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Amparo Sandino en ‘Ella’: el retrato y la voz de historias silenciadas


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


Su papel frente al espejo es otro. Está allí por una razón que se extiende más allá del acto simbólico de encontrar en el reflejo aquello que resulta esquivo a la realidad. Ella no tiene edad. Ha tenido doce años o menos; también ha sido una mujer mayor que carga con la huella de un maltrato que creció a su lado.

Jessica —identificada así por Naciones Unidas Colombia— nació en Barranquilla. Tenía doce años cuando su propia madre la sometió a explotación sexual. Hoy tiene 36. «Cuando estás pasando por algo así, el miedo se apodera de ti. Es como si te hubieran atado las manos», recordó al reconstruir su historia en 2020. (+)

Viste de blanco. No pertenece a una clase social determinada. Ha habitado las periferias vistiendo camiseta y tenis; ha sido una profesional admirada.

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Ángela —nombre con el que Reuters Institute protege su identidad— tenía 21 años cuando comenzó su beca en El Espectador. «Hola, ¿te puedo tocar una teta?», le preguntaba un redactor constantemente. Un día dejó de soportarlo y lo enfrentó. Sus compañeros se rieron. La historia no terminó allí. Tiempo después, un editor la citó de noche con la promesa de mostrarle fuentes inaccesibles. Ella no aceptó. Él comenzó a seguirla después de su horario de trabajo. (+)


Su etereidad encarna una conciencia colectiva que expresa lo que ella vivió, vive y ha vivido. Ese flagelo se convirtió en cifras que cambian cada año, en noticias que sacuden los noticieros y en comentarios de redes sociales que suelen ser más crueles que la tragedia que la llevó a convertirse en tendencia, solo para desvanecerse cuando aparece otro foco hacia el cual mirar. Ella ha sido víctima de diferentes formas de agresión.

—Es una pieza que combina emoción y una narrativa capaz de conectar profundamente con el oyente—, comenta Amparo Sandino.

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Frente al espejo donde comienza el videoclip ahora se refleja una joven de cabello rojo. Su rostro no tiene cicatrices ni golpes, pero algo no está bien. Convive con una pareja que encuentra más interés en el televisor que en la mujer que tiene al lado; una forma de violencia que prefiere a agazaparse en la rutina antes de manifestar su crudeza.

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«Es fundamental reconocer las formas en las que actúa un maltratador y darles nombre a esos procesos, para que la víctima logre reconocer las señales», mencionó Marina Marroquí, autora del libro Eso no es amor: 30 retos para trabajar la igualdad y Eso no es sexo: Otra educación sexual es urgente, para RTVE. No es coyuntura. La escritora española fue víctima y en su libro reúne relatos de mujeres violentadas. (+)

La pieza audiovisual que acompaña ‘Ella’, el nuevo sencillo de la artista colombiana, apela precisamente a esa cotidianidad para evidenciar una realidad que conocemos tanto que terminó por convertirse en paisaje. Se entiende por qué Amparo Sandino define a su obra como «un homenaje a las víctimas y un llamado a romper el silencio, transformando la música en conciencia social».


‘Ella’ desarrolla su relato desde la calma del pop latino. La voz limpia de Amparo Sandino narra la historia de una mujer sin nombre, sin edad y sin una condición social definida, pero precisamente por ello capaz de representar a miles de mujeres cuya historia comenzó de manera distinta y terminó atravesada por una misma forma de violencia.

Amparo Sandino – Ella 8

Sin embargo, la verdadera crudeza que no se evidencia en el video, se manifiesta en la letra. ‘Ella’ parte del silencio que acompaña a las víctimas, del dolor que se esconde detrás de la normalidad.

«Ella siempre va con un manto de dolor que refleja en su mirada y en su corazón. Nadie imagino lo que pudo suceder»

‘Ella’ habla del miedo —compañero y consecuencia del maltrato—, de la mano que debía protegerla pero que prefirió aprisionarla, de los intentos inútiles por liberarse, de su propia muerte —en ocasiones, la única salida para una mujer violentada—.

«Porque el miedo la arrastraba cada anochecer. Se perdió entre flores marchitadas de pasión»


—Es un homenaje a todas esas mujeres que han aprendido a levantarse una y otra vez—, agrega Amparo Sandino.

El profanador sabe cómo pasar desapercibido, sabe esconderse detrás de la confianza, de la autoridad, del amor.

«No te quedes allí Ponle punto final De vivir a morir Solo un paso hay que dar»



Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

Cumbiáfrica en ‘Sheel Sheel’

Cumbiáfrica en ‘Sheel Sheel’: la melodía que transforma el zumbido de la guerra


Por: Andrés Angulo Linares (Olugna)


Sumó su voz a la del profesor que interpreta las primeras líneas de la canción. Su rostro está descubierto. El hoodie púrpura estampado con un personaje animado convive con el hiyab que cubre su cabeza. A su espalda, sus compañeros de clase también se unen al coro y, como ellos, miran hacia la cámara del teléfono. Entre todos han dado un nuevo propósito al augurio que zumba sobre sus cabezas y vigila cada uno de sus movimientos, como lo ha hecho desde hace 20 años.


Hace un año, el profesor Ahmed Muin AbuAmsha convirtió la zanana —nombre con el que los pobladores conocen el zumbido de los drones— en un instrumento de viento que da melodía a ‘Sheel Sheel’. Este canto, que nace en medio de la guerra, encuentra en el cardamomo el perfume que desafía el hedor de la muerte que ha dejado un conflicto del que no tienen culpa, del que no tienen cómo defenderse y que ha manchado con sangre su territorio y profanado su cultura. El opresor, desde 1948, ha buscado la excusa perfecta.

No es un canto contestatario. No buscan enfrentarse con sus voces a los misiles, sino algo más valiente, pero más difícil de entender desde la realpolitik: transformar a través de la música el horror que convirtió a Palestina en un Estado huérfano. Ahmed y sus jóvenes alumnos se hicieron virales. A su modo —uno auténtico que sabe que la guerra no es un safari que se retrata en redes sociales— lograron, lejos de titulares llamativos y del algoritmo, preservar su cultura y darle fuerza a su dignidad.

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Fotografía tomada de CDM

Su canción logró sumar voces alrededor del mundo más sinceras que los discursos políticos ansiosos de aprobación y encontró en la diáspora un eco más allá de Gaza. En otras tierras, al igual que Ahmed y sus estudiantes, hay artistas convencidos de que el mayor coraje pertenece a quienes encuentran belleza donde la guerra quiso sembrar el horror. El arte, como la vida, encuentra la forma de crecer en un almendro, en una hoguera o en un dabke; la música también puede nacer de un zumbido.

«Crecen, crecen los almendros / Crecen entre la hoguera / Canela, berenjena con el za’atar»

‘Sheel Sheel’ es una pieza tradicional palestina. La interpretación que el profesor Ahmed Muin AbuAmsha creó junto al coro Gaza Birds Singing, construida sobre la zanana permanente de los drones, la convirtió la pieza en un símbolo de resistencia cultural que terminó recorriendo el mundo.

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En Colombia el zumbido de la guerra sobre las tejas de zinc también se ha sentido, pero el arte se ha negado durante décadas a concederle la última palabra. Cumbiáfrica entiende esa memoria. No toma prestado el dolor palestino ni intenta traducirlo desde la distancia. Escucha una canción nacida entre drones y la deja dialogar con otro país que igualmente aprendió a convertir el miedo en tambor, el duelo en poesía y la resistencia en música.

En la versión de ‘Sheel Sheel’ que presenta Cumbiáfrica también participan el profesor Ahmed —junto a los niños del coro Gaza Birds Singing— y se suma Alé Kumá. En esta adaptación, la lengua árabe encuentra respuesta en el español; dos identidades que no necesitan parecerse entre sí para entenderse y reconocerse en la música.

‘Sheel Sheel’, además da nombre al EP que publicó Cumbiáfrica, del que forman parte ‘Madre Vida’ y ‘Tengo un dolor’

Cantada en árabe, la primera parte ‘Sheel Sheel’, en la versión que presenta el dúo colombiano radicado en España, es la petición de sus pobladores de alejar los drones de sus cabezas; una oración que deja en manos de Dios el honor de las víctimas y la paz que la comunidad palestina desea.

«¡Quita, quita (el dron), oh mi belleza! / ¡Quita! Te encomiendo a Dios. / La sangre del mártir está perfumada con cardamomo, ¡oh, qué noche»


En español, Lina Rojas (MORENITA), responde desde aquellos lugares que la guerra no puede derrumbar ni profanar. El encuentro cultural que supone esta versión es la representación de que la causa Palestina no es ajena a otros territorios que, aunque distantes de su geografía, se identifican con el conflicto en Gaza.

«Crecen, crece el limonero / Se aferra a sus raíces / Olivos que no pueden desenterrar / Suben las almas mientras bailan / El dabke entre las nubes»

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El poder de ‘Sheel Sheel’ —y del arte— no está en detener la guerra, está en su forma de contarla, de encontrar en un zumbido un motivo.


Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.