«Que no sepan la verdad, no significa que sí fue»
‘Rabo de Paja’ (Animal de Monte)
Por: Aureliano
Llegué a este antro —revista en su forma más sofisticada— para hablar de política, dizque para dejar la semilla del pensamiento crítico en ese platanal —patria en su concepción más puritana—, pero me pudo más la frustración de ser un payaso más de ese circo al que llamamos sociedad y que yo tanto critiqué porque, al igual que ustedes, no puedo tirar la primera piedra ni mucho menos estoy libre de pecado.
Ahora, estos arremuescos me sacan de la tienda donde me la paso hablando de política, sentado en un bulto de papas con un petaco de cerveza al frente, dizque para hablar de música. ¡De música para chinos! Hágame el favor, ¿hasta dónde hemos llegado? Pero, bueno, cuando toca, toca. Mi nombre es Aureliano y, aunque mi apariencia indique lo contrario: no, no estoy pintado y sí, sí me baño, majaderos.

El proyecto se llama Animal de Monte. «Muy bonita forma de presentarse». Así decía mi abuela cuando me estaba vaciando, justo antes de gritarme: «entre más estudia más bruto se vuelve». Vieja berraca, cuánto la extraño. Víctor Agudelo, el creador de la agrupación, decidió salir de su cueva para hacerse escuchar a través de sus aullidos artísticos.
De esta manera, destapo ‘Rabo de Paja’, el primer aullido de Animal de Monte que forma parte de su disco homónimo debut. No necesito ser un genio para saber que la canción nos va a cachetear y confío en que así sea, para ver si a las malas entendemos lo que a las buenas no pudimos.

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando reproduzco el video: no me imagino a mis 60 años saliendo con una bata abierta para que la gente vea que uso calzoncillos Calvin Klein. Eso sería ridículo y vergonzoso. «Vaya desfachatez», diría mi abuela, pero «de todo se ve en la villa del señor».
Ahora entiendo por qué fui llamado a escribir esta reseña. Claro, perfectamente ese viejo entrapado con el que abre el video podría ser yo en diez años. Solo espero que las orejas no me sigan creciendo.

Huraño y sin muelas, Don Hipócrito, el presentador del video, tiene el acento tierno de todo anciano. Sus formas no son las mejores ni las más elegantes, pero sus palabras son sabias: «¡Y raje, raje del otro, que pa’ eso vino al mundo, carajo!».
Bueno, esta gente buscó la forma más pasivo-agresiva de jalarnos las orejas: a través del sonido sabrosón del ska —con cositas de cumbia—, de la teatralidad clown y de una letra cortica que en ocho líneas nos dice mentirosos, indiferentes, hipócritas, chismosos y prejuiciosos. Carajo, el inquilinato colombiano retratado desde la simpleza.
El video de ‘Rabo de Paja’ se pasea por diversos escenarios: el patio donde aparece el exhibicionista de Don Hipócrito, el potrero que muestra a los músicos enmascarados tocando sus instrumentos, hasta llegar a una casa típica de los barrios populares; de gran tamaño, con un lavadero gigante de concreto y una cocina que, desde la entrada, sabemos que hambre no vamos a aguantar.
‘Rabo de Paja’ es divertida, irónica y tiene su dosis adecuada de veneno: «Todos hablan de moral, y con ganas de pecar. El que peca es inmoral, y el que no, doble moral».
De la imagen de un viejo en calzoncillos pasamos a la de un therian con cola de zorro y a la de otro disfrazado de abejita que quiere ser artista. «En mis tiempos no era así», diría mi abuela. Claro, vieja, no era así porque en sus tiempos al que quisiera seguir el camino del arte lo levantaban a palo. Pero la ropa sucia se lava en casa, sumercé, me enseñó.
Pero las apariencias engañan. No me esperé la historia que guardaba ‘Abejita Diabética’ detrás de la teatralidad, de la melodía pegajosa y de su metáfora; no me esperé que fuera un homenaje a la hermana de Víctor, a su perseverancia y a la terquedad que le permitió trascender sobre su enfermedad. Un retrato inspirador y un sacudón para seguir adelante, aun cuando sobre la espalda se cargue una cruz. Todos cargamos con una, pero muchos se aferran a ella para no caminar.
—Mi hermana es diabética y trabaja con miel. La canción cuenta la historia de ella cuando era pequeña, cuando estudió en la universidad pública —explica el músico—. Mi hermano y yo éramos los zánganos.
En dos canciones opuestas, atravesadas por el teatro, la ironía y el humor, Animal de Monte se da el lujo de reflexionar. Algo que, como sociedad, aún no se nos da, porque muchas veces preferimos la rabia o el chiste fácil para enfrentar la carencia colectiva o distraernos de la realidad.
Que su puesta en escena no nos engañe. La agrupación, formada en 2021, ha creado un universo creativo con fundamento, en el que Don Hipócrito y Abejita Diabética son apenas dos de sus protagonistas. Pero ya es cuestión suya acercarse a Zangui y Nario, los demás personajes, para dejarse sacudir con las historias contadas en ‘La balsa e’ huesos’, ‘Igualitas, pero no se parecen’, ‘Eso pega’, ‘Puro cuento’, ‘Vestido blanco’, ‘Escucho algo’, ‘Tengo derecho’, ‘Yellow Donkey’ y ‘Animal de Monte’, la canción que da nombre al disco.
Supongo que ahora es mi turno de regresar al exilio y seguir mirando la realidad detrás de un petaco.
Sobre Aureliano
Yo soy un adulto de mediana edad (¡Vaya payasada!), ya estoy cucho y estoy más cerca de la salida que de la entrada. Sin embargo, acepté la invitación de estos disidentes porque, aún con el pesimismo que me acompaña desde hace mucho, siento que algo se puede hacer.
Trataré de emborracharme menos para compartir algo de mi visión de país con ustedes. Entre todos, por qué no, podemos construir escenarios de discusión en el que nos encontremos en el diálogo sin necesidad de matarnos por pensar diferente, o por defender a alguno de esos rufianes que se disputan el poder.
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