Danni Frati Celli - mia (5)

Danny FRATI Celli ‘Mía’: una cartografía de redención


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


Su imagen de hombre esbelto se diluye junto a un horizonte que parece inalcanzable a su espalda. Sus pasos, lentos y cansados, avanzan a través de un suelo blanco costroso que guarda los vestigios de la tierra antes de que fuera poblada; una travesía sin rumbo, en condiciones inhóspitas y necias a la modernidad, que necesariamente busca algo más allá.

A medida que avanza —quizás— hacia la nada, observa el horizonte lejano —casi infinito— que lo rodea. El viaje está lejos de terminar y no es para menos: el destino más esquivo, suele ser aquel está más cerca: en este caso su reencuentro consigo mismo. Las escaleras, ubicadas en el suelo que los aymaras[i] bautizaran como El Lugar con Cercos, se alzan como una irrupción en medio del vacío: una epifanía que emerge en el abandono.


En 40 segundos, el video ha trazado la cartografía que nos guía a la redención cuando estamos dispuestos a asumir el riesgo de caminar en soledad por lugares que desconocemos y preferimos evitar. Danny FRATI Celli, su protagonista, tomó el riesgo y se aventuró por el Salar de Uyuni para encontrar el rumbo hacia su interior, hacia ese lugar en el que no queda más opción que ser honesto y hablarle también al amor, ese espacio que muchas veces funciona como refugio —o incluso como distracción— frente a nuestras propias grietas emocionales.

‘Mía’ se configura en el trabajo del cantautor puertorriqueño como una obra íntima que se articula con el concepto que ha desarrollado para su propuesta musical: construir canciones que sean espejos de sus propias experiencias. Bajo esa premisa, Danny FRATI Celli en cada capítulo que forma parte de su disco ‘Más Allá’, ha reflejado una inquietud interna a través del rock en español que se tomó el continente a mediados de los 90.


Cuando FRATI afirma que ‘Mía’ «es una de las canciones más sinceras del álbum», da sustento a la narrativa usada en el video, a ese instante donde asciende por las escaleras —uno de los atractivos del Salar de Uyuni—, para ver desde su parte más alta aquello que no vemos en medio de la cotidianidad que nos acorrala, que nos asfixia.

‘Mía’ toma como punto de quiebre la fragilidad del ser humano, desde sus virtudes y errores, para entender el daño que infligimos —muchas sin darnos cuenta— en nombre del amor, más aún cuando lo concebimos desde la posesión.


El amor hacia nosotros mismos —quizás, el más difícil de alcanzar— nos obliga a perseguir con pasión nuestros sueños y defender nuestra convicciones. En ‘Mía’, lo vemos reflejado en la promesa sutil de FRATI cuando atraviesa la zona del Salar de Uyuni que iza las banderas del continente: un gesto que puede leerse también como parte de su tránsito reciente por Suramérica, donde su obra ha empezado a expandirse más allá del Caribe.

El protagonista asume su fragilidad y la conciencia de no estar a la altura de aquello que ama. Aunque la letra parece dirigirse a un otro, el recorrido que propone el video desplaza esa búsqueda hacia el interior.No se detiene en la aceptación, sino que cruza el Salar de Uyuni para replantear el rumbo a través de un viaje donde el territorio es presencia activa.


En este escenario, la mujer de blanco no representa un destino romántico, sino una guía ancestral cuyo acompañamiento es transitorio; la redención final exige que la travesía se complete en soledad, logrando una transformación que es, por definición, individual.


Descubre el universo de emociones que Danny FRATI Celli ha retratado en ‘Más Allá’:


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[i] Los aymaras son uno de los grupos indígenas más grandes de Bolivia (el expresidente Evo Morales, recientemente depuesto, pertenece a este grupo), pero han sufrido discriminación durante mucho tiempo. «Solo se les ve como artistas», explica el fotógrafo boliviano Manuel Seoane


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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