10 cosas que el rock ya no es

Ante todo, creemos en su mensaje poderoso y creemos que, tras más de 60 años, el rock y su evolución no pueden ser tratados con ideas emitidas en los medios de comunicación durante la época de Elvis. En la actualidad, algunos prejuicios, ideas preconcebidas y falta de información permiten que en las redes sociales, cualquiera de su opinión en torno del rock, de las bandas y del público de la escena,  asumiendo, de esta manera, que el género es un monolito muerto que no tiene vida propia y que no ha trascendido generacionalmente, por tal razón hablaremos de 10 cosas que ya no son como antes, pues desde ese tiempo remoto de mitad del siglo XX hasta hoy, el rock ya no es lo que solía ser.

1.      El Rock ya no es (y nunca fue) cosa de adolescentes.

Para 1954 el rock era la expresión de jóvenes rebeldes que, tal vez, perdieron a sus padres en las guerras mundiales.   Estaban cansados del sistema opresor del patriarcado y tenían tiempo libre. El capitalismo les dio dinero y a la vez una moda que seguir, algo en que usar ese tiempo de ocio y una razón para gastar su dinero. Rompió sus moldes de vestimenta adulta y les dio identidad, acabó con las barreras raciales, sexuales, etc… etc. Todo esto e infinidad de cosas más, pero después seis décadas los rockeros seminales envejecieron, los Rolling Stones tienen más de 50 años tocando, sus edades alcanzan los 70 y hasta 80 años, varios músicos importantes han muerto de viejos por enfermedades de gente mayor. No todos se han suicidado, el 90% no siguió el lema de Dean: “dejar un cadáver bonito”, más bien crearon industrias multinacionales con su música, espectáculos rentables, realizaron acciones humanitarias y hasta han sido postulados y ganadores de Premios Nobel.

Decidieron vivir, ya sea desde el margen o desde el ‘mainstream’. Sin duda, el rock ya no es una cuestión de jóvenes. Hoy en día, es un espacio intergeneracional absolutamente serio. Asimismo, el público ha ido envejeciendo con las vertientes del rock y del metal, y es absolutamente válido. Aquí los jóvenes tienen mucho que aprender antes de meterse en el rock y son ellos quienes aportan una visión renovada. Hoy podemos ver una abuela haciendo guturales para una banda de gore y unos niños hacerse famosos con covers de Iron Maiden.

El rock, por decirlo así, alcanzó el estatus de intemporal, ya sea porque esa dinámica impedirá su muerte o porque afortunadamente,  se puede ver a –Angus Young- en uniforme colegial o decidirse por aprender a tocar batería a los 100 años y no sentirse ridículo, por el contrario, esto es considerado un logro.

2.      El Rock ya no incomoda

Esto me desagrada, yo quisiera atacar a mis vecinos reggaetoneros con una descarga de black metal para que aprendan a respetar, pero ellos ni se inmutan. En la época de los noventa, sobretodo en Colombia, uno andaba con pinta metalera, punkera, hippie, rockera y te miraban como bicho raro, hoy, si  al caso te preguntan que shampoo usas para tener el cabello mejor que el de una dama y de dónde sacaste tus pantalones rotos con taches.

No es que todo este normalizado, este país sigue siendo un dominio de la moralidad y de la iglesia católica, pero la sociedad ha asumido e integrado al rock en la cultura popular y, día a día, es muy normal ver a una banda de rock tocando en la calle, publicitando una tienda de hamburguesas o haciendo jingles de una nueva línea de mantequilla o como una moda de temporada de otoño, como parte de un ritual católico o como alternativa contestataria hacia éstos, desde la corriente cristiana para contraatacar su negocio; como evento de ambientación en una feria de libros o de barrio, en un carnaval de pueblo o como acto de apertura en un colegio, Etc. Etc.

Todos vimos normal y absolutamente gratificante que Kraken tocara en una iglesia de Medellín en la despedida de Elkin Ramírez, nuestro Titán y único Rock Star real. Sin embargo, creo que mi madre fue la única en advertir que eso hace 20 años hubiera sido impensable en Colombia,  sin duda, a menos que tengas una banda de black satánico ya no sorprenderás a nadie cuando digas que tienes una agrupación de rock o que eres un fan acérrimo de Nirvana, porque en la rockola de tu barrio podrás escuchar sus temas en medio de la música de Darío Gómez y la Tigresa del Oriente. Eso es integración. La normalización del capitalismo es capaz de absorberlo todo y de agotarlo, de pasar por encima, dejando un efímero recuerdo, -todo lo solido se disuelve en el aire- dando como resultado que:

3.      No es una expresión salvaje, únicamente

Si originalmente el rock buscó que las ancianas y las mamás se taparan la cara horrorizadas, hoy por hoy, no podemos esperar que escandalice. Simplemente el mundo tiene muchos más debates, que grupos de personas cantando, gritando o haciendo guturales. Si no eres de una banda del Inner Circle y matas a un compañero, o quemas iglesias, tus discursos de sangre gore o vampirismo gótico y quién sabe qué se nos pueda ocurrir, no molestarán a muchas personas. Este tiempo, simplemente, ha asociado la idea de que el rockero expresará controversias, pero éstas, no son inesperadas. Por lo tanto, no es tan salvaje, menos en un país como Colombia.

Si un padre de familia puede durar un día en una cantina de barrio, ¿por qué un rockero no podrá hacer lo mismo? Así que todos dirán: “… en ese Rock al Parque reúnen a esos mechudos en tres días de juerga y luego ni se ven”. En general, parece que el mundo está más asustado por transformaciones más radicales de las costumbres (expansión del mundo  y radicalismos árabes, apropiación de la adopción gay, cambio climático),  que la proliferación de rockeros de todas las clases, como símbolos de luchas sociales, con su imagen de buenos muchachos o de rebeldes sin causa que retornan finalmente a sus hogares y luchan por seguir adelante, no asustan mucho a las masas.

El extremismo del metal y su carrera expresada en géneros como el black dan cuenta de ello, ya no se sabe con qué nombre más mórbido bautizar una banda, qué imagen más amenazante poner  en una caratula o qué sonido más inentendible sacar de una garganta. Pero, la recepción de ésto sigue siendo underground y en el aspecto amplio del público, está de moda de ver a una celebridad usando una linda camiseta de Slayer. Tu mamá sabrá donde comprártela, no te preocupes, espérala mientras le enseñas a tus hijos los temas de ‘heavysaurios’ y le explicas a tus primitas quiénes son los cuchos maquillados de KISS en el video Baby-metal.

4.      El rock si bien es contracultural, ya no es una propuesta contestataria

Durante los años setenta, el rock sirvió de canal al mensaje del hippismo y la contra-corriente en EE. UU, en rechazo de la guerra y el modo de vida norteamericano. El punk inglés de finales de esta década atacó al status quo de la monarquía y rompió los moldes de la juventud, la pasividad del rock demasiado elaborado y  sacudió a los más conservadores. El heavy metal se opuso a las actitudes suaves de los hippies y con dinamita hizo volar sus utopías, golpearon a la sociedad con dosis de violencia y realidad expresadas sin tapujos, hasta llegar a las vísceras  descarnadas de los géneros más extremos. Hasta ahí se notaba una cierta posición izquierdista frente a las ideologías y figuras de poder tradicional, no significa que fuera encaminado el rock, exclusivamente, por el materialismo dialéctico. ¡No! Lo que se evidenciaba era una alternativa contra-corriente del orden social tradicional. Sin embargo, hoy en día, tras más de 70 años y con géneros y bandas directamente afines a las derechas ideológicas y al orden social –skinheads de derecha y bandas Oi o afines a la tercera fuerza, rock pop sin pretensiones y rock cristiano– el rock se ha ampliado, de tal forma, que sus letras e intenciones no son exclusivas de una postura, más bien, se ha transformado en un lenguaje para expresar lo que cada quien siente. Los movimientos más grandes del rock que trascendieron en movimientos sociales sucumbieron a los cambios marchantes del tiempo. No obstante, ésto en particular no es negativo, pues entendido como cultura de integración y ante todo como un lenguaje, permite desde sus formas musicales bien definidas, dar sonoridad a los gritos o simples susurros que las generaciones buscan expresar por medio del arte más estridente. En él expresan sus inquietudes estéticas, visuales y discursivas.

Que ante tantos medios de comunicación la gente se acerque al rock para escucharlo denota que es, sin duda, un medio que implícitamente tiene un carácter vanguardista y multi-canal para una sociedad que ya no espera que del rock lleguen mensajes tradicionales. Básicamente, el rock está pensando más en cómo transmitir que en cambiar pensamientos.

5.      El rock entonces no es político ni apolítico, es un medio de expresión abierta

Es casi estúpido pensar que el rock, al ser un medio de comunicación y una cultura, no esté relacionado con posturas políticas. Sin embargo, en sí mismo, no es político, pues en el marco general de todas sus vertientes, los mensajes lanzados son tan variados, amplios y divergentes que más que político, es un espacio para los discursos dados desde distintos frentes. No obstante, es claro, según la primera afirmación, que no podemos desligarlo de la opinión pública y las ideologías, debido principalmente a dos aspectos: Primero, la simple discusión histórica de que el artista debe estar interesado por su tiempo, su contexto o su realidad  y tomar postura o que por el contrario debe alejarse y tomar como vehículo la simple expresión del sentimiento (debate que abordaron filósofos como Sarte o Adorno y un sinnúmero de autores en escuelas como el realismo, con sus respectivos seguidores y detractores). Segundo, porque históricamente muchos artistas han expresado –para bien o para mal– sus posturas políticas. Algunos supuestos apolíticos fueron perjudicados. Borges, al recibir un premio de Pinochet fue un claro ejemplo. Recientemente, el juicio del empresario Julio Correal al cantante Paul Gillman de Venezuela es casi lo mismo, pero desde posturas políticas diferentes. Al primero lo castigó el Nobel por su relación con la derecha, al segundo lo vetaron de un festival internacional por su afabilidad con la izquierda. En ambos casos, gobiernos radicales de carácter dictatorial.

Pero los artistas (rockeros) no han dejado de lado en ninguna época sus posturas políticas. Elvis Presley, incursionó en el ejército para combatir en la Guerra de Vietnam. Bob Dylan en los 60 se manifestó en contra de la misma. El movimiento hippie contra la derecha norteamericana de Nixon. Joey Ramone y su agradecimiento a los partidos republicanos y al presidente Bush. Los Sex Pistols y su anarquía en UK. The Clash y su izquierda sandinista. Iron Maiden con un poster de una Margaret Thatcher recién violada por Eddie. Ted Nugent y sus mensajes anti-progresistas y pro-derecha. Son todos, ejemplo que del rock no se puede esperar mensaje que no incluyan referencias políticas. Lo cual, en ninguno de los casos y hablando estrictamente de arte, significa una reducción de la calidad técnica de sus ejecuciones musicales, más bien, ésto ha ampliado la mirada y la versión de muchos escuchas, acerca de sus propios intereses tal como ha ocurrido con con otras artes, como la literatura donde el rock ha expuesto una conexiona que permite al escucha interesarse por estos temas.

6.      No es un monolito, más bien es como el Big Ban

Y lo nombramos antes, después de 60 años. El rock y –por lo general– la música contemporánea, cambia. Luego de una explosión local tiende a extenderse, a través de ondas u olas. Tiene periodos de reposo y otros de saturación. Cada década presenta su o sus formas y cada vez se aleja más del centro,  se dirige y se renueva en las periferias. El rock nace en EE UU, se dirige a Inglaterra y luego, desde los noventa, estas dos potencias perdieron el predominio del rock. Siguen siendo los mercados tradicionales, pero hace rato que el rock y en especial el metal viven en Europa. Se puede decir que a partir del nuevo siglo los mercados asiáticos, con Japón como centro, consumen mucho más (Japón siempre fue el punto de salvación para bandas de declive). Latinoamérica es el nicho del ‘under’ y con los medios virtuales actuales, prácticamente, no hay sitio donde no se pueda encontrar una banda y un consumidor de rock.

Recordemos los cambios de época: rock and roll clásico en los 50; psicodelia en los 60; hard, heavy y punk en los 70; metal y glam en los 80; grunge y alternativo en los 90; neo y euro en el 2000 y así sucesivamente. Si bien cada género y cada gran movimiento tienen menos duración en los topes de los conteos musicales, ninguna rama del rock muere, sólo se traslada y las periferias la absorben y renuevan. El rock está vivo, pero simplemente ya no es como era en los años que las bandas gringas e inglesas dominaban el mundo.

7.      Ya no es la música de moda, es música más allá de lo mediático

Infortunadamente  será cada vez más raro encontrar bandas multimillonarias en ventas como Metallica, The Beatles, Black Sabbath, entre otras. El rock se ha dirigido a consumos focales y esto agobia a muchos músicos que crecieron escuchando las historias de jóvenes marginales que alcanzaron el éxito y el estrellato mundial saliendo de barrios miserables para vivir en grandes mansiones con las top model del momento. Pero, como hablábamos arriba, el capitalismo disuelve hasta la más sólida producción o movimiento y lo desvanece en sus intereses, porque sólo lo nuevo y aparente es consumible masivamente. La masa exige renovación y espejismos. Sin embargo, esto es un aspecto que ennoblece al rock y a todos sus géneros en estos años de sobrevivencia, porque su carácter ha retornado al arte y, como le viene ocurriendo al jazz, será de públicos selectos e informados. No surgirán estrellas vánales, más bien, hoy se puede afianzar la imagen del rockero como un verdadero músico y su público como un espectro erudito del ambiente consumista.

Cada cuando aparece un supuesto salvador del rock y sus veinte mil veces anunciada muerte, pero esto sólo ocurre en los medios de desinformación, porque todo buen rockero sabe dónde buscar y encontrar miles de bandas que ofrecen lo que busca en diferentes términos de calidad y aprecio de su bolsillo. El rock vive, pero vive más allá de las modas mediáticas, afortunadamente, basta con una búsqueda pequeña en YouTube, Amazon, o Facebook.

Hoy puedes salir por tu barrio y encontrarás un bar de rock, pregúntale al dueño y te informará de cuántos amigos tienen banda y así, poco a poco, podrás dar con alguien cercano a ti que ya tenga una producción de calidad o que esté intentando hacer un disco. Ocurre aquí y en Tunja. Si miras, hasta en Irak, el tal movimiento ‘under’, prácticamente no existe, a menos que seas de una banda de ermitaños sin redes sociales. El apelativo underground se refiere a las agrupaciones que están en proceso de quedarse sin público, que no despegan o que están a punto de alcanzar seguidores. ‘Under’ son todos los grupos incipientes en espera de escuchas. En el black sólo son ‘under’ las que quieren tener un culto y que éste sea un grupo cerrado.

8.      Por lo anterior, ya no se trata de discos

Este consumo global del rock, necesariamente, requiere de los medios actuales y globalizados de consumo. La venta y compra de música hoy, no parece ser de álbumes enteros, sino de plataformas como YouTube, Sound Cloud y todos los canales de distribución digital que han acercado a los músicos de forma independiente a realizar la comercialización de sus productos de manera alternativa y directa, sin intermediarios, estrategia precisa para un público acostumbrado a tener 1.000 canciones en un reproductor portátil. Un álbum entero, al menos que sea demasiado bueno, no cuenta con atractivo alguno. En efecto, la piratería colaboró en este cambio, pero sin duda, cada vez son menos las personas que quieren abarrotar pequeños espacios de su vivienda con miles de discos. Los coleccionistas somos escasos y esto es algo que no parece detenerse. Sin embargo, esto ha podido representar, también, gran independencia para los artistas que han recibido directamente sus ganancias sin pasar por intermediarios.

Algunas olas de remembranza han traído de nuevo los acetatos y los casettes, pero también estos dependen de los flujos económicos y las recesiones. En todo caso, antes de sacar un disco, las bandas nos inundan con sencillos descargables, adelantos, lyrics videos, videos oficiales y casi que un testeo del 90% de la producción, antes de atreverse con un disco en su totalidad. El paradero de todo esto es incierto. No obstante, implica que el mercado exija a cada artista a ser dueño y a controlar su trabajo, desde la imagen hasta la venta, lo obliga a ser exigente consigo mismo antes de dar a conocer sus temas, pues en medio de esta accesibilidad, pasar desapercibido por falta de calidad, es más fácil que alcanzar un número considerable de escuchas.

9.      Así que tampoco es ambicioso, muy a nuestro pesar.

Este golpe también es producto de la masificación y de los medios. Es claro que si se aspira solamente a transmitir un mensaje la calidad musical baje, pues subir un tema a YouTube es cuestión de segundos y por tanto han proliferado las bandas que no sienten temor de sacar cinco copias de un CD quemado en computador o de grabar un video con celular sin importarles el sonido. El resultado, agrupaciones y músicos que se conforman con tocar en el bar de un amigo, concursar en un evento local, alcanzar unas 1.000 visitas en internet, que tratan seguir adelante hasta que se hartan de repetir sus propios temas.

La ambición de las bandas motivaba muchas veces sus experimentos y las ganas de romper esquemas, ser la agrupación más grande del mundo podía implicar la generación de todo un movimiento, una armada, una estética, un ejército de seguidores que llenaban estadios. Sin embargo, esto resulta cada vez más extraño. Si bien, los consumos focales han permitido que la música se dirija y se presente de forma más directas al público, también han mermado las ganas de realizar producciones inmortales que conquisten al mundo.

Las bandas que aún lo logran, tienen al menos 20 años de carrera o deben presentarse en festivales con más de 30 artistas para esperar un público masivo. En los 80 se llegó a hablar de Stadium Rock con agrupaciones como Asia, que dirigían sus composiciones a un público innumerable en vivo, nacieron para tocar en directo. Algunos artistas latinos recogieron eso y alcanzaron momentos de inmortalidad. (Claro que no en Colombia).

Lo curioso es que todas gritan que tienen un mensaje, pero éste es inentendible. Requeriremos de subtítulos en los directos, esto quedará para discusión de las aspiraciones del músico. Antes querían ser dioses, hoy parece que no aspiran a más, que al al retorno de un pago basado en cervezas. Es evidente que en Colombia no se puede ser irreal y que el mercado, como ya explicamos, no sacará a nadie al nivel de un dios. No obstante, se podría esperar más de quienes están encargados de mantener el género, porque esto dignifica al músico y exigirá más del público. ¡Cuánto nos hace falta aprender de Elkin Ramírez!

10.  El rock no está pensando en crear himnos

Por eso mismo, las bandas han descuidado aspectos de la producción y la búsqueda de una carrera larga y contundente. En la actualidad, músicos de todas partes del planeta tienen hasta 5 bandas, las cuales los mantienen activos. Quedamos a la espera del próximo himno que resulte de un trabajo real y no de un impulso mediático que no sobrepasa los 3 álbumes. Los artistas nacionales no pueden seguir lanzado CD quemados y en papel de servilleta. Se requiere una aspiración de cruzar fronteras, los mismos medios actuales así lo permiten. Para ello se debe pensar en componer temas inmortales, porque esta falta de ambición ha generado canciones superficiales. No es falta de talento.

No basta con ser capaces de tocar bien, es importante, además, que se quiera trascender con canciones que lleguen al alma, que rompan las estructuras desde la misma sonoridad. El mal que atenta en contra, es que muchas bandas han sido más originales al inventar géneros (suramericanantillanfolkblack de raíces neopaganas undercore, o alguna vaina semejante) que en las letras y los mensajes que trasmiten en relación con la armonía. Deberían escuchar Bohemian Rhapsody ¡Por favor! Claramente es imposible repetir un tema de este calibre, pero si no se aspira a realizar arte real, el ambiente efímero de una instalación artística en un plaza, tendrá más relevancia que la música que  ha requerido horas de práctica. Colombia ha tenido sus himnos y los repasaremos en otro artículo (Muere libre, Metalero, Solo por ejemplo) ahora que se nos están acabando las bandas pioneras.

De ese legado podemos aprender y como vemos, antes de ser aspectos fatalistas, son cuestionamientos que convocan a entender los tiempos actuales que obligan una adaptación al cambio. Es un momento que aún es motivador, pues tenemos una gran cantidad de agrupaciones musicales emergentes, más músicos destacados y más oportunidades de producir. Se requiere, entonces, ser auto-críticos con nuestra escena y rendir cuentas de lo que se hace, porque tanto músico como público, queremos rock por muchos años y de excepcional calidad.

 

Imagenes tomadas de internet

http://revistakuadro.com/tag/metallica/
http://www.rollingstone.com.co/principales/blog/paul-gillman-yo-voy-a-cantar-no-a-convencer-a-nadie-ni-a-dar-discursos-poli
http://www.gq.com.mx
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