Huella de Venado - Estuario 11

Los cauces del punk y el blues para contarnos la vida en ‘Estuario’: el debut de Huella de Venado


Por: Olugna


Sus cauces se nutrieron de la dicotomía que hace de la realidad de los suburbios algo tan compleja como sencilla. La discriminación, la segregación y el agotamiento hacia un establecimiento que supo marginar a sus guetos —invisibles, quizás, para sectores privilegiados— se convirtieron en los trazos con los que crearon retratos de esas realidades agrestes y en líricas cargadas de injusticias y desahogos, pero, ante todo, de resistencia. El ruido de sus aguas se convirtió en un sello de identidad, en la filosofía de su convicción.

Ese primer cauce nació a finales del siglo XIX en el sur de Estados Unidos; hizo de la armónica una segunda voz y de la guitarra un lamento. El segundo apareció en dos grandes capitales, bastante separadas entre sí, ochenta años después: desafiante, rebelde y contestatario, hizo de los taches sobre sus hombros y de sus crestas exageradas una insignia. La apariencia los define como géneros distantes, pero sus contextos los equipara. El rock n’ roll ya nos había mostrado que podían navegar juntos.

El blues, con sus melodías prolongadas y elegantes, cifró consignas antirraciales. No fue, sin embargo, su único insumo. En los suburbios, por supuesto, también nacen el amor y la decepción; el desencanto y la esperanza; el desafío y la resistencia.


—Con ‘Estuario’ queremos expresar musicalmente lo que esto significa en la naturaleza: el encuentro del agua dulce del río con el agua salada del mar; o sea, el encuentro del blues/jazz con el rock/punk—, nos cuenta la joven agrupación Huella de Venado para presentar su álbum primogénito.

El punk, con su sencillez, visceralidad y agresividad, mostró que las guerras no solo se libran con fusiles, que los puños también son armas viables cuando defender la dignidad es una obligación.


—El ‘Mozkito’ es para rascarse la roncha que dejan las entidades del Estado, las religiones y los dueños del dinero—, señala la banda para acercarnos a su perspectiva punk de la sociedad.

Huella de Venado, agrupación colombiana que construye su identidad sonora desde el cruce entre el blues y el punk, presenta un debut que evoca la llegada de diferentes aguas al mar: ‘Estuario’. Un trabajo que sabe vestirse de traje sin perder el espíritu callejero que, de alguna forma, atraviesa ambas identidades.


Cinco canciones dan forma a ‘Estuario’: cinco expresiones en las que hay lugar para el blues, el punk y el rock n’ roll, pero que en cada una se proyectan desde lugares distintos.

—Mezclamos sonidos entre distorsiones punkeras, bajos de blues, psicodelia y baterías psycho-bailables; de ahí el nombre del EP—, explica la banda.

‘Al fondo del mar’, por ejemplo, es alegre. Su sonido, alojado en la década de mediados del siglo XX, cuando el punk no había nacido y el blues era el cronista de la calle, de la noche y la bohemia, es rápido y festivo. El bajo es protagónico y recrea una atmósfera fiestera. El equipo de prensa define la canción como un «hit de verano» y no se equivoca. Su ritmo es contagioso y su letra optimista. En la ciudad, en medio de sus complejidades, la alegría no se evapora, se convierte en escape.


En ‘Volveré’, segundo sencillo de ‘Estuario’, el punk hace sentir su presencia con fuerza y poesía callejera. Lo hace en los tonos rasgados y en la velocidad de la guitarra. El blues es más sutil, pero se lleva los reflectores en los breves solos de guitarra. El amor, por su parte, es la base lírica de la canción, para decirle a una chica, de manera sencilla, «te quiero besar bajo la luz de luna llena», que nada dura para siempre, pero que todo estará bien, que el protagonista volverá: «nena, me quiero chirriar: volveré pronto».


‘Agua de Manantial’ es una canción blues desde los primeros acordes. Su melodía es elegante y su lírica la acompaña. Los solos de guitarra son prolongados y no se relegan únicamente al intermedio, sino que aparecen entre cada estrofa para reforzar su contenido.


En ‘El Mozkito’ se percibe la coreografía entre el blues, el punk y un invitado que interviene con su bajo identitario: el psychobilly. Es contestataria y metafórica. La agresividad no está en su sonido, sino en la ironía que proyecta sus consignas. El insecto —representación de la política, la policía y otras instituciones que desvían su razón de ser— es una amenaza que ha buscado cómo picarnos.


El cierre de ‘Estuario’, a cargo de ‘Caminaré’, nos regresa al blues, a su melancolía, a su sensibilidad y a sus recorridos nocturnos. Bajo, guitarra y percusiones nos muestran que la longevidad del género ha sido más fuerte que la inundación de expresiones musicales surgidas en distintas generaciones. La fuerza del blues, precisamente, está en su manera de contarnos la cotidianidad.


En ‘Estuario’, las aguas del blues y el punk fluyen de manera natural hacia un extenso, longevo y versátil mar que llamamos rock n’ roll.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador

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