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Entre el synth pop, el folk y la poesía: ‘Ojos Rojos’ y el despertar interior de El Río


Por: Andrés Angulo L. (Olugna)

El agua se coló entre sus dedos. El norte que buscó alcanzar se volvió improbable en ese horizonte lejano. El despertar llegó después de vientos difíciles y mareas convulsionadas que dejaron su rastro en esa bitácora iniciada cuando aún había espacio para soñar. El destino —ese lugar indescifrable, pero deseado— no estaba esperando por ella. Pero el pacto se había cumplido: la cascada la despertó y entonces entendió que el viaje no había terminado; simplemente estaba a punto de adquirir una nueva forma.

«Si despiertas de tu sueño mojaré la luna entera»
«Si despierto de mi sueño sembraré en ti azucenas»

Los fragmentos fueron extraídos de uno de los versos de El Río, poema escrito por Laura Ríos, que terminarían funcionando como una epifanía que la conduciría a un nuevo viaje, esta vez a través de las aguas —en apariencia incompatibles— del synth pop y el folk tradicional colombiano.


Las imágenes que Laura construye en El Río dan forma a esa bitácora que retrata el viaje de cualquier persona por ese extenso mar de la existencia. Desde la esperanza —presente en lo onírico— hasta las tempestades que desafían esa embarcación que nos mantiene a flote y que termina soportando el peso emocional que se acumula desde que iniciamos el trayecto.

«Con sus dedos tocó la cascada». En el poema, hacia el final del viaje, ese verso aparece como el instante en que despertamos para revisar las páginas que hemos escrito y enfrentarnos otra vez a una hoja en blanco. Es ahí donde el rumbo puede cambiar, porque el viaje en el que nos embarcamos —ese que prometía un horizonte distinto— termina revelándose como la antesala de una nueva travesía. Despertar duele, pero también es la única forma de continuar, incluso si eso significa mirarnos al espejo y descubrir que no somos los mismos que cuando comenzamos.


‘Ojos Rojos’, la canción que nos permitió acercarnos a la artista santandereana, representa para mí ese instante que anticipa el despertar. Es otro poema vestido de música, otra página dentro de esa bitácora que Laura parece escribir siempre desde la poesía.

«El viento calla, las luces temblaban. Entre hojas quietas, la sombra me enreda», nos dice la artista en ‘Ojos Rojos’. «Los ojos emblandecían como nácar pálido de cielo. El navegante al fin abría sus párpados marchitos de tiempo», escribió en El Río.

La poesía, cuando se nos cuenta a través de la música, extiende su fuerza simbólica. En la canción, son los sintetizadores los encargados de sumergir la letra en las atmósferas etéreas y electrónicas del synth pop. La introspección anticipa el despertar y no lo hace de manera amigable. Las metáforas que embellecen la realidad son las mismas que lastiman.

«Las cicatrices de mis libros grises llevan tu ausencia»
‘Ojos Rojos’


La portada refuerza el concepto que envuelve a la canción. En ella, el retrato de Laura joven ocupa el centro de la imagen. Superpuesto, el rostro se repite en colores diferentes. El rojo invade la mirada, mientras el cian se desplaza levemente, como una sombra que arrastra otra versión del mismo rostro. La imagen no termina de coincidir consigo misma, evocando esa percepción fragmentada y difusa que acompaña los primeros instantes después de despertar.


‘Ojos Rojos’ forma parte de ‘Puente’, una colección de canciones que la cantautora colombiana ha comenzado a revelar; un cuerpo que une pensamientos y experiencias de distintas generaciones con diversas expresiones musicales, sin perder de vista a la poesía como el hilo conductor de un viaje que toma de los 80 un insumo matizado por la sonoridad contemporánea y por la vida misma: esa bitácora que aquí se escribe, al mismo tiempo, con bambucos, valses, sintetizadores y beats.


El Río, el proyecto liderado por la artista y conformado por otros cinco músicos, es la consecuencia del poema homónimo; un alter ego de la pieza literaria que amplía los horizontes conceptuales, como si fuese la protagonista de la historia que Laura plasmó en cuatro páginas.

El poema, esa bitácora de cuatro páginas, será recorrido a través de las canciones que aún no conocemos. La historia de un individuo —hombre o mujer— que decidió convertirse en río «para llevar a su cascada al cielo» pronto nos será contada por completo, esta vez a través de la música.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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