David Mora - Ese Rock And Roll (4)

David Mora y ‘Ese Rock and Roll’: guitarras distorsionadas para sabotear la calma


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


Con los audífonos puestos y sus gafas blancas, David graba las voces. Más adelante lo veremos detrás de la guitarra. Sus compañeros, detrás de sus instrumentos, lo acompañan en el estudio de grabación; un ritual de creación donde una canción empieza a tomar forma.


En ese salón de paredes gruesas, tres músicos continúan extendiendo el ruido que rompió los tímpanos de una sociedad mojigata en la década de los 50. Como ellos, son miles los artistas que, desde los bordes, desafían una industria dominada en estos tiempos por el talento sin alma del algoritmo. Guitarras y bajos distorsionados, amplificadores estallados, voces ásperas y una actitud indiferente a las tendencias han sido una insignia que ha cargado el rock ‘n’ roll desde su nacimiento hasta su expansión hacia sus múltiples ramificaciones. Ha mutado, se ha fragmentado y se ha replegado hacia distintas fronteras, pero sigue encontrando nuevas formas de sonar.

La presencia de David Mora y la de sus compañeros persigue un propósito: gritarle al algoritmo que hay espacios que no le pertenecen. ‘Ese Rock and Roll’, la canción que está tomando forma en Volta Estudio, es una muestra más de que lo independiente, sin las reproducciones abultadas del streaming, vive, se mantiene y no se detiene. La tecnología —y su sofisticación— ha privilegiado la perfección por encima de la pasión; no entiende que, en el sonido sucio del rock, late un fragmento de la realidad.


La tecnología ha intentado amputar la capacidad de sorprendernos. Su promesa, donde todo era posible frente a una pantalla, ha querido cercenar la creación de otros mundos —amargos, inalcanzables, fantasiosos o felices, pero al fin y al cabo nuestros— a través del arte. Sin embargo, su asepsia es muestra de su incapacidad. El rock independiente ha sido un proscrito y no necesita de la validación artificial de un like.

David Mora se bajó de la montaña que nos mostró en ‘Mi historia’, Cuánto te quiero’ y ‘Olvido y tiempo’; dejó el silencio de los Apalaches y la precisión de la mandolina para encerrarse con un solo propósito: sabotear su propia calma.


—La canción habla de esa conexión visceral que muchos seguimos teniendo con el rock and roll —explica el músico colombiano—, incluso en una época donde la industria musical cambió completamente y donde otros géneros dominan la conversación.


Este es el nacimiento de su obra doble: un álbum negro, diseñado para guitarras distorsionadas, hard rock y metal; y uno blanco, donde habitará la limpieza del soul, el country y el rock clásico.

Es una guerra de bordes. Por un lado, la pulcritud de lo que se nos vende como evolución; por el otro, la mugre necesaria de un cable que hace contacto a medias. En ese choque, la guitarra difícil deja de ser un asunto técnico de mandolinas o banjos rurales para convertirse en un acto de rebeldía. No es la nota perfecta, sino el ruido que nos devuelva la identidad que el filtro nos robó.


Dividir el mapa en dos hemisferios —el blanco de la calma y el negro del estruendo— no es una estrategia de mercado, sino una partición del alma. Es la urgencia de encontrar el «back beat» de un corazón que se niega a ser procesado por una tarjeta de sonido que no sabe de sudor ni de cerveza.


Con ‘Ese Rock and Roll’, Mora recupera la soberanía del power trío para decirnos que el rock solo sobrevive si golpea con la misma fuerza que la realidad. La letra es un refugio donde «una cerveza y un power chord / sin auto tune, sin playback, sin edición» son suficientes.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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