«Vamo’ a la montaña a celebrar el grito. De camino a Lares cantan los hijos de Puerto Rico»
‘23 de septiembre’ (Los Inconformes)
Por: Olugna
Cuando todo terminó, Lares volvió a ser un pueblo ocupado. Los líderes de la insurrección fueron capturados, juzgados y encarcelados; algunos recibieron condenas de muerte que nunca se ejecutaron gracias a una amnistía decretada meses después por el gobierno español. El intento independentista había sido sofocado en menos de un día. La independencia no se concretó, el cambio se fue con el amanecer. Solo quedó la breve crónica de una derrota rápida y anunciada.
«Vamo’ a la montaña a celebrar el grito»
‘23 de septiembre’

Horas antes, sin embargo, para la memoria histórica, Lares había sido escenario de una ruptura inédita. La noche del 23 de septiembre de 1868, un grupo de insurrectos armados tomó el cuartel, ocupó el ayuntamiento, izó una bandera distinta y proclamó la República de Puerto Rico. Fue un acto breve, mal armado y sin posibilidad real de sostenerse, pero suficiente para dejar una grieta abierta en la historia de la isla: por primera vez, la independencia no era solo una idea, sino un hecho posible, aunque solo durara unas horas.
«De camino a Lares cantan los hijos de Puerto Rico»
‘23 de septiembre’
En el municipio, la fecha sigue marcando el calendario y con ella la conmemoración de un levantamiento que marcaría el imaginario independentista puertorriqueño en las décadas posteriores. Las calles se llenan de gente, hay música en distintos puntos del pueblo, desfiles que avanzan sin prisa y encuentros que se alargan entre sonidos caribeños y conversaciones. La celebración funciona como un ejercicio vivo de memoria colectiva que se repite año tras año y mantiene activa la relación del pueblo con su historia.

‘23 de septiembre’, de Los Inconformes, recoge ese tránsito entre historia y presente sin convertirlo en consigna ni en relato épico. La canción avanza como lo hace la celebración misma: desde el camino hacia Lares, entre amigos, bares y ritmos que se van sumando, hasta desembocar en un espacio de canto y baile. El ska y la plena operan aquí como lenguajes populares que conectan con la memoria a través del ritmo.
Los Inconformes no se acerca a esta fecha desde la distancia ni desde el archivo. ‘23 de septiembre’ es el relanzamiento de una canción que la banda ya venía tocando en vivo, una pieza que existía antes de llegar a las plataformas y que ahora encuentra un lugar dentro de su propio recorrido. La decisión de volver sobre ella no responde a la coyuntura ni a la efeméride, sino a la necesidad de fijar una canción que ha acompañado a la banda en tarimas y celebraciones, y que hoy se presenta con una forma más definida.
En lo musical, el tema sostiene un cruce claro entre ska y plena, dos lenguajes que comparten una relación directa con la calle, el cuerpo y la celebración colectiva.
La letra, por su parte, acompaña y refuerza esa idea de trayecto. No se instala en el hecho histórico, sino en el camino hacia él: subir la cuesta, caminar entre bares, escuchar el rumbón que crece, reunirse con otros. El Grito de Lares aparece como referencia, pero la voz que canta está situada en el presente, en el cuerpo que se cansa, que bebe, que baila y que grita acompañado. La historia se reconoce desde la experiencia cotidiana.
«Que suene el rumbón, que el cuerpo aguante»
‘23 de septiembre’
Dentro del recorrido de Los Inconformes, ‘23 de septiembre’ conversa con esa idea de persistencia que ha definía a la banda desde su formación. Es una canción que refuerza su vínculo con lo popular, con el territorio y con una forma de entender la música como espacio de encuentro.
En ese sentido, el relanzamiento funciona menos como un punto de llegada y más como una afirmación de camino: seguir tocando, seguir caminando, seguir gritando cada 23 de septiembre.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador

