¡Llegó la hora de las parceras!

«Nadie te obliga a abortar, la ley te dice que tú decides si seguir o no con tu embarazo. »

Por, Laura Cala Mejía

«¡Es ley! ¡Es ley!», gritaban unas compañeras afuera del recinto de la Corte Constitucional, otras veíamos las transmisiones en vivo y compartíamos la noticia en redes sociales o por llamadas telefónicas. Con una votación 5 a favor y 4 en contra, se despenalizaba el aborto hasta la semana 24 en Colombia.

Lloramos de alegría, saltamos de emoción, y entre miles de historias que existen sobre el aborto (un procedimiento realizado en clínicas clandestinas, otros de forma casera y acompañado con yerbas de las abuelas, con medicamentos y otros tantos, han terminado en la muerte). Pensé en la historia de Ximena, una joven de 21 años, que inició a experimentar con su cuerpo, a permitirse sentir el placer del sexo sin culpa. Ella sabía la importancia de cuidarse no solamente para evitar un embarazo, sino también, para prevenir alguna enfermedad de transmisión sexual.

En esos ires y venires de la vida, Ximena se involucró sexualmente con Ernesto. Desde el inicio, ella siempre había asumido toda la responsabilidad de la anti-concepción. Él solo preguntaba si ella se había tomaba la pastilla o no, a sabiendas que él mantenía relaciones sexuales con su pareja actual y que eso podía acarrearle algún daño a Ximena.

Ximena estuvo en múltiples ocasiones con él, al parecer no había ni la más mínima posibilidad de un embarazo, porque tomaba su pastilla sin falta. Un día, decidió cambiar el método de planificación, porque las pastillas le estaban sentando muy mal a su organismo, tenía granos en la cara, su período menstrual había cambiado y subió de peso, así que empezó a inyectarse mensualmente, porque él se negaba a utilizar condón, aduciendo «incomodidad» y «que disfrutaba menos». Ximena se cuestionaba mucho si deseaba continuar o no con estos encuentros, pero Ernesto, muy sagazmente, la manipulaba para que estuviera «tranquila» y bajo su control por unos meses más.

La EPS de Ximena todavía no le había autorizado la renovación de su orden para su inyección mensual, así que le dio un condón a él. Pese a su molestia, había accedido a usarlo.

Pasaron los días y en una aparente tranquilidad, Ximena notó que su período no había llegado en cinco semanas, las cuentas no daban y entró en una profunda angustia. Decidió hacerse la prueba de sangre y el resultado era positivo: estaba embarazada. 

Salió del lugar y en medio de su desorientación, un carro estuvo a punto de arrollarla, solo el sonido del pito y un madrazo la despertaron. Aún Ximena se toca el pecho al relatar lo sucedido.

Venía la decisión más dura: continuar o no con el embarazo. Respiró profundo, lo llamó y le contó la necesidad de hablar urgentemente. Lograron encontrarse esa misma tarde, empezaron a conversar, él estaba muy incrédulo. Lo primero que dijo fue: «¿Cómo pasó si nos cuidamos? ¿Qué va a decir su familia?». Ximena empezó a sentirse mal y abrumada por sus preguntas porque recaía toda la responsabilidad sobre ella. Apenas tartamudeaba, mientras que Ernesto afirmaba: «yo no voy a tener más hijos, no sé qué le voy a decir a mi esposa». Sin mediar más palabra, la obligaría a interrumpir el embarazo. Rápidamente la llevó a un lugar para realizarle la ecografía y ahí mismo le ofrecieron una «clínica» para practicarle el aborto. 

Pasó una hora. En medio del desconcierto y la angustia, Ximena ya estaba preparada en una camilla, abrió sus piernas, le pidieron que respirará profundo, le practicaron una aspiración manual endouterina, ella sintió un dolor bajito acompañado por un mareo intenso. Posteriormente, le darían una orden con medicamentos.

Ernesto la dejó en su casa y empezaría la noche más larga en la vida de Ximena: sufrió una hemorragia incesante y esto provocó la debilidad en su cuerpo, la misma que no le permitió pararse; solo se arrastraba por el piso para intentar llegar a su baño y tratar de detener la hemorragia, pero fue imposible, así que regresó a su cuarto y puso la mayor cantidad de tela que pudo debajo de su vagina para absorber el sangrado. Describe que esa noche sintió que se moría y hay una cantidad de sensaciones que aún no puede verbalizar a pesar de los años que han transcurrido…

En la mañana fue tal la debilidad que se desplomó en la ducha y se reventó el labio superior de su boca; sintió hormigueo en todo su cuerpo, pero saco fuerzas para ponerse la ropa y salir a la universidad, no tuvo tiempo de para. Ese mismo día, Ernesto la llamó para conocer su estado de salud, ella le contestó tajantemente, con mucha rabia y desespero, le dejó claro que no quería volver a saber de él, pero descaradamente le insistía que dejarán pasar eso y que siguieran encontrándose, que «solo había sido un mal paso». Claro, maldito Ernesto, siempre manipulando las situaciones a su acomodo.

Ximena estaba herida, rota en pedazos, apenas podía hablar de lo sucedido, manifiesta que, si no hubiese sido por el apoyo y la escucha de sus amigas y amigos, no podría contar su historia.

Lo anterior, es una narración viva por las Ximenas, Camilas, Marcelas, Danielas, Valentinas, Catalinas, Marías y otras personas gestantes que no sobrevivieron; que fue tal la hemorragia que sus cuerpos no resistieron; que la sociedad siempre las condenó por ser ‘homicidas’, cuando ni era su deseo, ni podían tener a un bebé en condiciones dignas, porque han romantizado tanto la maternidad que olvidan las ojeras, el cansancio, la exigencia que recae de manera más fuerte sobre nosotras. 

Quienes han salido en videos, hablan desde su lugar de privilegio y enunciación, muy ligadas también a su moral religiosa (y esta sí que nos ha tallado a las mujeres), porque alegan que solo Dios puede quitar la vida, ¿Pero la vida a qué costo?

Cabe resaltar el caso argentino, donde el aborto se despenalizó hasta la semana 14: «Aunque aún no hay cifras exactas, se puede decir que se ha duplicado el número de consultas sobre el aborto», dice Damián Levy, ginecólogo y obstetra, desde Buenos Aires a DW. «Pero debe pasar un tiempo para ver si eso se sostiene». Indica y agrega. «Los llamados son, en gran parte, para saber si en un consultorio u hospital se garantiza la práctica del aborto, pero de ahí a que en todos los casos se llegue a practicarlo, es otro tema». Él atiende en el Hospital Álvarez de la Ciudad de Buenos Aires y en su consultorio; también forma parte del Centro Integral de Salud Sexual y Reproductiva y de la Red de Acceso al Aborto Seguro de Argentina (REDAAS).

Pero lo que resalta Damián Levy es que el contacto que establecen las mujeres al consultar sobre un aborto ha cambiado: ya no está marcado por el miedo. «Eso significa que esta ley, esta política de salud pública, disminuye la estigmatización que siempre rodeó al aborto», explica. Además de «tranquilizar y empoderar a las mujeres».

Nadie te obliga a abortar, la ley te dice que tú decides si seguir o no con tu embarazo. 

¡No quiero que me sigan evangelizando la existencia!

Fuente: https://www.dw.com/es/argentina-y-el-aborto-legal-el-miedo-a-la-estigmatizaci%C3%B3n-desaparece/a-56662256

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *