Guillermo Ortega - Guile Gadel - Marrocko 2

Marrocko: tres canciones entre la ausencia, el deseo y la memoria del rock latino


Por: Olugna


Dos tazas negras contrastan con las paredes y muebles de colores claros del apartamento. En la radio, en un tocadiscos moderno que pretende ser viejo, suena una canción de rock de una agrupación. En medio de la interferencia de una emisora que no encuentra el ajuste preciso, se proyecta una frase: «que hasta dormido te recuerdo y despierto y enloquezco». Quince segundos de un prólogo visual que deja ver por dónde se moverá la balada.


Una transición en negro conecta con otro escenario. Tres músicos, sobre un remolque, interpretan la canción en medio del campo abierto. ‘Mi cabeza da vueltas’, primer sencillo de Marrocko, introduce en pocos segundos varios elementos que se desarrollan a lo largo de la canción:


La ciudad —encerrada en cuatro paredes de un apartamento que solían ocupar dos personas— se desplaza hacia el campo abierto. La banda empieza a sonar en la radio con una balada que nace de una ruptura; una mujer que ya no está, pero que podría reconocerse en la canción. El rock cruza su camino con el folk.

A partir de este instante, las escenas a campo abierto se intercalan con ese apartamento habitado por recuerdos. ‘Mi cabeza da vueltas’ se mueve alrededor de la insistencia del protagonista: una dependencia por su expareja, un recorrido por la ausencia y la necesidad.


Guillermo Ortega, fundador y voz líder de Marrocko en 2003, se acerca a tres décadas de trayectoria musical. Finalista de una de las versiones del concurso de talentos Yo me llamo, el artista logró reconocimiento por su interpretación de Beto Cuevas, cuyo color de voz se percibe en ‘Mi cabeza da vueltas’, primera canción que permite explorar la esencia del proyecto, integrado en la actualidad, además, por Alex Zuñiga en la guitarra.

—Mi propuesta musical busca tocar el alma con letras poéticas que susurran verdades profundas y melodías envolventes que se cuelan en el pecho hasta mover el corazón—, explica Guillermo Ortega.


Una mujer camina por las calles de Downtown, barrio de Nashville (Tennessee). Es la protagonista del video ‘Cervecita pal calor’, segunda canción que presenta Marrocko dentro de su repertorio musical, compuesto por tres álbumes de estudio y un DVD en vivo.

Apegada al rock en español con matices de ska y pop, ‘Cervecita pal calor’ le canta al coqueteo, a la seducción y al enamoramiento. A diferencia de ‘Mi cabeza da vueltas’, se mueve en un tono más ligero, cercano a las primeras etapas del amor; aquí la nostalgia no se instala en la historia, sino en un sonido que remite al rock ‘n’ roll latino de la década de los 90.


Una farola de una motocicleta en primer plano abre la puerta de una tercera canción. ‘Es más fácil’, balada que se desenvuelve en el pop rock, regresa a la ausencia que deja el fin del amor. El video recorre fragmentos de lo que fue una historia en la que la libertad y la intimidad convergieron. En sus segmentos melódicos, los riffs de guitarra sostienen la identidad rockera de la agrupación.


Guillermo Ortega, creando rock en español, ha extendido su huella en Estados Unidos. Lo ha hecho con Marrocko, pero también con su proyecto solista Guile Gadel. De esta manera, el artista caleño ha conectado con la industria global sin abandonar sus raíces latinas.

—Tanto con Marrocko como en mi proyecto solista Guile Gadel, fusiono rock latino con pop emocional—, agrega el artista.


De su proyecto solista Guile Gadel elegimos una canción al azar: una decisión espontánea que abre ‘Ángel’, una balada atravesada en gran medida por el pop sin soltar por completo el rock. La voz del artista, en esta canción, es protagonista y deja entrever una conexión con Luis Alberto Cuevas Olmedo, músico que llevó a una generación a corear ‘Mentira’, ‘Fuera de Mí’ y otras composiciones, ahora parte del repertorio latinoamericano.


—Mi música nace de historias reales, sueños, vivencias y emociones honestas. Creo en el poder de mis canciones para conectar culturas y generaciones—. Finaliza.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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