‘Por si no hay mañana’ de Isaac Victoria

El amor en ‘Por si no hay mañana’ de Isaac Victoria: un lugar donde el mundo se detuvo


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


La antigua Mina El Amparo, ubicada en el municipio mexicano de Etzatlán, durante las primeras décadas del siglo XX fue uno de los complejos mineros más importantes del occidente del país: una pequeña ciudad levantada alrededor de la extracción de minerales, con hospital, escuela, teatro, viviendas y cientos de trabajadores. Hoy permanecen sus estructuras de piedra, recorridas por la vegetación y el silencio, como parte de un patrimonio donde todavía conviven las huellas del auge industrial y las marcas del abandono.

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Ese escenario es el lugar elegido por Isaac Victoria para desarrollar el videoclip de ‘Por si no hay mañana’. La decisión no resulta menor. La canción nació durante la pandemia como una reflexión sobre la fragilidad de la vida y la necesidad de expresar los afectos antes de que el tiempo imponga un límite definitivo. El artista mexicano explica ese origen y lo presenta como un espacio donde «el amor se convierte en refugio». Sin embargo, la obra audiovisual propone una lectura menos evidente: la cámara nunca intenta ocultar las grietas, las paredes abiertas o la vegetación que ha reclamado el antiguo complejo minero. Tampoco busca dramatizarlas. Simplemente permite que permanezcan allí, compartiendo el mismo plano con una historia romántica.

La antigua Mina El Amparo, en Jalisco, no fue elegida únicamente como locación. Su historia modifica la forma en que se lee el videoclip de Isaac Victoria y convierte el espacio en un elemento esencial de la obra.


—Dejamos que las imponentes estructuras de piedra, rodeadas y abrazadas pacíficamente por la naturaleza, dialogaran con la música—, explica Isaac Victoria.

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Esa convivencia modifica nuestra experiencia frente a la pieza audiovisual. La antigua mina deja de funcionar como una escenografía y comienza a participar en la narración más allá del deterioro y lejos de la nostalgia, mientras nos deja de frente a la pregunta de por qué una declaración de amor necesita ocurrir precisamente en un lugar cuya historia parece haber quedado suspendida hace décadas. La respuesta nunca aparece de forma explícita. No nos obliga a una interpretación, sino que confía en que el propio espacio complete aquello que la letra apenas sugiere.

—El entorno natural no es un simple fondo decorativo, sino un personaje silencioso que envuelve la canción en una estética visual poética, orgánica y completamente atemporal—, agrega Isaac.

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Existe una idea atribuida al historiador del arte John Ruskin que afirma que la mayor gloria de un edificio no reside en sus piedras, sino en su edad. Más allá de la precisión literal de la cita, la observación resulta útil para aproximarse a El Amparo. Sus muros no conservan valor únicamente por lo que fueron, sino por todo aquello que el tiempo no borró. Esa condición convierte el lugar en un interlocutor inesperado para una canción que insiste en el presente. Mientras la letra habla de decir aquello que no puede esperar hasta mañana, las ruinas recuerdan que incluso los espacios —incluso aquellos que parecen abandonados— continúan acumulando nuevas historias.

Musicalmente, Isaac Victoria construye una balada latin pop moderna, donde la guitarra acústica acompaña una interpretación vocal cercana. No hay grandes giros ni una búsqueda evidente de imponer dramatismo. Coincide en esa sencillez con el videoclip y con el relato de ‘Por si no hay mañana’. El resultado no depende únicamente de la canción ni exclusivamente de la dirección audiovisual; surge del encuentro entre ambas, y especialmente de la forma en que el territorio elegido transforma la lectura de una obra que podría haberse contado en cualquier otro lugar, pero que —quizás— habría significado algo distinto.

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—Buscamos que la riqueza de las texturas de la piedra, el verde de la montaña y la luz natural reflejaran la misma pureza de letra—, complementa.

Al finalizar el video permanece una sensación curiosa. No la de haber visitado una mina abandonada, no la de haber escuchado otra canción de amor. Lo que queda es la intuición de que ciertos espacios conservan la capacidad de seguir contando historias que trascienden más allá de los sucesos obligados en textos escolares.


‘Por si no hay mañana’ encuentra en El Amparo un territorio —como tantos que parecen postales del pasado— en el que el paso del tiempo no anula la posibilidad de comenzar una nueva historia.


—Es un escenario que evoca memoria y permanencia, justo como lo que busca transmitir la canción a través de su historia—, finaliza.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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