«Nada fue mío tal vez, nadie es de nadie realmente somos figuras al sol derretidos de amor»
‘iNDEFINIDO’ (Camargo)
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
«Nada fue mío tal vez» es la primera parte de esa frase que ha repetido como castigo en el tablero acrílico. Con la segunda, «nadie es de nadie realmente», habrá completado la dosis insistente ―y poco efectiva— de realidad que le fue impuesta. No es el único paciente en el instituto, pero sí el protagonista del relato que vemos en la pantalla.

Su llegada al sanatorio fue como la de casi todos: a la fuerza y a rastras, tratando de resistirse, con la terquedad que lo lleva a defender su realidad, esa que solo él ve y en la que dirige el libreto. El detonante de su trastorno, como en tantas páginas escritas por el amor, fue la imposibilidad de caminar a su antojo por esas calles que él solo contempla. Su delirio, roto, de vez en cuando, por instantes de lucidez, es una rutina atravesada por inyecciones, calmantes y terapias.
Su mundo —no aquel que lo condenó al encierro, sino aquel donde sonríe— se redujo a una bata blanca y un rostro desorientado. Quizás, en esos mundos delirantes recreados como una abstracción paralela de la realidad, nos exijan mirarlos de forma diferente. A lo mejor, en esos callejones, solo es posible caminar en compañía de un profesional. En ellos no hay lugar para miradas convencionales.

El video no nos cuenta el detonante que llevó al protagonista al confinamiento en el Instituto Nacional de Estudio de Enfermedades Mentales, pero lo sospechamos. Fue una mujer y el espacio ‘iNDEFINIDO’ en el que nada es lo que parece y aquello que sí lo es, duele. La percepción para el hombre de bata blanca y mirada extraviada es ―como ha sido para muchos― un refugio lejos del asqueo que provoca la realidad.
Camargo, en esta pieza audiovisual, encerró a sus integrantes en un sanatorio para que fueran ellos quienes nos contaran una versión indie rock de ese espacio ambivalente donde el amor no crece, pero tampoco muere.

—El video nos sumerge en una atmósfera introspectiva, donde la melancolía y el desenfreno se entrelazan para retratar la confusión de una mente fragmentada—, explica Camargo.
«Indefinido, ese es nuestro destino»
Es un paciente inofensivo. Su alegría, por ingenua y vacía que parezca, se proyecta de una necesidad genuina: la reciprocidad del amor. La enfermera, la joven mujer que lo acompaña en su estadía, es ese tótem que le hace sonreír a través de coqueteos, sonrisas y miradas cómplices. En definitiva, el mundo que sueña es mejor que aquel que lo obligó a escapar.

—La narrativa sigue a un protagonista atrapado en una dualidad constante: su realidad distorsionada […] frente a un entorno clínico que lo somete a métodos poco ortodoxos—, complementa la agrupación.
‘iNDEFINIDO’ retrata la acción del video de una forma irónica. Las convulsiones que sufre el protagonista aparecen envueltas en las atmósferas tranquilas del indie: pequeñas dosis de morfina que duermen la realidad.
Camargo, agrupación que nació en Venezuela y echó raíces en Bogotá, en este sencillo —el tercero que da a conocer de su EP ‘Chimbilá Disco’—, plasma el delirio desde sintetizadores y melodías tranquilas para contarnos lo que sucede en ese espacio ambivalente donde se sostienen dos versiones de una misma historia: la que queremos habitar y a la que no queremos llegar.
«Creí que todo era posible e imposible olvidar nuestra fe se nos fue agotando de poco a poco»
—Oscilando entre la locura y breves instantes de lucidez, el personaje queda suspendido en un estado incierto, diagnosticado en un estado iNDEFINIDO—, complementa.
Algunos prefieren que la realidad los aterrice de un solo golpe. Otros, como el protagonista de ‘iNDEFINIDO’, encuentran esperanza en la incertidumbre.
«No fuimos más que un tal vez, tal vez fuego divino. Tal vez éramos destrucción o infinito amor»
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador

