«Pensar bonito titilan tilán, mi corazón sabe titilan tilán»
‘Titilan Tilán’ – Canparaní
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Antes del rock ‘n’ roll estuvo la radio. Antes de una señora inglesa de apellido Robinson —primera canción de rock que escuché en una emisora pública—, buscaba en el dial qué escuchar cuando llegaba del colegio. En una de esas tardes tropecé en AM con Piero y una sinfonía inconclusa. Me quedé. Era un niño que en los 90 encontraba en un aparato radiofónico una conexión diferente a la que me ofrecía el televisor.
La historia de Colorín ColorRadio fue, de alguna forma, corta: murió en 2006 a sus 14 años de edad dejando, como yo, su infancia atrás; con su desaparición, la mía también quedó atrás. Sin embargo, la emisora fue la transición entre esa época en la que mi mamá me cantaba que «había una pastora larán, larán, larito, había una pastora cuidando el rebañito» y lo que la radio pública habría de proponer para enamorarme del rock ‘n’ roll en mi adolescencia con «And here’s to you, Mrs. Robinson, Jesus loves you more than you will know». Pero eso es otro cuento.
Los niños de los 90 éramos distintos a los de hoy, pero los adultos de entonces son muy parecidos a los de ahora: personas grandes que fingimos comernos el mundo sin percatarnos de que algo en nosotros ha dejado de titilar.
La voz de ‘Titilan Tilán’ es afable, contagiosa. Su ritmo nace de la carranga y acompaña la narración que propone Canparaní. Escucharla me regresó a Colorín ColorRadio, a ese niño que dejó de escucharla mucho antes de que llegara a los catorce años, a esas canciones que ahora percibo como ingenuas, pero que en su momento fueron un espacio de juego, imaginación, tarareos y enseñanzas.

Sin embargo, como pasa con otras expresiones artísticas que parecen enfocadas en un público infantil, entre líneas también nos hablan a nosotros. ‘Titilan Tilán’ lo hace de manera sencilla partiendo de esas pataletas cotidianas que repetimos cuando el cuento parece haberse acabado por la seriedad de la vida adulta.
«¿Qué ya debo levantarme si me acabé de acostar?, mejor me quedo en la cama quince minuticos más»
«¿Será que tiendo la cama? Eso mismo lo hice ayer»
Yili, Hugo y Mauricio, los tres integrantes de Canparaní, hacen de esa pataleta el lugar donde dejan su mensaje, uno positivo cantado de forma pedagógica que deja en los más chicos una semilla que, al final, también debería quedar en los más grandes.
«Para transformar mi día no lo voy a posponer, hacer lo mejor posible me ayuda a crecer. Yo soy voluntad y determinación, yo soy una chispa de la creación»

—Busca conectar con espectadores y oyentes desde la diversidad, la música con valores, el arte de contar y la participación activa, donde todos puedan ser protagonistas—, explica Canparaní.
La ingenuidad nos acompañó cuando éramos chicos y se borró con los años, como si fuera un defecto que debiera corregirse. ‘Titilan Tilán’ regresa a esos pensamientos bonitos con los que nos formaron.
«Limpiar mis pensamientos, también mi corazón conectando mi mente, palabras y acción: pensar bonito titilan tilán, mi corazón sabe titilan tilán»

—A través de nuestras canciones queremos inspirar de una manera lúdica, reflexiva, creativa y juguetona a que seamos mejores seres humanos y más felices—, agrega la agrupación.
La melodía pegajosa, las letras positivas, las onomatopeyas y otros recursos continúan acompañando infancias. Quizás el cuento no terminó cuando crecimos.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

