«Sol en la piel, brilla la arena, cuerpo moreno, vibra la escena, baila conmigo sin pena, nena»: ‘Vamos’ – Ale G Queen
Usmetal XVII: rostros, memorias y momentos en Cuatro Caminos
Usmetal XVII contado desde personajes y escenas: una jornada donde el metal convive con la comunidad y la solidaridad
Crónica: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Fotografía: Angie Gómez
Entrevistas: María Paula Paipilla
El escorpión atraviesa gran parte de un costado de su rostro. El aguijón se alza sobre su ceja izquierda; los últimos trazos de las tenazas se extienden hasta su mentón. Sobre su cabeza rapada —una extensión del lienzo sobre el que han sido dibujados 17 tatuajes— permanecen erguidos los mechones cafés de su cresta, inmunes al viento y a la lluvia desde que llegó a Cuatro Caminos.

La carátula de un disco definitivo en la historia de los sonidos duros del rock ocupa la parte frontal de la camiseta del frontman, de pelo gris y negro, playera oscura y bermudas verdes. Detrás de él están sus compañeros en Dissonant Chant (+), primera banda en subirse a la tarima de Usmetal Festival XVII. El nu metal es el eje de la identidad de la agrupación formada en la localidad quinta. El quinteto californiano liderado por Jonathan Davis es una de sus influencias.

Sus manos preparan la cometa para alzar el vuelo. Su papá luce una camiseta de Megadeth. Llevan un buen rato al otro lado del espacio demarcado para el festival. Junto a otras familias que también se divierten en Cuatro Caminos, llegaron desde muy temprano para aprovechar el viento que, a 2.794 metros de altura, sopla con fuerza y compite con la intensidad del sol que pega con fuerza a esta hora de la tarde. El ruido que se proyecta no los aturde: el metal en Usme convive con la comunidad.

Sebastián levanta sus brazos; a su lado derecho, su compañero sigue tocando la guitarra. Prophecy of a Reborn (+) llegó por convocatoria distrital y es la segunda banda en Usmetal Festival. Su sonido recrea atmósferas densas que transforman el carácter de la energía que dejó sobre el escenario Dissonant Chant.

«Es el símbolo de mi hijo», señala Mauricio para explicar el origen del alacrán que adorna el costado izquierdo de su cabeza. También es fuego y la reafirmación de su rechazo al sistema. La rebeldía, más que obvia, es una filosofía que ha sostenido desde su adolescencia, un legado que entrega a su hijo, su compañero durante la decimoséptima edición de Usmetal.
En la pantalla resalta el azul turquesa, color que identifica su álbum debut, ‘Colossus Suprema’. John interpreta su bajo de cinco cuerdas sin púa; su expresión refleja la intensidad con la que toca su instrumento. En compañía de sus tres compañeros, forma parte de Brainblast (+), tercera agrupación en pisar la tarima en la tarde del 16 de agosto en Cuatro Caminos.

En diagonal a la tarima, cinco pelados juegan con una maltratada bola de lana de colores y exhiben su destreza para no dejar caer el fuchi; un breve respiro entre los pogos en los que participan con el mismo entusiasmo. En la tarima, Animal Mind (+) les ofrece un soundtrack de thrash metal mientras el sol de la tarde pega sobre la espalda descubierta de uno de ellos.

El punk, para Mauricio, no es una etiqueta ni una excusa para podrirse. A sus 34 años, ha encontrado en la autogestión una forma de moverse dentro de un sistema al que se resiste. Lo hace desde la convicción de no permanecer atado a un empleo. Desde el mediodía —sin pedir permiso— extendió la tela negra sobre la cual exhibe los parches y accesorios que pone a disposición del público en el festival.

—Aquí también tenemos en cuenta a los emprendedores. A algunos les podemos ofrecer comodidades dentro del festival, pero a los otros no los rechazamos, siempre y cuando no fomenten desorden—, cuenta Enrique Rodríguez, director de Usmetal Festival.
Han pasado tres años y medio desde que estaba al frente de la tarima, gritando durante el concierto de alguna de las bandas de Usmetal 2022.
Hoy José, con pantalón rojo y chamarra negra, está en la tarima. Su voz aguda se proyecta a lo ancho del parque. Sus compañeros de agrupación están detrás de él. La fuerza del heavy metal de Jauría (+) se presenta ante el público que ya la conoce y ante los asistentes que la ven por primera vez mientras apuntan sus cuernos al cielo. Una pequeña, sentada en la barda, sostiene uno de los discos de la agrupación.

Sin embargo, para su hijo espera otras posibilidades. Quiere que estudie, que aprenda los códigos que le permitan hackear el sistema desde adentro y construir con ellos su propio camino. No pretende que siga el suyo; desea que tenga más herramientas para hacerlo. Ambos sonríen para la foto.

—De pronto que él reciba un estudio, que aprenda algo lógico y una carrera donde pueda hackear al sistema desde adentro—, agrega Mauricio.
Un helecho cuelga de la base del micrófono. Al igual que sus compañeros, su rostro exhibe trazos negros. John está detrás de su guitarra; a su lado, Nicolás sopla la zampoña, mientras Sergio proyecta guturales graves. El metal toma las raíces del folk en la propuesta de Mmapakat (+) para integrarlas en un sonido que rinde tributo a la Madre Tierra. Un ritual que ha compartido con su gente durante un poco más de una década de trayectoria.

Es la décima carpa. El festival la dispuso con el fin de recoger las donaciones de los asistentes y extender su solidaridad hacia los damnificados. De rodillas, Harold García examina una de las bolsas. Sobre la mesa, Adriana Parra, su compañera en Metal Unidos, toma nota de los paquetes recibidos. A su espalda, Jorge García (Cabezón) organiza las entregas recibidas: productos perecederos, alimento para mascotas, pacas de agua embotellada y bultos de ropa que reafirman un mensaje que siempre ha estado presente: la solidaridad, como la tragedia, une al país.

—Se recogió casi una tonelada de donaciones—, afirma Juan Carlos Prieto, director de Movimiento Rock por los Derechos Humanos (+), proceso que lleva más de 24 años tejiendo lazos entre la memoria devastadora del conflicto y los sonidos duros del metal local.

Orlando extiende sus brazos; sus manos hacen los cuernos. A su izquierda, Frank —de abrigo negro y camisa blanca— eleva su mirada. Hace nueve años, Herejía (+) se presentaba por primera vez en Usmetal, en la versión realizada en el Parque La Aurora. Desde el 9 de enero de 2021 hace falta Ricardo.

No es la primera vez que el metal se involucra con las comunidades y sus realidades adversas; tampoco será la última. «Me permito certificar que El Expreso del Rock (+) por Colombia realiza una donación con destino al Municipio de Dosquebradas», certificó oficialmente Roberto Jiménez Naranjo, alcalde del municipio risaraldense.
Ana María está de nuevo con la banda que ayudó a fundar en 1996. La tarima de Usmetal XVII es el escenario de su regreso. A su espalda, la letra de ‘Blood Sweat and Tears’ se proyecta en la pantalla. La fuerza del agua no dispersa al público, que sigue al frente del escenario elevando sus puños y moviendo las cabezas. Su tono lírico, junto a la voz gutural de Ángel, es uno de los rasgos que han identificado a Ethereal (+). ‘Fear of the Dark’ cierra el retorno de la vocalista.

Su larga barba gris está empapada. Su ánimo no se achicopala por el aguacero que desde hace más de una hora cae sobre la ciudad. Todos a su alrededor, como él, no prestan atención a la lluvia. Sus chaquetas negras lucen más brillantes por las gotas que les escurren. Ver a Ana Botero de regreso a su banda después de 25 años de ausencia es un momento que vale la pena pagar bajo un palo de agua.

Su guitarra blanca contrasta con su chaleco oscuro desgarrado. Como él, sus compañeros —los otros cuervos— visten de negro. Viajaron desde Pereira para cerrar la versión XVII de Usmetal Festival. Hace siete días, el terremoto que afectó el occidente del país golpeó con fuerza a su ciudad. El aguacero, que no merma su intensidad, acompaña la presentación de Eshtadur (+).

Una hora antes, Mauricio terminaba de recoger la tela negra, los accesorios y los parches.
María Paula Paipilla
Encuentro en el arte una forma de mirar y entender el mundo desde otras perspectivas. La música, el cine, la moda y el diseño son algunos de los lenguajes con los que más conecto. Me interesa lo audiovisual, estar detrás de una cámara tanto como frente a ella, y descubrir, a través de las personas y de lo que crean, las distintas formas en que cada quien ve el mundo.
Sobre Angie Gómez
Fotógrafa La fotografía es para mí una manera de sentir y contar historias sin palabras. Me mueve el amor por el arte y la pasión por descubrir la belleza en cada instante. Disfruto especialmente estar en eventos, donde el sonido, las luces, los colores y la energía de las personas se convierten en parte de mi inspiración. Me dejo llevar por lo que sucede frente a mi cámara para crear imágenes que no solo documenten un momento, sino que también transmitan su esencia y una parte de mi propia mirada.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador; a la segunda —con un talento negado para ejecutarla—, como espectador.
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‘Ella’ – Amparo Sandino
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Su papel frente al espejo es otro. Está allí por una razón que se extiende más allá del acto simbólico de encontrar en el reflejo aquello que resulta esquivo a la realidad. Ella no tiene edad. Ha tenido doce años o menos; también ha sido una mujer mayor que carga con la huella de un maltrato que creció a su lado.

Jessica —identificada así por Naciones Unidas Colombia— nació en Barranquilla. Tenía doce años cuando su propia madre la sometió a explotación sexual. Hoy tiene 36. «Cuando estás pasando por algo así, el miedo se apodera de ti. Es como si te hubieran atado las manos», recordó al reconstruir su historia en 2020. (+)
Viste de blanco. No pertenece a una clase social determinada. Ha habitado las periferias vistiendo camiseta y tenis; ha sido una profesional admirada.
Ángela —nombre con el que Reuters Institute protege su identidad— tenía 21 años cuando comenzó su beca en El Espectador. «Hola, ¿te puedo tocar una teta?», le preguntaba un redactor constantemente. Un día dejó de soportarlo y lo enfrentó. Sus compañeros se rieron. La historia no terminó allí. Tiempo después, un editor la citó de noche con la promesa de mostrarle fuentes inaccesibles. Ella no aceptó. Él comenzó a seguirla después de su horario de trabajo. (+)
Su etereidad encarna una conciencia colectiva que expresa lo que ella vivió, vive y ha vivido. Ese flagelo se convirtió en cifras que cambian cada año, en noticias que sacuden los noticieros y en comentarios de redes sociales que suelen ser más crueles que la tragedia que la llevó a convertirse en tendencia, solo para desvanecerse cuando aparece otro foco hacia el cual mirar. Ella ha sido víctima de diferentes formas de agresión.
—Es una pieza que combina emoción y una narrativa capaz de conectar profundamente con el oyente—, comenta Amparo Sandino.

Frente al espejo donde comienza el videoclip ahora se refleja una joven de cabello rojo. Su rostro no tiene cicatrices ni golpes, pero algo no está bien. Convive con una pareja que encuentra más interés en el televisor que en la mujer que tiene al lado; una forma de violencia que prefiere a agazaparse en la rutina antes de manifestar su crudeza.

«Es fundamental reconocer las formas en las que actúa un maltratador y darles nombre a esos procesos, para que la víctima logre reconocer las señales», mencionó Marina Marroquí, autora del libro Eso no es amor: 30 retos para trabajar la igualdad y Eso no es sexo: Otra educación sexual es urgente, para RTVE. No es coyuntura. La escritora española fue víctima y en su libro reúne relatos de mujeres violentadas. (+)
La pieza audiovisual que acompaña ‘Ella’, el nuevo sencillo de la artista colombiana, apela precisamente a esa cotidianidad para evidenciar una realidad que conocemos tanto que terminó por convertirse en paisaje. Se entiende por qué Amparo Sandino define a su obra como «un homenaje a las víctimas y un llamado a romper el silencio, transformando la música en conciencia social».
‘Ella’ desarrolla su relato desde la calma del pop latino. La voz limpia de Amparo Sandino narra la historia de una mujer sin nombre, sin edad y sin una condición social definida, pero precisamente por ello capaz de representar a miles de mujeres cuya historia comenzó de manera distinta y terminó atravesada por una misma forma de violencia.

Sin embargo, la verdadera crudeza que no se evidencia en el video, se manifiesta en la letra. ‘Ella’ parte del silencio que acompaña a las víctimas, del dolor que se esconde detrás de la normalidad.
«Ella siempre va con un manto de dolor que refleja en su mirada y en su corazón. Nadie imagino lo que pudo suceder»
‘Ella’ habla del miedo —compañero y consecuencia del maltrato—, de la mano que debía protegerla pero que prefirió aprisionarla, de los intentos inútiles por liberarse, de su propia muerte —en ocasiones, la única salida para una mujer violentada—.
«Porque el miedo la arrastraba cada anochecer. Se perdió entre flores marchitadas de pasión»
—Es un homenaje a todas esas mujeres que han aprendido a levantarse una y otra vez—, agrega Amparo Sandino.
El profanador sabe cómo pasar desapercibido, sabe esconderse detrás de la confianza, de la autoridad, del amor.
«No te quedes allí Ponle punto final De vivir a morir Solo un paso hay que dar»
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.
LIRA en ‘Oculto Vol. 1’: la banda sonora de una historia no escrita
«Busco que cada pieza sea una experiencia abierta donde las personas puedan proyectar recuerdos, emociones o imágenes propias» – Rodrigo Pacheco
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«Por si no pudiera ya volverte a besar, por si el tiempo no nos diera otro día más»
‘Por si no hay mañana’ – Isaac Victoria











