«Busco que cada pieza sea una experiencia abierta donde las personas puedan proyectar recuerdos, emociones o imágenes propias»
Rodrigo Pacheco
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Podría tratarse de una casa inmensa, deshabitada y desgastada. El cine de terror ha agotado este recurso hasta el cansancio; sin embargo, algunas piezas logran el factor sorpresa en medio del lugar común: una edificación con habitaciones cerradas, escaleras que se comunican entre sí a través de largos pasillos, zaguanes ocultos que llevan a búnkeres subterráneos en los que puede olerse la humedad a través de la pantalla y un sujeto extraviado que busca recorrerla con pasos cortos y los nervios alterados, hasta que un ruido rompe la calma y nos saca de la escena.

La música, a lo largo de la secuencia, crea la textura que nos lleva a concentrarnos en el recorrido del protagonista. Esa es su misión: sumergirnos en la pantalla para sorprendernos con un movimiento inesperado. Sin la melodía, sin la sonoridad, quizás descubriríamos que no hubo razón alguna para el sobresalto.
—La música no necesita palabras para transmitir emociones o acompañar procesos personales—, explica Rodrigo Pacheco, director de LIRA.

La casa a la que nos invita a ingresar LIRA tiene siete habitaciones principales. No hay una trama escrita que podamos digerir. Nosotros, los oyentes, también somos los directores y los guionistas de la historia que mejor se nos acomode de acuerdo con las sensaciones que percibamos a través de la música de Rodrigo Pacheco, el compositor colombiano detrás de este proyecto formado en 2022. Hoy, Pacheco nos presenta ‘Oculto Vol. 1’, un álbum que recorreremos a través de esa escenografía que caprichosamente hemos creado. Pero usted, seguramente, construirá su propia historia a través de las canciones reunidas en esta placa discográfica.
—Mi música busca despertar la imaginación, recordarnos que sentir también es una forma de comprendernos y que el arte puede ser una experiencia espiritual—, agrega el artista colombiano.
Los pasos del protagonista son lentos al inicio; está reconociendo el espacio. El piano suave del comienzo en ‘Preludio’, primera habitación de ‘Oculto Vol. 1’, es tenue, casi imperceptible. Algunos timbres sutiles, que bien podrían ser el golpe de colgandejos moviéndose al paso del personaje, proyectan un espacio deshabitado y oscuro. Es una melodía de dos minutos y medio que, en coherencia con su nombre, simplemente nos pone en situación: en ese momento que, sin razón aparente, nos motivó a entrar a una casa desconocida a la que no fuimos invitados.
Inmediatamente nos acercamos a la segunda habitación. La tensión permanece disipada, pero poco a poco crece a medida que la melodía de ‘Ser’ gana intensidad. No sabemos qué hay dentro de ese cuarto, pero es oscuro y está atestado de objetos que llaman nuestra atención cuando la atmósfera cambia bruscamente durante unos cuantos segundos, para regresar de nuevo a los teclados sutiles y al ritmo tranquilo —pero expectante— que propone la canción.
Al abrir la puerta de la tercera habitación la tensión, aunque no desaparece, encuentra un punto de relajación. El ambiente en ‘Monedas’, tercera pieza del disco, es mucho más tranquilo. Hay luz, hay color. Sus secretos, a lo mejor, guardan recuerdos alegres que el habitante de esa casa decidió conservar. En su sonoridad también se abren espacios para rasgos sutiles de jazz.
‘Cuento’, la cuarta puerta en abrirse, igualmente mantiene el tono tranquilo. Al parecer, el misterio de las primeras canciones no siempre nos lleva a un descubrimiento que nos impacte. Es una habitación iluminada y ordenada. La tensión para nuestro protagonista ha mutado hacia una curiosidad tranquila que observa. En su melodía se perciben algunas muestras pequeñas de ritmos colombianos.
En todo caso, hasta el momento, el volumen de la música se mantiene en decibeles moderados. ‘Vientre’ no es la excepción. La quinta habitación de ‘Oculto Vol. 1’ se mueve entre una dualidad: se mantiene la atmósfera pacífica, pero se ve interrumpida por momentos breves de tensión. Puede ser la transición que trata de avisarnos que algo está por ocurrir. Antes de salir de ella, la percepción de suspenso se hace más latente.
‘Escenario’, la siguiente puerta que abre el protagonista —la sexta de nuestro recorrido—, extiende el suspenso que propuso ‘Vientre’. Algo ha cambiado. Sin llegar aún al estado inquietante y oscuro de las primeras habitaciones, la canción genera una atmósfera que nos pide concentración: a lo mejor, un giro de tuerca esté esperando por nosotros. El cierre de la pieza reafirma ese presentimiento.
—Con el lanzamiento de ‘Escenario’ espero despertar curiosidad—, agrega Pacheco.
Quizás, para el personaje etéreo que hemos fabricado para recorrer esta casa, no fue buena idea abrir la puerta de la séptima habitación. El suspenso se hace latente y la incertidumbre más fuerte. En ‘Método’, a través de pulsaciones de piano que se prolongan, la sensación de objetos que suenan al chocar entre sí y una melodía que parece que va a cambiar de ritmo, el tema nos exige concentración y nos pone a expensas de encontrar el clímax en cualquier momento.
Sin embargo, el misterio entre menos se revele más inquietante se hace. Esa última puerta puede ser el pasadizo a otra casa: ‘Oculto Vol. 2’, un nuevo álbum del que solo abrimos la puerta de su primera canción, ‘Interludio’, para cerrarla de inmediato sin revelar lo que encontramos en la habitación.
—Muchas veces la música expresa algo que todavía no sabemos nombrar—, finaliza.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

