Natalia Valencia y ‘Lista Negra’: cuatro razones para no encajar


Por: Olugna


Sus ojos esquivan el cristal y se dirigen en sentido contrario al lente que la enfoca. La pequeña niña de tiara de plata sonríe emocionada: su triunfo ha hecho sentir orgulloso a alguien más. Las rosas carmesí contrastan con su vestido blanco, que resalta sobre el fondo negro de la imagen. Fue una ceremonia importante y ella, su protagonista.

Frente al espejo, una mujer joven sostiene una fotografía. Observa fijamente a la niña de tiara de plata que ocupa el centro de la imagen. El instante rebobinado no es amable. En pocos segundos, la foto es un recuerdo arrugado. La pequeña que sonreía en la ceremonia ha crecido; no es la misma.


La escena que transcurre antes del primer minuto de la canción retrata una emoción que no nos resulta ajena. La nostalgia, a menudo, sabe esconder la ansiedad con la que crecimos buscando ser la pieza precisa en un LEGO ajeno.

—No voy a bajar mi volumen para que alguien más esté cómodo—, expresa Natalia Valencia, autora de ‘Lo Que Soy’, una de las cuatro canciones que forman parte de su debut, ‘Lista Negra’.


La narrativa del video que presenta la artista nacida en Armenia, Colombia, refleja la tensión de crecer bajo el escrutinio de un entorno que, con la excusa —quizá bienintencionada— de guiarnos, termina por alejarnos de lo que somos; mientras lima nuestros bordes para no ser la pieza que no encaja.

—Hubo un día en el que ya no pude más. Me quebré. Lloré, grité, corrí —señala la artista—. Ahí entendí algo importante: esa emoción no era algo que yo tenía que esconder.

‘Lo Que Soy’ fue la respuesta de Natalia Valencia al cansancio de adaptarse a un juego del que no quería formar parte; el rock y los riffs del metal, la forma en que decide compartirla con nosotros. «Había mucho ruido alrededor de cómo se supone que uno debe verse, comportarse, sentir o incluso cantar», palabras que nos resultan familiares.


‘Lista Negra’, cuenta la cantautora colombiana, es «un viaje sonoro por la vulnerabilidad, la rebeldía y la reafirmación personal». Es un EP íntimo que Natalia construye desde el capricho —cualidad que ningún artista debería perder—, para mostrarnos una mínima parte de su esencia: el desgaste de ser la pieza adecuada que nos mostró en ‘Lo Que Soy’ fue la primera estación.


La tercera canción da nombre al EP. Una balada que toma del blues sus golpes melancólicos, y del anime una de sus referencias contemporáneas más visibles, para decirnos —en palabras que también conocemos— que definir límites es un acto de cuidado propio.

—La referencia a Death Note apareció porque sentí que escribir el nombre de esa persona era como sacarlo de mi historia—, complementa Natalia.


‘Lista Negra’ es intensa y cambiante. Entre atmósferas acústicas que se combinan con estridencias sutiles, la artista muestra con mayor claridad su diversidad vocal en tres matices definidos: voces limpias, tonos rasgados y fraseos.


La noche, para Natalia, es un espacio de libertad. Eso lo deja claro en la canción que cierra el EP. Su voz, aunque no sea su intención, es protagonista de una balada íntima atravesada por la vulnerabilidad. «En la oscuridad también hay luz, en la oscuridad, nace el verdadero tú», escribió la artista en una de sus líneas. El rock y su fusión natural con el blues sostienen la estructura de este monólogo nocturno.

—Cuando todos duermen y todo está en silencio, ahí es donde realmente me escucho—, señala sobre ‘La Hija de la Noche’.


El amor, la indiferencia y la casualidad fueron insumos para ‘Esa Maldita Canción’, segundo tema de ‘Lista Negra’. Su historia tampoco nos resulta ajena: habla de la espera, del silencio al otro lado de la pantalla y de esas melodías que se convierten en símbolo del dolor, «que te devuelven al momento exacto donde todo se rompió», dice Natalia.


El recorrido dura poco más de 12 minutos. Las historias que nos cuenta la artista son cercanas: retratos que nos tocan, atravesados por emociones que conocemos. En ‘Lista Negra’, Natalia Valencia crea desde la espontaneidad y la libertad. Encajar, vimos, no es su intención.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador

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