«Perdóname por no ser suficiente para ti»
‘Perdóname’ — Pixiee Blossom
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Al final solo estaba ella, esperando a descubrirse a sí misma. Su sonrisa no nació, como al principio, de la ilusión, sino la tranquilidad no aceptar la realidad, de saber que hizo lo que pudo. A veces, la única manera de cerrar una historia es aceptar que se extravió entre los conflictos, las promesas incumplidas y esa necesidad de encontrar en alguien más una respuesta sobre nuestro propio valor.
Las horas pasan y ella sigue recordando sus labios, los abrazos y lo que alguna vez creyó posible. Se pregunta si su orgullo lo dejó partir, si no fue suficiente para él, si debía ser esa princesa perfecta que nunca consiguió ser. Todavía quisiera encontrarlo de nuevo, pero sabe que tendrá que dejarlo ir. En ‘Perdóname’, la despedida no borra el deseo de volver ni las preguntas sobre lo que pudo haber sido. Solo queda aceptar que, a veces, dejar partir a alguien no significa haber dejado de quererlo.
Detrás de Pixiee Blossom está Alejandra Burgos, artista panameña-mexicana que comenzó a desarrollar su proyecto solista en 2020, después de presentarse durante años como Ale Burgs. Cantante, compositora y actriz, Burgos encontró en esta identidad un espacio para expresarse con mayor libertad y mostrar aspectos de sí misma que antes le costaba compartir. Esa búsqueda personal atraviesa ‘Amor’, trabajo compuesto por cuatro canciones en las que convierte experiencias sentimentales en un mismo número de historias que recorren distintas etapas de una relación.

Antes de la ausencia estuvo la sonrisa. Bastaba tenerlo cerca para que el mundo cambiara de ritmo, su risa se volviera medicina y cualquier gesto alimentara la ilusión de estar enamorándose. Ella no lo había planeado; incluso le pidió a un dios alado que no usara sus flechas. En ‘Smile’, todavía puede disfrutar de la alegría de enamorarse.
El concepto de ‘Amor’ se construye a partir de ese tránsito entre la ilusión y la despedida. Pixiee Blossom ha explicado que cada canción representa una etapa emocional significativa de sus propias vivencias. La intención no es presentar una historia sentimental idealizada, sino reconocer los cambios que ocurren cuando el enamoramiento cede ante la decepción, el desgaste y la necesidad de volver a mirarse a sí misma.
El príncipe azul también sabía mentir. Él conoció sus paseos por el parque, las flores, las palabras precisas para hacerla sentir especial. Aprendió los gestos de memoria y supo cuándo utilizarlos. Ella creyó que eran señales de un afecto reservado para los dos.

La decepción tiene algo de vergüenza: obliga a mirar hacia atrás y preguntarse en qué momento se confundieron las señales, cuántas veces se defendió lo indefendible, cuántas mentiras se vistieron de romanticismo. Ella había imaginado un príncipe; ahora veía a un hombre que repetía el mismo espectáculo ante cada mujer que creyó, como ella, asistía a una función exclusiva.
En ‘Game Over (Príncipe)’, la protagonista deja de concederle ese privilegio. Se marcha de su reino y aprende a nombrar lo que ocurrió sin disfrazarlo de destino. Si él convirtió el amor en un juego, ella no está obligada a permanecer en la partida.
«Game over, se acabó tu show»
La nostalgia del pop de los años 2000 también forma parte de la identidad de este EP. Con ‘Amor’, la artista recupera elementos de una época que marcó su adolescencia y los relaciona con su propia historia. Su apuesta se inscribe, además, en el interés por visibilizar el pop panameño y mostrar la diversidad de propuestas musicales que surgen en su país.

En ‘Pa’ Qué’, marcharse no necesariamente significa escapar. Ella sabe que él se entrega a otra mujer y que las promesas no cambiarán el desenlace, pero todavía lo mira de frente y desea dejar de quererlo. Aun así, no consigue arrancarse lo que siente, debatiéndose entre la dualidad de la realidad y la ilusión que se niega a aceptarla.
Las cuatro canciones de ‘Amor’ trazan el recorrido de una mujer —el reflejo de cualquier individuo roto— que primero cree en su príncipe, que luego descubre el engaño, que intenta desprenderse de él y termina enfrentada a su propia culpa. No hay una transformación perfecta ni una promesa de que el dolor desaparezca. Queda, en cambio, la posibilidad de no dejar en manos de las expectativa el valor propio.
Tal vez ella, la protagonista, recuerde esa historia, tal vez una parte de sí misma siga esperando que el mundo los reúna; pero ya no necesita quedarse: una historia puede terminar sin que todas las preguntas encuentren una respuesta.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

