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Inmigrantes Cósmicos en ‘Aterrizaje en vivo desde Villa Corona’: entre el pulso del rock y otros géneros foráneos


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


El 14 de febrero de 1990, cuando la sonda Voyager 1 se encontraba a unos 6.000 millones de kilómetros del Sol, giró sus cámaras hacia el lugar del que había partido. En una de las imágenes, nuestro planeta quedó reducido a un punto pálido suspendido en un rayo de luz. Desde aquella distancia, las fronteras, las ciudades y los conflictos que ocupan nuestra existencia perdían sus dimensiones habituales. Todo lo que conocemos cabía en una fracción casi imperceptible de la fotografía.

Somos foráneos en una inmensidad ante la que resultamos insignificantes, un cosmos que no nos reconoce como quisiéramos. Somos nosotros quienes creemos ocupar un lugar relevante en el universo, aunque apenas conocemos una parte de él y seguimos especulando sobre aquello que intentamos explorar.

Inmigrantes Cósmicos (3)

En cierta forma, somos inmigrantes que ocupamos una casa en arriendo mientras seguimos preguntándonos cómo llegamos aquí. Cuando intentamos comprender nuestro lugar, también reconocemos que somos seres cósmicos movidos por las pasiones, el dolor y el amor.

«Sea en la luna o sea en Marte, yo solo quiero amarte», canta Inmigrantes Cósmicos en ‘Solo eres tú’, una de las canciones de ‘Aterrizaje en vivo desde Villa Corona’. Antes de entrar en materia, la agrupación mexicana nos prepara para el viaje con un fragmento de una comunicación entre una nave espacial y su centro de control. Después, el deseo amoroso toma el lugar central: el protagonista podría imaginarse en otros mundos, pero lo que quiere es estar junto a la persona que ama.

La mezcla de géneros que confluyen en la canción también nos permite pensar en las identidades diversas que pueden encontrarse durante un éxodo. En este caso, unos inmigrantes unidos por la música encuentran un territorio común entre la estática de radio y la calidez del rock, donde el amor aparece como refugio frente a la inmensidad.


El amor también atraviesa ‘High With Her’, la cuarta canción del álbum. Con una marcada presencia de los vientos y la influencia del rock, la agrupación expresa sin reservas el sentir de quien está enamorado. Los arreglos aportan otra textura a esa declaración, mientras la interpretación en directo permite apreciar el papel de los instrumentos dentro del sonido colectivo.

Los efectos sonoros que aparecen en distintas canciones —pulsaciones electrónicas e interferencias que remiten a comunicaciones interestelares— nos sitúan en ese cosmos inquietante e inmenso. En contraste, las relaciones humanas, la sensibilidad y la fragilidad de quienes lo habitan nos devuelven a una escala más cercana. El viaje espacial convive así con las experiencias cotidianas que inspiran las composiciones de la banda.

‘Foyager’, una de las canciones que Inmigrantes Cósmicos eligió para impulsar el álbum, recoge distintas influencias musicales. El funk toma el protagonismo, acompañado por otros ritmos alternativos, una base rítmica marcada y los vientos que caracterizan la propuesta de la agrupación.


Sospechamos que ‘Foyager’ es un guiño a Voyager, la sonda espacial que captó aquella imagen de la Tierra como una partícula minúscula en medio de la inmensidad. La canción también recoge esa idea de exploración y de avanzar por rutas propias, incluso a contracorriente de las tendencias predominantes. Quizá el viaje de estos inmigrantes cósmicos consista precisamente en eso: encontrar su propio rumbo sin olvidar de dónde partieron.

Nuestro bonus en esta reseña es ‘Sin Reflejo’, la octava canción de ‘Aterrizaje en vivo desde Villa Corona’. Rápida y arraigada en el rock en español, amplía el recorrido sonoro del álbum. El amor vuelve a ocupar un lugar central, y quisiéramos pensar que, en medio de un universo tan vasto, también hay espacio para ese sentimiento.


*Reseña escrita en Ibagué Ciudad Rock XXV


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo: complejo y trascendental, sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador; a la segunda, con un talento negado para ejecutarla, como espectador.

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