« Quiero que ‘Sense of Reality’ sea una obra que se pueda bailar y también pensar: emoción en el cuerpo y preguntas en la mente»
Carolina Castilla – ‘Sense of Reality’ Capítulo 1
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Decenas de hombres de torso desnudo saltan y bailan a su alrededor. Ha sido aceptado como uno más en un ritual de movimientos libres, de sensaciones que se sincronizan con las pulsaciones de la música electrónica. Como él, llevan una serpiente metálica alrededor del cuello. La legión le ha dado la bienvenida.

El trance lo arrastra a otros escenarios: a un centro nocturno donde todos —hombres y mujeres— visten de traje y portan la serpiente que los identifica como miembros de la legión; a un parqueadero desocupado donde está solo, enfrentándose a un espacio vacío en el que se contorsiona y baila, al tiempo que la víbora aprieta su garganta; a ese piso de madera en el que se ha rendido ante el nido de reptiles plateados que se deslizan sobre su torso: otro tipo de ritual que lo iguala a los demás.

Una mujer luce un headdress de cuernos exuberantes. Sentada sobre su gran trono y vestida con un largo atuendo, permanece indiferente ante los hombres que le rinden tributo a través de la danza. Las serpientes metálicas se deslizan con libertad sobre los pies descalzos de los bailarines.

Si en los cuatro fragmentos del primer capítulo de ‘Sense of Reality’ su creadora nos mostraba una ciudad de datos y algoritmos, en el video que abre la segunda parte nos lleva a adentrarnos en algún espacio nocturno de esa urbe futurista para explorar, acompañados de pulsaciones y beats electrónicos, el interior de esos ciudadanos que danzan, quizás sin darse cuenta, en medio de la dualidad de sentirse libres o ser presas de una programación que controla su conducta.
«Are you becoming more free — or more programmable?» («¿Te estás volviendo más libre… o más programable?»), leemos en la descripción del video ‘Personalized AI’, el primer refugio que Love My Robot nos entrega para adentrarnos en la segunda parte de ‘Sense of Reality’.
—Después de casi veinte años moviéndome entre tecnología, música, startups, inversionistas, artistas, conferencias e ideas imposibles, estoy entendiendo algo simple y poderoso: este es mi llamado—, menciona Carolina Castilla (+), cerebro y artífice de Love My Robot (+).
Ese llamado parece surgir de la intersección de dos mundos que Castilla conoce desde adentro. La música electrónica es el lenguaje con el que construye Love My Robot; la tecnología, un territorio que atraviesa buena parte de su trayectoria profesional. Ingeniera de machine learning (+), inversionista y emprendedora, su relación con la inteligencia artificial excede la curiosidad de quien observa desde afuera aquello que comienza a transformar la sociedad.
Esa cercanía resulta fundamental para entender ‘Sense of Reality’. La primera parte nos había dejado frente a la infraestructura: datos, cómputo, redes, sensores y modelos; ahora la cámara atraviesa esa superficie para buscar las consecuencias en el individuo. El segundo capítulo, ‘The Human-Machine Interface — Where Minds & Machines Converge’, cambia la escala de observación: cognición, memoria, personalización y superinteligencia conforman una frontera psicológica y emocional en la que la máquina comienza a aprender aquello que pensamos, recordamos y deseamos.

‘Personalized AI’, el primer refugio —o escape— de esa Algorithm City que Love My Robot nos invitó a explorar en el capítulo anterior. ‘Thinking Archetype’ abre la relación —y el enfrentamiento— entre la emoción y la computación; entre la intuición y la lógica, el sesgo y el reconocimiento de patrones, para preguntarnos si una inteligencia artificial puede modelar nuestra forma de pensar sin comprender por qué sentimos.
Después de la cognición, la memoria y la personalización, ‘Super Intelligence’ lleva el relato más allá del individuo. La posibilidad de sistemas capaces de superar la capacidad cognitiva humana desplaza la pregunta hacia la responsabilidad de nuestra especie frente a aquello que está construyendo.
El problema, según plantea Castilla, deja de ser únicamente cuánto puede crecer la inteligencia de las máquinas para preguntarse si la humanidad será suficientemente consciente para guiarlas. Así, el segundo capítulo avanza desde una máquina capaz de modelar nuestra forma de pensar sin necesariamente comprender por qué sentimos hasta otra cuya capacidad podría terminar excediendo la nuestra.

Mientras el protagonista de ‘Personalized AI’ cae en un vacío oscuro, la serpiente abre sus fauces. Quizás, mientras recorríamos las calles de aquella ciudad de datos y algoritmos, el reptil ya se deslizaba sin que nos diéramos cuenta.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

