«A menudo pienso que la noche es más viva y rica en colores que el día»
Vincent Willem van Gogh
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Era un lugar detenido en el tiempo. Parecía una vieja Habana que había arrendado un local frente al parque de Bosa. Canterville fue para nosotros —aquellos que coincidíamos en él sin conocernos— una estación obligada de camino a casa o un escape de ella. Dependía del día de la semana. Después de la muerte de su dueño, el bar no aguantó mucho. Ahora, una papelería ocupa su lugar.
En las reminiscencias que aún persisten en mi cabeza solo quedan el olor a tabaco, las añoranzas de una revolución perdida y los intentos de tocar el amor así fuera por una noche. De vez en cuando regreso a él para sentarme en la barra a fumarme un par de cigarrillos. Es un recuerdo que no clausura y que sabe activarse con una canción o, en este caso, con el ciprés en la pintura de van Gogh.
«Prendí la nave imaginación: cerrar los ojos y al abrirlos en la noche estrellada de van Gogh, te imagino, lloro y sonrío»
‘En mis Reminiscencias’ (DeyCube)
La ausencia del golpe repetitivo del bombo y de las estridencias resalta la fuerza de la guitarra —invitada de facto en tertulias poéticas— en diez canciones que hablan de las mismas cosas que buscaba encontrar —o de las que intentaba huir— en Canterville. Sea cual sea la excusa, ’21.2 Acústico’ es bohemio y, en mi caso, un motivo para abrir los recuerdos de un bar joven con alma de viejo que ya no existe.

El ciprés se siente a lo largo de todo el álbum entre lo que escuchamos, pero también entre aquello que no. Desde lo que simboliza hasta su presencia en La noche estrellada, el árbol difícilmente pasa desapercibido.
Eso encontré en DeyCube: el ciprés en la ventana. ’21.2 Acústico’, un álbum que reúne 10 canciones que giran alrededor de referencias —algunas discretas, otras muy directas— a la literatura y la pintura, pero que parte de lugares que todos entendemos.

—Para este disco me inspiré en la vida misma, en las relaciones profundas, las despedidas que no se dicen y las presencias que, aunque ya no estén físicamente, siguen habitando en la energía—, señala Deisy Cubillos (líder, compositora y guitarrista de DeyCube).
La noche que reivindica van Gogh atraviesa el álbum que presenta la agrupación nacida en Soacha, Cundinamarca. ‘Cuántas Lunas’ se sostiene en solos de guitarra: acordes delicados sirven de puente entre cada estrofa. Es una canción que no suelta el pasado, como tampoco suelta el amor.
El rock se manifiesta con fuerza en ‘En mis Reminiscencias’. Lo hace, ante la ausencia de la batería, desde la voz desgarrada y en los solos que toman influencias del blues. Su lírica metafórica se aferra al pasado como el aliciente que alivia el presente desde las imágenes que dejó en la memoria. La tristeza, en el séptimo corte ’21.2 Acústico’, es obvia por la ausencia, pero no por la historia que se escribió.
La literatura es protagonista en el trabajo de la agrupación formada en 2021. Las líricas, a lo largo de las 10 canciones, retratan aspectos sensibles y frágiles. Son semblanzas de momentos vividos que son narrados con intensidad.
‘Utopía’, quinta canción del álbum, es intensa; una balada que gana fuerza en la voz. La guitarra, como en las demás canciones, se aferra al rock para desahogarse. Es catártica. El pasado, en esta ocasión, se niega a soltar el presente y se proyecta en la necesidad de continuar una historia que se interrumpió.
—Quiero que el impacto sea emocional, duradero y real—, agrega Deisy.
La intimidad que propone ’21.2 Acústico’ se extiende por un poco más de media hora. Es una tertulia alimentada por el recuerdo y al mismo tiempo por la expectativa sutil cuando se entiende que el pasado solo es un capítulo más en una historia más grande que aún no se termina. Sin darnos cuenta, todos nos hemos acostumbrado al ciprés de la ventana.
El recorrido por la nueva placa de DeyCube dejó la puerta abierta para escarbar un poco más en su concepto. En esa búsqueda, una canción grabada en 2024 que no forma parte del álbum destapó el rostro que no vemos en ’21.2 Acústico’; uno más estridente, más cercano al hard rock: ‘Fábula’.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

