«Nos dijeron cuando chicos “jueguen a estudiar”»
‘El Baile de los que Sobran’
Por: Olugna
La oficina de dirección se había convertido en un lugar habitual para mí. Cada anotación en el Observador era una medalla de la que me sentía orgulloso. La rebeldía, para ese chico de 16 años, era refugio, pero también desahogo.
«Oías los consejos, los ojos en el profesor»
Entre las clases inoficiosas de religión y un relleno llamado ética; entre el vallenato cursi y romanticón y el rap agresivo y vociferante, hubo un pequeño espacio para el rock que pronto se hizo más grande. Sus letras no pasaron desapercibidas, aunque ignorara su motivación.
«Había tanto sol sobre las cabezas y no fue tan verdad…»
El rock, a finales de los 90, fue aliciente de la inconformidad. Entre uniformes, exámenes y peleas en la cancha de microfútbol, que Los Prisioneros y otros tantos que llenaron las dos caras de un casete pirata dijeran lo que un adolescente confundido sentía era revelador.
«Nadie nos va a echar de más, nadie nos quiso ayudar de verdad»
No pregunté en ese instante por Pinochet. Si a muchos adultos no les importó, ¿por qué habría de importarle a un pelado que pensaba que, al terminar sus once juegos, el mundo sería suyo?

«Este año se les acabaron los juegos, los doce juegos»
Una vez afuera, tropecé con la mierda de la vida adulta. Latinoamérica empezó a percibirse desde sus grietas y contradicciones. Supe quién era Pinochet y resultó sencillo entender que cada país ha tenido el suyo. El mundo era más bonito en el colegio.
«Conozco unos cuentos sobre el futuro. ¡Hey!, el tiempo en que los aprendí fue más seguro»
Con algunos años más encima, esas canciones clásicas del rock en español —junto a cartas ingenuas de amor— fueron a parar en una caja, pero la furia nunca se fue: la sigo viendo en cada noticiero.

Los integrantes de Bonus Trak, como muchos de nosotros, formaron parte de esa generación a la que el rock en nuestro idioma despertó para que viéramos a Latinoamérica desde sus escenarios más crudos, pero también más reales.
—Nosotros crecimos con ella y hoy sentimos la necesidad de volver a decirla desde nuestro lugar y nuestro tiempo— comenta Bonus Trak para explicar la razón de reinterpretar ‘El Baile de los que Sobran’.

Los libros de historia siempre se han quedado cortos ante el horror que ha marcado el hemisferio sur. Las aulas siguen prometiendo lo mismo que en 1986. Es por ello que ‘El Baile de los que Sobran’, como otros tantos himnos herejes, no es una postal de un pasado mejor, sino la ventana por la que sigue pasando una realidad en la que solo han cambiado los colores de las casas y el modelo de las tanquetas que enfrentan estudiantes.
—Es una canción que sigue hablando por muchos— señala la agrupación de punk rock formada en 1999, justo cuando muchos de nosotros también pateábamos piedras en un callejón.

‘El Baile de los que Sobran’ hoy suena moderna. Las distorsiones son más definidas y la voz, en este caso la de Javier Velandia, es más áspera que la de Jorge González. Es una versión más joven, pero tan vigente como lo fue en su momento la de Los Prisioneros.
La pieza audiovisual, podría pensarse con acierto, no tendría mayores dificultades para encontrar en la calle lo que su letra describe. Sin embargo, Bonus Trak apostó, entre la nostalgia y el presente, por un viejo televisor para contarnos su versión de ‘El Baile de los que Sobran’. La coloración del video es un guiño al pasado; las escenas, recortes del presente.
Este año se realizará otra edición de la Copa Mundial de Fútbol. Han pasado cuarenta años desde que Los Prisioneros publicó ‘El Baile de los que Sobran’ y, en el patio sur del continente, poco ha cambiado: la sociedad no echará de menos a sus estudiantes, tampoco nos echó de menos a nosotros.

