UBanda & Frank Alba - VABEM 18

‘VABEM’: un relato compartido de amor y negación por UBanda y Frank Alba


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


La respuesta siempre estuvo ahí. Frente a él, tan sencilla como una mano apoyándose sobre un rostro ajeno, tan clara como una sonrisa o un instante de cariño que no era para él. Las señales fueron evidentes, pero la terquedad tiene la desagradable costumbre de disfrazar la realidad.

Su rostro desconcertado prefiere no observar la escena que transcurre a su lado. Ella, una mujer joven, acaricia el rostro de otro hombre; lo hace con una familiaridad que él conoce demasiado bien. Es un espectador silencioso, pero inadvertido; en otro escenario, él era el receptor de los gestos de amor que en este instante no son para él.


A lo largo del video, dos hombres comparten una historia con la misma mujer. Es un relato de contrastes, de momentos que regresan, de fotografías que conservan recuerdos; de sentimientos que se cruzan, de emociones que se contradicen, de verdades que se intentan postergar.

«No es para mí / que aunque me duela / No es para mí / que aunque la quiera».

Negación: esa es la columna vertebral de ‘VABEM’ (Voy a beberme el mundo), la colaboración entre UBanda y Frank Alba. No la historia de un hombre que pierde una mujer, sino la de alguien que intenta convivir con una realidad que ya conoce; una realidad que aparece en forma de serenata, de recuerdos y de una botella convertida en anestesia para aquello que todavía habita dentro de él.


La obra se mueve sobre los códigos del regional mexicano, un género en el que las heridas rara vez permanecen encerradas entre cuatro paredes. Aquí el dolor se canta, se comparte, se convierte en coros que se gritan con fuerza. Se vuelve una experiencia colectiva que encuentra compañía en las guitarras, en las voces y en la presencia de quienes acompañan una derrota sentimental que todavía se siente como propia.


La elección no deja de ser llamativa. UBanda ha construido buena parte de su identidad alrededor del rock pop; sin embargo, esta colaboración junto a Frank Alba lleva a la agrupación boyacense hacia un territorio diferente. Trompetas, guitarrones, violines y serenatas reemplazan momentáneamente los códigos habituales de la agrupación para explorar una sonoridad más cercana al regional mexicano, demostrando una disposición constante a experimentar con nuevos lenguajes musicales.

«Voy a beberme el mundo en un segundo, a ver si entiendo que ella no es para mí»

La serenata de ‘VABEM’ no funciona únicamente como acompañamiento musical. También opera como una extensión emocional del protagonista. Mientras la historia avanza, las imágenes alternan brindis, recuerdos, encuentros y escenas que parecen confirmar una verdad que él se resiste a aceptar. La música oculta la herida; es compañera del protagonista que intenta convivir con ella.


Es aquí donde ‘VABEM’ encuentra su mejor momento. No en la botella, ni en la rivalidad romántica que sugiere la historia, sino en esa costumbre profundamente humana de discutir con respuestas que ya conocidas. El personaje parece comprender lo que ocurre a su alrededor; sin embargo, continúa buscando una explicación distinta, una posibilidad diferente, una versión alternativa de los hechos que le permita retrasar aquello que, desde hace mucho, es evidente.


Por ello la frase que da nombre a la canción adquiere una lectura diferente. «Voy a beberme el mundo» no suena como una promesa de aventura; es un intento desesperado —y fallido— por silenciar el ruido que producen ciertos pensamientos cuando regresan una y otra vez. El alcohol aparece entonces como una anestesia emocional, una tregua temporal frente a aquello que sigue esperando al otro lado de la botella.

Al final, ‘VABEM’ no habla únicamente de una mujer, de una noche de tragos o de una decepción amorosa. Habla de ese instante incómodo en el que se deja de buscar respuestas y se comienza a comprender que la respuesta siempre estuvo ahí.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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