Levanta tu mirada,
mira hacia el centro de tu interior,
tal vez descubras mi imagen,
que aunque borrosa,
aún contempla sin pudor
frente al espejo
tu alma desnuda.
¡Ciega mi mirada!
No miro nada alrededor.
Con los ojos abiertos,
aún inundados por las lágrimas,
no miro nada alrededor.
¡Está vacío tu interior!
Abre los ojos, nena,
solo así podrás extrañar mi presencia,
porque frente al espejo
no verás mi reflejo,
detrás de ti no estará mi sombra,
ni en mi corazón verás tu alma desnuda.
Cierra tus ojos,
mírame con los míos
y solo verás los tuyos
que cristalizados me reclaman
porque ya han dejado de amar.
Puedes cerrar tus ojos,
tus sueños yo cuidaré.
¡Puedes abrazarme! ¡Puedes besarme!
Cerraré mis ojos,
soñaré contigo,
aunque no me mires.
¡Te puedo abrazar!, ¡Te puedo odiar!
Mas no abras tus ojos,
yo desapareceré.
Abre tus ojos
y nunca más te miraré.
Las Letras del Poeta Ebrio