«No tengo más para entregarle que esta canción»
‘Samba mal hecha’ (Gabo Gallego)
Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)
Desde el sillón, el techo es un lienzo. De niño —y todavía— me quedo mirando los puntos, los granos, las pequeñas imperfecciones, hasta que empiezan a tomar forma. La que yo quiera. Ahí caben recuerdos, pero también lo que no he vivido. No hay diferencia. Es cómodo estar así.
Es un desdoblamiento: el cuerpo reposa mientras la mente se aleja. Un destino provisional después de un día largo o el escape de una vida difícil; un refugio frente al caos interno o a las convulsiones al otro lado de la ventana.

Me identifico con el hombre de camisa a rayas que reposa en el sillón con los brazos cruzados. Tiene años encima. Como yo, mira hacia el techo desde el sillón. Su figura se difumina entre los objetos que lo rodean y permanece suspendida entre lo que fue y todavía persiste, lo que se ve y lo que empieza a perderse.
—Para la creación de este álbum me inspiré en mi propia vida—, explica Gabo Gallego para presentar su trabajo más reciente.

La primera forma que aparece en el techo se define en la ruptura. Las huellas que antes se fijaron en el asfalto parecen difuminarse en la arena. ‘Nómada’, la canción que abre el EP ‘Entrópico Distópico’ nos habla desde la soledad.
Gabo Gallego, en este primer instante, contempla desde su voz interna —y quizás más sensata— la sensación de soledad que acompaña la aceptación de que el amor se agotó. El rock en ‘Nómada’ se desplaza de manera sutil entre el soul y el funk; sin embargo, cuando la lírica llega a su descanso, rompe la melancolía con solos de guitarra que se combinan con trompetas y saxofones.
«Caminar para empezar, para sanar, para viajar, para enmendar, para amar, para no ver la vida que dejo atrás».
‘Un lugar común’, segundo instante de ‘Entrópico Distópico’, le da otra forma al amor, una que nos duele, pero que nos permite contemplarlo desde una vista alejada de la idealización. La melancolía, al igual que en la primera canción, camina junto a la reflexión; el soul, como también lo hizo en ‘Nómada’, extiende el sentimiento que proyecta su lírica.
«Es un cliché pensar que por recuerdos nos volvemos eternos»
El ritmo alegre y elegante de la samba moderna —aquella de la que nació el bossa-nova—, juega con la ironía de quedarse corto en el intento de amar y, aún así, entregar todo lo que se tiene a mano, aunque no sea suficiente.
‘Samba mal hecha’ es genuina. Gabo Gallego, en el tercer instante que se dibuja en el techo, expresa un sentimiento que no presume en la utopía, sino que se reconoce en la carencia, como un factor humano y natural.
«Yo no tengo más para entregarle que esta canción. Hoy le ofrezco esta samba, hecha con dedicación».
El soul vuelve a dibujarse. Esta vez en una forma mucho más delicada. ‘Sin tocarte la piel’ es igualmente natural y aborda la tensión sexual que se manifiesta entre los cuerpos. Es erótica y combina, entre sus líneas, la metáfora con las descripciones explícitas, sin perder la elegancia que identifica a sus influencias musicales.
«Quítate la ropa, háblame del viento, tócate despacio y muévete»
La última forma, la quinta figura, es abstracta. El rock, junto al western folk, recrea una atmósfera cinematográfica y desértica en ‘Mixtepec’ para decirnos que es momento de continuar. Es el instante en el que el nómada —el sujeto que mira al techo— está preparado para continuar su rumbo. Quizás, por ello, en la imagen inicial, sus botas negras permanecen al frente del sillón.
«Y en los cielos se posan sobre ti las nubes que cubren lo amargo de este despedir»
—En ese choque, aprendí a reconocer mis errores, mis desaciertos y también los logros que me permitieron escribir una historia de diez años en cinco eventos fundamentales que se hicieron canción—, finaliza Gabo Gallego.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

