La experiencia vivida durante la edición de Día de Rock 2022 demostró que sí es posible pensar en eventos que trasciendan más allá de una presentación en tarima.
Fotografías: La Cabra
Por, Olugna
Habían pasado cinco años y un día desde la primera versión de Día de Rock Colombia, una apuesta retadora que proponía trazar una línea definitiva en la escena nacional para demostrar, entre otras cosas, que el rock en el país no solamente está vivo, sino que ruge con mayor fuerza y no está dispuesto a rendirse en medio de las dificultades que supone desarrollar un proceso independiente en una industria musical que privilegia los views sobre el talento.
Hace cinco años, días previos al desarrollo de esa primera edición del 12 de agosto de 2017, era común encontrar comentarios en redes sociales comentarios que ―entre burlas y odios― afirmaban con vehemencia que el rock había muerto en los 90´s, mientras otros preguntaban con todo el veneno que les era posible albergar, que qué era eso del rock colombiano. Obviamente, también se escucharon las voces de aquellos que no solamente creen en el talento nacional, que asisten a los eventos, que adquieren mercancía de las bandas y que se dan la oportunidad de escuchar las diferentes propuestas que tratan de abrirse espacio con su trabajo. Sin embargo, los primeros ―haters digitales escondidos detrás de un teclado― son capaces de acabar con los sueños ajenos para disimular que han sido incapaces de luchar por los propios.
Días antes al desarrollo de la edición 2022, conforme se acercaba la hora cero, también crecía la expectativa alrededor del festival. No era para menos: 30 bandas (en su mayoría colombianas), 3 tarimas, un escenario atípico y una taquilla que superaba los 170 mil pesos por entrada individual, provocaría todo tipo de opiniones e inquietudes entre un público que ha estado acostumbrado a otras dinámicas.
Desde su primera edición han cambiado muchas cosas para Día de Rock Colombia, evento que ha apostado a la innovación y a crear una experiencia que trascienda más allá de una maratónica jornada de presentaciones musicales: tarimas enfrentadas en las dos primeras ediciones, una rotativa en la tercera versión, una entrega totalmente virtual y en esta ocasión, un festival en medio de un parque de diversiones, agrupaciones internacionales y una cantidad mínima de otros géneros como el hip hop y la salsa.
La noche anterior al festival arrojaría la primera dosis de adrenalina cuando se anunciara por parte Día de Rock que dos de los artistas internacionales cancelaban sus presentaciones por causas ajenas a la organización: Crazy Town y Panteón Rococó. Noticia que, por supuesto, no sería ignorada por los detractores que aprovecharían la ocasión para dejar al descubierto ese talento innato para menospreciar cualquier iniciativa que no esté a la altura, de lo que según ellos, son altas expectativas.

Sin embargo, la función debía continuar y a con las 28 agrupaciones restantes se realizaría el festival, el primer evento de gran impacto del segundo semestre de 2022. Un reto ambicioso que pondría a prueba el talante de las bandas invitadas y, por supuesto, de los organizadores de Día de Rock.
Recoger la experiencia vivida durante la jornada del 13 de agosto en Día de Rock 2022 en unas cuantas páginas, supone dejar por fuera muchos detalles que hicieron del festival ―así suene cliché― una montaña rusa de emociones. No obstante, vale la pena señalar los aspectos más destacados del evento.
El lugar: caminar entre las atracciones mecánicas y juegos, al tiempo que se escuchaban los conciertos de las agrupaciones, proporcionó una experiencia única que, en definitiva, se querrá repetir en múltiples ocasiones.

La ubicación de las tarimas contribuyó a la experiencia vivida durante la jornada. Aunque algunas de las agrupaciones se cruzaron entre sí, era posible disfrutar de los conciertos sin que el sonido de una se viese interrumpido por la presentación de la otra. Sin embargo, un espacio de mayor tamaño para el Escenario Colombia, hubiese permitido una mayor cantidad de público para las últimas bandas de la tarima.
La puntualidad en la que se desarrollaron la mayoría de las presentaciones, permitió que tanto público como periodistas, pudiéramos organizarnos para disfrutar y cubrir los diferentes conciertos.
La combinación de rock n’ roll y atracciones mecánicas recreó una experiencia que se quedará en la memoria. En mi caso, escuchar ‘Nunca he estado mejor’, canción de Tappan, al tiempo que el ‘Centrox’, atracción mecánica del parque, giraba a más de 100 km por hora, dejaría un bonito recuerdo.

El sonido dispuesto para cada una de las presentaciones, cumplió con las expectativas y contribuyó a que las agrupaciones ofrecieran un espectáculo de calidad a sus asistentes.
Las agrupaciones dieron lo mejor de ellas en la tarima. Las emergentes dieron cuenta del proceso que han realizado para evolucionar en su propuesta; los artistas de mayor trayectoria, por su parte, demostraron que los años y la experiencia acumulados no pasan en vano.
El público se movió con libertad. Mientras algunos asistentes gozaban de las atracciones, otros apreciaban las presentaciones, aprovechaban de los otros espacios dispuestos por el festival o, simplemente, conversaban, comían o disfrutaban de una cerveza.
De nuevo el público que supo adaptarse en un espacio rodeado de música, alcohol y atracciones mecánicas, sin causar ninguna situación de emergencia. Fue un evento en el que géneros diferentes ―algunos distantes al rock―, compartieron en paz.

La organización, en definitiva, pese a las inquietudes que generó esta nueva edición de Día de Rock, continuó adelante y trazó una línea bastante interesante para futuros eventos.
Recomendaciones, sugerencias y demás. El trabajo de los medios, por supuesto, es importante. Si lo que se busca es no saturar las zonas de prensa, podría proponerse franjas de tiempo en los que los fotógrafos puedan realizar un trabajo de calidad, sin contratiempo y libre de obstáculos.
Como medio de comunicación especializado en rock, cuya mayor preocupación es la difusión del talento nacional, celebramos todo tipo de iniciativas que contribuyan al desarrollo y fortalecimiento de la industria musical en Colombia.
Solo nos resta desearle a Día de Rock una larga existencia y que las agrupaciones nacionales emergentes, encuentren en las tarimas del festival, un espacio que les permita impulsar su carrera.