cities – I Love Japan’, la forma es luz y código, con movimiento que nos envuelve. Son dos creaciones artificiales que intensifican la estética de la ciudad y la dejan expuesta como lo que es: un laboratorio creativo en el que nosotros —junto a las demás especies— existimos bajo observación, participando de un escenario de experimentación donde lo urbano, lo digital y lo emocional se cruzan.

En ‘Smart Cities – I Love Japan’, concebida por Love My Robot, se recrea una ciudad sofisticada, distante de la lógica oscura de Gotham City, para mostrarnos un rostro distinto del caos: uno en el que el alma colectiva se mezcla, de forma orgánica, con la tecnología. Lo hace lejos de la tragedia; lo hace desde la exaltación a la apertura creativa y en las posibilidades que ese entorno ofrece para expandir horizontes.


Las vibraciones electrónicas terminan de dar forma al retrato que propone Love My Robot en esta canción, el primer fragmento del capítulo inicial de ‘Sense of Reality’, titulado ‘The Dawn of AI — Living in the Shadows of Progress’. ‘Smart Cities – I Love Japan’ es punzante y sensitiva. Su intención —al igual que en el video y la portada— es clara: ponernos de frente a otros lenguajes artísticos, al tiempo que nos confronta con una idea vanguardista: el arte no pertenece exclusivamente a lo análogo.


‘Quantum Computing’, segundo fragmento, de los cuatro que integran el primer capítulo, establece una conversación en la que una voz robótica describe un sueño cuántico en el que máquina y humano se fusionan: una poesía algorítmica que no tarda en aterrizarnos a la realidad: «Cyberspace queen, she a quantum dream,
keep reality, this is just a machine» («Reina del ciberespacio, ella es un sueño cuántico,
mantén la realidad, esto es solo una máquina»).


Las pulsaciones en el tercer fragmento de ‘Dawn of AI — Living in the Shadows of Progress’ son aceleradas. ‘Synthetic Humans’ continúa con el llamado de atención de ‘Quantum Computing’: la simbiosis entre humano y máquina es capaz de emular realidades fascinantes, pero el riesgo es alto si los límites se diluyen en una cotidianidad cada vez más vertiginosa e inmediata.


En la última parte del primer capítulo la tecnología asume nombre propio. ‘ChatGPT’, a través de un recorrido sonoro pausado, cuestiona, confronta y, ante todo, advierte sobre los riesgos éticos —individuales y colectivos— en una era que ha extendido el uso de las máquinas.

La portada, simbólica y apocalíptica, recrea un escenario en el que la ambición lleva al fracaso de la humanidad: una epifanía que amenaza, como ha pasado en diferentes etapas de la historia, con hacerse realidad.


Carolina Castilla, productora colombiana de música electrónica, nos presenta un trabajo artístico arriesgado y conceptualmente relevante en épocas actuales. El desarrollo de la primera parte de la historia que nos será contada por completo cuando conozcamos los demás capítulos de ‘Sense of Reality’ nos acercó a diversos diálogos contemporáneos: la ciudad —entendida más allá del asfalto— es un laboratorio social, político y tecnológico que expone la vulnerabilidad del ser humano; la tecnología, por mucho que extienda su capacidad, comprende límites que deben ser respetados; la simbiosis entre los seres humanos y las máquinas es una realidad.

El futuro ya no es un horizonte inalcanzable.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.


*Melvin Kranzberg (1917‑1995) fue historiador de la tecnología y profesor estadounidense, conocido por sus seis leyes de la tecnología, que reflexionan sobre su impacto social y cultural.

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