«Buscamos ser cercanos con quien nos escuche, generando así un vínculo a través de nuestra música y de las experiencias que compartimos en nuestras canciones»
(Discordia)
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Llevo poco tiempo escuchando hardcore con dedicación. Varias cosas han llamado mi atención: la agresividad con la que expresa la rabia, su energía permanentemente desbordada, el mosh de su gente en cada concierto, la corriente Straight Edge que atraviesa parte de su comunidad y la fidelidad con la que el público acompaña a sus bandas, sin importar si llenan grandes escenarios o tocan frente a unas pocas decenas de personas.
Aún me faltan muchas bandas por descubrir y muchas pistas de patineta por recorrer para comprender una filosofía que parece encontrar en la lealtad una de sus mayores virtudes. En esa exploración también encontré que el hardcore no se quedó quieto. Como ocurre con muchos géneros de sonidos ásperos, fue abriendo nuevas posibilidades y nuevos caminos.
En algunas de esas derivaciones, la furia dejó de mirar únicamente hacia afuera y comenzó a explorar territorios más íntimos e introspectivos. El post-hardcore fue una de las expresiones que ayudó a ampliar esos límites y a tender puentes hacia otros lenguajes musicales. En Argentina, por ejemplo, DENY se convirtió en uno de los nombres más visibles de esa transformación.

Bajo esa inquietud destapo las canciones que Discordia presenta en ‘Dualidad – Lado A’, la primera mitad de una obra que encuentra en los contrastes uno de sus principales motores. La agrupación, nacida en Madrid, Cundinamarca, deja entrever una evolución que resulta más evidente cuando se contrasta este lanzamiento con parte de su material anterior.
La banda insiste en el rock alternativo como etiqueta; sin embargo, desde una lectura inevitablemente subjetiva, percibo la presencia del post-hardcore en cada una de sus canciones: gritos que no abandonan la melodía, la tensión constante entre agresividad y sensibilidad, y la sensación permanente de ver cómo la energía puede dispararse en cualquier momento. Estos y otros elementos me llevaron a preguntarme qué ocurre después de la confrontación y qué permanece cuando la rabia deja de ocupar el centro de la escena.

Mientras escuchaba ‘Dualidad – Lado A’, no pude evitar la impresión de que Discordia parece más interesada en lo que ocurre después del conflicto que en el conflicto mismo.
«No nos quedamos solo en la queja o en el conflicto. Nos gusta explorar lo que pasa después de la tormenta: los aprendizajes, el desamor, las luchas sociales y las batallas internas de cada uno», afirma la agrupación.
Desde sus primeros compases, ‘Dispuesto a perder’, cuarta pieza del disco, se aleja del territorio más reconocible del rock y del post-hardcore. «Es una canción arriesgada», pensé en un comienzo. La presencia de elementos cercanos a las músicas populares mexicanas parecía alejarla del terreno que Discordia había construido hasta entonces. Sin embargo, la combinación resulta natural y da forma a una balada que sostiene la tensión durante todo su recorrido. A medida que avanza, la batería gana protagonismo, los riffs aparecen con mayor decisión y la sensación es la de una canción que parece prepararse para estallar, aunque finalmente opta por la contención.
‘Mi sangre’, la pieza que abre ‘Dualidad – Lado A’, se mueve en un terreno más enérgico. Sin abandonar la melodía, la canción encuentra buena parte de su fuerza en una interpretación que mantiene la tensión de principio a fin. Su letra refleja la unión colectiva y exalta sentires populares. Más que rabia, reivindica la dignidad de la latinidad.
En la canción que cierra el álbum, el rock adquiere un protagonismo especial desde los primeros compases. Acompañada por una línea melódica que atraviesa toda la composición, ‘Vacío’ permite que, en un segundo plano, las voces rasgadas construyan una atmósfera difícil de encerrar en una sola etiqueta. La canción mantiene el interés precisamente en esa incertidumbre, en esa sensación de que la tensión no termina de resolverse.
Piezas como ‘Alma’, ‘No es amor’ y ‘Bajo las llamas’ ayudan a completar el mapa emocional y sonoro del lanzamiento. Entre momentos más melancólicos y otros más explosivos, la banda reafirma una búsqueda que encuentra en los contrastes una de sus principales fortalezas y evita que el disco se acomode en una sola dirección.
Quizá la principal virtud de ‘Dualidad – Lado A’ sea precisamente esa capacidad para sostener tensiones sin apresurarse a resolverlas. Discordia encuentra un punto de equilibrio entre melodía y agresividad, entre el impulso heredado del hardcore y una exploración sonora que no teme acercarse a otros territorios.
Todavía falta conocer el Lado B y descubrir si las tensiones planteadas aquí encontrarán una respuesta o si continuarán expandiéndose.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

