«Abuelita linda, el dolor muere aquí»
‘Abuela’ – Kaya Q
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Su trenza gris es la más larga. Su vestido blanco tapa sus pies, cubre el pasto. Sus manos trenzan el cabello de una mujer más joven vestida de negro. Es un gesto que se repite de unas manos a otras hasta llegar a la más chica de las cuatro mujeres que permanecen de pie en la parte alta del páramo. El cielo es el lienzo en el que la niebla, la montaña y la feminidad dan forma a la imagen.
El páramo es el escenario. Entre frailejones, pajonales y matorrales, las cuatro mujeres desarrollan una narrativa que no cuenta una historia, pero evidencia la conexión que las une. El simbolismo ocupa un lugar relevante en las escenas que transcurren durante casi tres minutos. El cuidado, el legado y la herencia aparecen en acciones concretas, algunas veces literales; en otras, evocadoras.

‘Abuela’, la pieza audiovisual de la canción, recoge entre las líneas de la letra y la escenificación en pantalla el estrecho vínculo de los ancestros con sus allegados más jóvenes. Kaya Q, a lo largo de 14 composiciones, recorre la década de su existencia que más la impactó. Lo hace desde la introspección y las fracturas emocionales, pero también desde las miradas del amor, el respeto y el encuentro consigo misma.

El videoclip de ‘Abuela’ toma escenas caseras para crear una introducción acompañada por un diálogo en voz en off, en el que una mujer habla de la libertad con la que ahora vive sus días:
—Soy una mujer libre ahora sí.
—¿Por qué? ¿Estabas en la cárcel antes?
—Bueno, algo así. Y ahora puedo estar aquí disfrutando. Puedo ir al fin del mundo a disfrutar de mi vida.
El breve diálogo es apenas el punto de partida. La letra es la expresión interior de la artista colombo-alemana. El tributo parte del reconocimiento del daño que atravesó su abuela: «El dolor no era tuyo. A ti te lastimaron», para llegar a un acto simbólico de liberación: «Te libero de lo malo. Corre libre, corazón. El camino no fue en vano. La tristeza se acabó».
‘Abuela’ es una de las catorce canciones que Kaya Q ha reunido en ‘CICLOS’, placa en la que la artista aborda, desde su experiencia, el desgaste emocional, la depresión, el abandono, la resiliencia, la rebeldía, el reencuentro emocional y el empoderamiento. Son algunas de las etapas recorridas a través del indie pop, el afrobeat y los ritmos latinos.
—La mayor inspiración que tuve para este disco fue mi propia vida, mis experiencias vividas y la oscuridad en mí—, señala Kaya Q.
Una niña pequeña observa a la bailarina que gira en la caja musical. Vestida de rojo con medias blancas, podemos verla en diversos espacios de la casa, convirtiéndonos en testigos de sus juegos infantiles, pero también de las sensaciones de soledad que atraviesa. Kaya Q, en la segunda canción que elegimos, le canta a ella misma cuando tenía apenas unos cuantos años.
Al igual que ‘Abuela’, ‘Mi niña’ habla desde el dolor, desde la herida, para llevarnos a través de su letra hacia la reconciliación; en esta ocasión, de la artista consigo misma y con esa niña vestida de rojo:
«Tanto que sufriste, qué fuerte te hiciste y me pone triste que no lo mereciste. Ya no tienes que llorar, en mi pecho voy a cuidar tu corazón de cristal».
‘CICLOS’ recorre la vida de la artista, sus años más difíciles y sus heridas íntimas para compartirlas con nosotros y decirnos que está bien sentir, que las emociones —buenas o malas— forman parte de la existencia.
—Son ellas las que nos ayudan a conocernos, sanar y transformarnos—, agrega la artista.

Katharina Quiñones, nombre de pila de Kaya Q, toma este nuevo álbum también como el punto de partida hacia una nueva etapa de creatividad artística. Sus veintes, comenta, fueron una época definitiva en su vida. De allí nace la inspiración de ‘CICLOS’.
No podemos cambiar lo vivido, pero podemos reconciliarnos con nosotros mismos y acompañar a otros en ese proceso. Cerrar los ciclos está en nuestras manos. Kaya Q lo hace con su niña interior, consigo misma, con su abuela:
«Abuelita linda, el dolor muere aquí».
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda —con un talento negado para ejecutarla— como espectador.

