«Un grito en soledad / Cruel es mi realidad / Pronto me dominarán / Mi alma se apagará»
‘Maremágnum’ (Sueños de un Tulpa)
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Sus dedos se extienden sobre el piso de madera. Apoyada sobre su mano derecha, avanza en una postura que le fue natural en sus primeros años. Sus ojos permanecen fijos mientras algo la hace sonreír antes de que su rostro choque contra el piso, antes de ser arrastrada hasta desaparecer.
Una cruz cuelga del cuello de una mujer desesperada que aprieta un rosario con sus manos y se aferra a una fe que no es suficiente para contener lo sobrenatural ni útil para consolarla.

Platos que se rompen cuyos pedazos se esparcen por una cocina deteriorada. Sillas viejas de madera que se sacuden de forma violenta, las manecillas de un reloj antiguo que giran descontroladas, lámparas que estallan, documentos que son arrastrados en la biblioteca por un remolino, una mujer vieja que levita en una habitación, criaturas amorfas que atraviesan el umbral sin revelarnos sus intenciones: secuencias fragmentadas que nos dejan expuestos a la vulnerabilidad e indefensos a fuerzas que desconocemos.
La anciana, «inerme sin voluntad», perdida en un maremagno de entidades que la atormenta sin que sepamos en qué momento la realidad se convierte en ficción, sin que sepamos cómo enfrentarnos a entidades que nos superan.

‘Maremágnum’ es una obra en la que cada una de sus piezas desarrolla un mismo concepto: la fragilidad humana y su impotencia ante aquello que no entendemos.
—Utilizo la figura de la posesión como una metáfora existencial—, comenta Jhon González Amortegui, director de Sueños de un Tulpa (+).

La agrupación colombiana nos ha venido acostumbrando a que sus canciones trasciendan de lo conceptual hacia la condición humana, usando el horror y el thriller como lenguajes que nos enfrentan a escenarios donde estamos desprotegidos.
—Busco que la canción funcione como una entidad sonora que cobra vida propia—, señala el músico.
‘Malleus Maleficarum’ usa la brujería para hablarnos de la deshumanización y de las atrocidades de las que hemos sido capaces cuando el miedo sustituye a la razón.
En ‘Segundo acto’ un ritual fallido conversa con nosotros sobre la impotencia ante la muerte.
—Al igual que sucedió con ‘Segundo Acto’, mi intención con este lanzamiento no es entregar una moraleja ni una enseñanza—, explica.
En ‘Maremágnum’ una legión [1] somete a una anciana para desnudar nuestra insignificancia ante fenómenos que no podemos explicar.
—Habla de ese instante exacto en el que contemplamos con horror cómo dejamos de ser nosotros mismos—, agrega.

Afirmación que vemos explícita en el video cuando la mujer mayor sobrelleva su cotidianidad, cuando observamos su desespero y cuando desaparece de la pantalla; cuando somos testigos de un temor más fuerte —y real— que la incertidumbre ante lo desconocido: llegar a viejos solos.
«Un grito en soledad / Cruel es mi realidad / Pronto me dominarán / Mi alma se apagará»
La tensión existencial que propone ‘Maremágnum’ se desarrolla por completo cuando escuchamos la progresión de su sonido: un encuentro entre el rock, lo gótico y la voz de Juli Guilleron. Es una pieza musical conceptual que funciona como soundtrack del video, pero también como elemento separado que transmite la angustia de la protagonista.
En el video las olas del mar golpean las paredes del acantilado en el anochecer, y una anciana cansada observa el océano desde la cima. La inevitabilidad de la muerte puede ser también la única salida.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.
[1] El concepto de Legión proviene del relato de exorcismo en los evangelios sinópticos (Marcos 5:9; Lucas 8:30). En el análisis histórico-crítico del Nuevo Testamento, el término trasciende la demonología tradicional: el uso de la palabra latina legio (unidad militar romana de unos 6,000 soldados) funciona como una metáfora sociopolítica y psicológica del trauma colonial

