«Si alguna vez me pregunté cómo podría definir la inocencia, en los ojos de Ícaro hubiese encontrado la respuesta»
(Soacha, Cundinamarca, Colombia)
Por, Andrés Angulo Linares
Sobre una mesa, rodeado de cojines, protegido por el abrazo de un gran oso de peluche se encuentra descansando. Su cuerpo gordo forma una pequeña burbuja de color negro brillante. Como esa conexión que se da de manera natural, fijo mi atención en él. A medida que me acerco levanta un poco la cabeza, no me quita los ojos de encima. Si alguna vez me pregunté cómo podría definir la inocencia, en los ojos de Ícaro hubiese encontrado la respuesta.
El cuello de Ícaro aún conserva las marcas de un pasado que dejó una profunda huella en su cuerpo y en su comportamiento. Tiene dos años y sus grandes ojos amarillos no han perdido ese brillo que los hace irresistibles. Es imposible hallar maldad en ellos, pero sí es posible armar una historia en la que sufrió la crueldad de un ser humano que hizo sentir ese poder que ha puesto de manera arbitraria a una especie encima de la otra.

No estoy muy lejos de la verdad. Ícaro había sido rescatado de una prisión que lo mantuvo, junto a un perro, amarrado por alrededor de un año a un tronco clavado en el patio de una casa ubicada en un barrio de Ciudad Bolívar. Allí, al sol y al agua, recibieron una condena que no merecían.
Acaricio suavemente la cabeza de Ícaro; él, sin dejar de observarme, la inclina un poco hacia un costado. Es un gato tranquilo, también un poco retraído. Hace dos años encontró en la casa de Sandra Patricia Rondón un lugar seguro en el que está rodeado de amor y en el que su vida halló una segunda oportunidad.
Como Ícaro, detrás de cada gato rescatado por el Hogar de Paso Garritas Amorosas, se esconde una historia escrita por el maltrato, el abandono y la crueldad de un dueño infame que no fue capaz de responder de manera leal al cariño que es capaz de entregar un felino.
La historia para Mouse no es muy distinta. Siendo un cachorro de un mes de nacido fue abandonado en un parque, junto a otro gato de la misma camada. Rodeado por unos perros, los maullidos del Angora gris provocaron que Tatiana, hija de Sandra pudiera rescatarlo y así salvarle la vida. El otro felino no corrió la misma suerte, la inclemencia del frío produjo su muerte días después.

Sin saberlo, Mouse, el primer gato que recibió Sandra, se convertiría en el símbolo para lo que hoy en día –nueve años después– es un proyecto de vida en el que ella, con ayuda de su familia, ofrece una segunda oportunidad a felinos en condición de abandono.
—Vi la necesidad inminente de ayudarlos y entregar mi amor por ellos. Empecé por los más necesitados: viejitos, enfermos y gatas gestantes—. Señala Sandra.
Ubicada en Soacha, municipio aledaño a la Ciudad de Bogotá, Garritas Amorosas funciona en un apartamento de 50 metros cuadrados, el cual aloja a más de 40 gatos en espera de encontrar un hogar. Pese al espacio reducido, Sandra y Diego –su hijo de 18 años– han hecho de este un lugar apto para el cuidado de los felinos.

—Ellos no tienen espacios restringidos, más bien los tengo yo— agrega Sandra en medio de risas.
No se equivoca. Los gatos ocupan la mayor parte del apartamento, el cual está adecuado con diversos areneros, zonas de alimentación y un cuarto dispuesto para la cuarentena de los felinos recién llegados.
—Una vez llega, el gatico entra en cuarentena de dos semanas. Si requiere de servicio médico, la Veterinaria 2001 lo examina. Si en el momento no cuento con dinero, allí me fían. ¡Gato que entra, gato que se esteriliza! —Explica.
Una vez el felino se encuentra para ser dado en adopción, se le toman fotografías, se narra su historia en un video y se publica en las redes sociales del hogar de paso. Las personas interesadas en recibirlo, deben comprobar que serán aptas para su cuidado.

—Elpostulante interesado deber cumplir con estos requisitos: enviar un video mostrando el qué lugar vive (es importante que la persona aparezca en el); contarnos por qué desea adoptar a un gato; llenar un formulario y realizar una donación representada en un bulto de comida o en el patrocinio de una esterilización. —Explica y agrega—. Nosotros mandamos fotos del gato esterilizado.
El amor por los gatos siempre ha estado con Sandra. Es un sentimiento que aunque no logra explicar con palabras, se manifiesta a través de su mirada y de manera evidente a través del hogar de paso que preside. Sentimiento que le ha permitido buscar diferentes formas los recursos que necesita para que a sus gaticos –sus hijos peludos– no les falte nada.
—La Veterinaria 2001 me colabora bastante. Nos ayudamos por medio de donaciones económicas, de comida o arena. También, a través de rifas. Siempre comprobamos que los recursos obtenidos son usados en el bienestar de los gatos del hogar de paso—. Señala.
El espacio tampoco es impedimento, siempre habrá un lugar para un gato que lo necesite. De acuerdo son Sandra, la pandemia disparó el abandono de estos animales lo que provocó que el año anterior el hogar de paso recibiera 70 felinos rescatados.
—Llovió tanta comida para ellos y para mí. Mis animalitos me alimentaron. Di muchos en adopción. Hay gente que maltrata, pero es mucho más la que ayuda —explica.
Los gatos del hogar de paso comparten espacio con Lala, una perrita criolla de cinco años de edad, y Vela, su cría de tres. Ambas fueron rescatadas por Sandra y hoy en días son dos colaboradas abnegadas con las que puede contar.
—Vela se encarga de la seguridad, su temperamento calmado es vital en los rescates. Cuando las gatitos se meten en espacios reducidos, ella les cierra el paso, lo que me permite rescatarlos.

El encanto de los gatos es proporcional al misterio que esconden. A diferencia de los perros, conservan una independencia que los hace ver como seres voluntariosos y rebeldes; sin embargo, una vez hacen conexión con una persona, son capaces de brindar tanto amor como aquel que entrega un canino.
Detrás de ese misterio se han tejido mitos –bastante absurdos– sobre los gatos. Mentiras que sin fundamento han contribuido a que sean víctimas de maltrato o de abandono.
Para Sandra, el amor que siente por los gatos se manifiesta en todo momento. A ellos se ha entregado de manera incondicional y, cómo ella misma afirma: «Los gatos son medicinales. Yo era asmática y el compartir con ellos mejoró mucho mi salud».
—El día que me vaya de este aspecto terrenal, que no me lleven flores, que mejor lleven comida y arena para mis gaticos—. Finaliza.
El Hogar de Paso Garritas Amorosas hace unos días trasladó su sede a Villa Mayor, en la ciudad de Bogotá.