Revista: Una mirada poética desde el Atlántico
Este proyecto hace parte de una serie que recorre diez municipios del Atlántico; en esta entrega, Puerto Colombia (Atlántico)
Por: Jorge del Río
Considerada la puerta de oro en su época. Por su extenso muelle ingresó la modernidad.
El mundo usó como pasarela esta obra de la ingeniería para contribuir al desarrollo económico y cultural de la región Caribe.
El tiempo fue derrumbando las bases de un municipio que prometía un futuro utópico que funcionaría alrededor del modernismo. Pero el abandono hizo lo suyo. Paralelo al resquebrajamiento del muelle el futuro parecía caerse a pedazos, el desarrollo prometedor guardó en un cajón todo lo que parecía una promesa, promesa que fue corroída por el olvido estatal y la corrupción.
Hoy en día, Puerto Colombia trata de levantarse a través de monumentos estridentes, espacios restaurados e intervenidos en el que los mayores beneficiados son los grandes capitalistas. La población en general vive de las monedas que los turistas llevan en sus bolsillos, el verdadero desarrollo económico está creado para el beneficio de unos pocos, y para colmo, las bandas delincuenciales se han tomado a su antojo el manejo del microtráfico y la extorsión a casi todo el comercio, desde el vendedor de tintos hasta quienes poseen locales que han sobrevivido a innumerables crisis.
En medio de todo este caos sociopolítico ¿dónde cabe el arte?

Pareciera que los artistas han quedado en el olvido absoluto, las sombras de los arquitectos Ariza Barraza y de la artista plástica Elsa Marina Losada han opacado el trabajo de quienes realmente componen el alma y la esencia de este puerto de la olvidanza.
Hay luchadores, quienes con las madres de sus uñas siguen aferrándose al sueño de transformar la humanidad a partir del arte, aunque estos lleven consigo capas de pesadillas.

Hoy quiero traer de referencia a la Fundación Sanarte, liderada por el maestro de arte dramático Dalfre Cantillo, personaje imponente. Su casa posee un maquillaje circense, una docena de Congos de oro adornan la repisa de la sala, el polvo pareciera revestirlos; quizás es una alegoría de la Maizena que complementará el ambiente carnavalesco.

Dalfre tiene a su cargo un número importante de aprendices en las artes escénicas. Niñas, niños y adolescentes se transforman en estrellas, danzan al ritmo de la vida, sonríen, como si creyesen en la humanidad; en un patio trasero de una humilde vivienda, consolidan su apuesta, con telas coloridas y máscaras carnavaleras, lucen vestidos neones y de luces. No son promesa, no son esperanza, son la respuesta a todo; ellos son quienes son: irrumpen el régimen de la ironía, sus destellos opacan la pintura de la Toyota blindada, sus actos escénicos contradicen a los diarios amarillistas.

El viento sopla a favor del equilibrio que se soportan en los zancos y la lira.
Cada acto se convierte en una afronta a lo temible, a lo absurdo a lo innombrable.
Creadores de la verdad y coleccionistas de la memoria colectiva.
¿Dónde habitan las estrellas de Puerto Colombia?
Aunque parezcan invisibles, ahí están, sobreviven ante el ruido del rafagazo, sus sueños están por encima de la ventana azul. Cada artista en Puerto Colombia es un faro que redirige la realidad. No están en la esquina esperando a ser observados, las luces de la ciudad no son suficientes para opacar sus destellos. Desfilan danzantes, seguros, con el ánimo por lo alto, son valientes, capaces de contradecirlo todo, de reescribir la historia. Son poseedores de la verdad.
Participantes
- Génesis Verdecia
- Rosa Linares
- José Linares
Agradecimientos
Fundación Sanarte | Maestro Dalfre Cantillo
Jorge Ríos Loaiza (Del Río)
Mi trabajo investigativo busca un acuerdo con la belleza en sus lugares donde nada parece acontecer, o simplemente lo nefasto se ha tomado el terreno. No trato de embellecer el mundo, mucho menos maquillarlo; mi anhelo es que se reconozca con sus imperfecciones, errores y horrores. Trato de transformar las realidades desde la interioridad de cada ser, cada paisaje o cada historia que se descubre ante un camino que ha sido abierto a machetazos.
Fundación Laboratorio Amarillo
Con la idea inicial de democratizar el arte, buscamos promover el pensamiento crítico, la libertad y la confianza entre las comunidades; capaces de mostrarse ante el mundo desde cada mirada sensible y honesta, utilizando la poética como un recurso que nos permite entender que cada gesto y cada instante no solo son memoria viva, sino que, además, puede transformarnos y llevarnos de una utopía a una realidad posible, que canalice el tejido social y las acciones metamórficas creativas por la Paz.







