Samuel Osorio Cantante y productor (12)

‘Tirado en el sofá’ y ‘María José’: la asimetría del amor en la música de Samuel Osorio


Por: Olugna


El vaivén del péndulo se encarga del primer trazo. La luz que atraviesa la ventana durante el día y se apaga en la noche dibuja el segundo. La lámpara y los dos cuadros que se miran de frente, desde paredes opuestas, extienden ese retrato a blanco y negro que comienza a insinuarse. La mesa de centro que cambia de lugar, la taza de café y una partida solitaria de ajedrez sin terminar, suman más capas a la escena. El sofá, fijo en el centro de la imagen, concentra la rutina de la protagonista de un monólogo cuyo público somos nosotros. Desde el encierro, la ausencia termina de tomar forma con el paso indiferente del reloj.

Conversaciones casuales que transcurren en un parque entre un hombre y una mujer que simplemente sonríen dibujan los rasgos iniciales. Largas caminatas de la mano, pequeños saltos en una golosa delineada sobre un andén y otras interacciones espontáneas suman nuevas capas a la escena. El color, desplegado en una estética vintage, fija su atención en la experiencia de una historia compartida. Desde el movimiento, la compañía termina de tomar forma con el paso cómplice del tiempo.

El primer retrato es interpretado en ‘Tirado en el sofá’, canción en la que el tiempo marca el ritmo de quien espera y el espacio se reduce a una habitación que repite —una y otra vez— la misma escena.


El segundo adquiere nombre propio en ‘María José’: el parque, el color y el movimiento trasladan esa historia hacia una frecuencia simultánea. En ambos casos, el cantautor colombiano Samuel Osorio toma dos momentos distintos de la experiencia afectiva y los convierte en canción.


La cámara fija, en ‘Tirado en el sofá’, cumple el rol de un voyerista que nos acerca a la intimidad de su protagonista. En oposición, las tomas de ‘María José’ surgen en espacios públicos. Si ampliamos el espectro de ambas historias, veremos que son retratos paralelos del dolor que se lleva adentro y de la felicidad que se muestra sin reservas.

Las dos canciones integran el EP debut del cantautor bogotano Samuel Osorio, un proyecto cuyo título toma su nombre de una de ellas: ‘Tirado en el sofá’. El propio artista ha dicho que esta etapa de su vida se cristaliza en estas composiciones, en las que trata de registrar situaciones cercanas y convertirlas en algo que resulte, a la vez, reconocible y profundamente sentido.


Según Osorio, ‘Tirado en el sofá’ nació de la experiencia de un amigo cuya relación no pudo avanzar porque los tiempos de cada quien nunca coincidían. La canción se despliega desde guitarras y elementos que remiten al folk, con violines, guitarra lap steel y percusiones que pintan un paisaje sonoro en el que la ansiedad se define desde la quietud, desde la tensión que provoca una soledad impuesta por las circunstancias.

Por su parte, ‘María José’ surgió de su propia historia, cuando el cantautor conoció a su pareja. En este tema, el sonido oscila entre lo ochentero y lo contemporáneo; sintetizadores y guitarras se entrelazan para generar un espacio en el que se respira tranquilo. En las imágenes del video, capturadas de forma analógica, aparece esa sensación de alegría compartida en un parque de Usaquén (Bogotá); un entorno urbano transformado por la memoria y tomado por la música, desde sus diferentes expresiones.


Confluyen en estas dos canciones una curiosa simetría: una se activa desde la quietud y la otra desde el movimiento, pero ambas registran la misma intención: acercar al oyente a una emoción concreta, sin grandes declaraciones ni artificios innecesarios. Tal como el músico lo ha expresado, su propósito es que quien escuche pueda reconocer que las experiencias habituales —felices o difíciles— también pueden convertirse en materia de creación.

Esa búsqueda también se traduce en una paleta de influencias diversas. Las referencias de Osorio, que van desde Juan Pablo Vega hasta Bon Iver o Earth, Wind & Fire, muestran una inclinación por las texturas musicales que permiten entrelazar folk, soul, pop y matices más atmosféricos dentro de un mismo universo sonoro.

Al final, lo que queda no es una definición del amor. Quedan las escenas: una cotidianidad reducida a cuatro paredes y una ciudad abierta a todo lo que aún puede ocurrir en ella.

El péndulo continuará su vaivén.



Sobre Olugna

Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

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Polonuevo: florecer en un mundo sin dolor

Revista: Una mirada poética desde el Atlántico



Por: Jorge del Río


Un patio de Colegio como escenario de un encuentro. Un piso adornado con mangos, parecen estrellas que han caído, demostrando la riqueza y abundancia que promete esta tierra agrícola encomendada al patrono San Pablo.


Es el momento del receso escolar y los gritos de los estudiantes retumban los oídos de quien les vende empanadas y gaseosas en la cafetería. Nos alejamos del caos para reunirnos con las y los participantes protagonistas de este encuentro, y de repente nos confrontamos con un paisaje compuesto por un pilón de pupitres que tratan de escapar del óxido que les quiere carcomer. (Esa escena me remitió inmediatamente a una gran obra de la artista colombiana Doris Salcedo que lleva como título: 1550 sillas, una topografía de la guerra, del año 2003).

Este entramado de metal se retuerce ante la mirada solar, componiendo una armonía caótica, como una señal o símbolo de que el olvido desintegra todo aquello que nos soporta.

Yasleidy Bayona sonríe sin mostrar sus dientes, sus ojos parecen esconderse detrás de unas gafas formuladas con filtro UV. Ella protagoniza una imagen cotidiana, pero disiente, reflexiva y consciente, con la fuerza que caracteriza a una adolescente que desea devorarse al mundo. Toma uno de los pupitres chatarrizados, se sienta con un cuidado tan impecable como su uniforme de colegiala; escoge un libro y empieza a escribir sobre un cuaderno mientras que su timidez se escapa por la tinta que se derrama sobre una página emblanquecida. Su mensaje es claro: el estudio debe estar en primer plano, es lo único que nos salva de la ignorancia y de la violencia, esa misma que pretende esparcirse por el campo y la ciudad. 


Yasleidy sueña, como muchos, con lograr una carrera universitaria para demostrar que una estudiante puede convertirse en una defensora y escudera de acciones que se definen por construir un mejor futuro para todos.

Gracias al ánimo de Yasleidy otra adolescente se anima a hablar, su nombre es Asheleth Castro. Su sonrisa es explosiva. Le acompañan un par de hoyuelos en sus mejillas, parecen huellas que el tiempo le ha ido pronunciando gracias a su expresividad. Ella nos advierte ser la reina del colegio: título ganado por su carisma, simpatía y talento. 


Rompiendo con su timidez, Asheleth nos invita a conocerla con sus trajes de bailarina carnavalera. Es así como, en un horario fuera del académico, emprendimos una visita a su casa para conocerla de cerca y también a sus padres quienes le han apoyado con orgullo y confianza.

Nuestra anfitriona saca de una bolsa unos coloridos trajes. inmediatamente escoge uno color rojo con apliques dorados, botas altas, un penacho emplumado y unas alas que funcionan como un recordatorio del deseo que en ella habita: el de poder volar detrás de sus sueños.


Irrumpiendo las calles con poses que elevan sus pensamientos hacia el cielo, pareciera que sus botas metalizadas le propulsaran como cohetes; sus cejas pobladas se armonizan y se asemejan a las alas de sus anhelos, suspira con disimulo. La alegría la posee al transformarse en una reina que florece de un mundo donde no habita el dolor.


Luego, con ligereza, pero con el cuidado debido se cambia de traje bajo la complicidad de su cuidadora. De repente se convierte en una cumbiambera de falda larga, con colores verde y magenta. Camina descalza por tres cuadras de las calles pueblonueveras, elige una casa despojada y empieza a planear una coreografía performática, rítmica y mística. Solamente ella podría lograrlo. Y fue allí, donde la poesía a ella la poseía. Sus pies se escondían debajo de su falda y el telar de su vestuario se camuflaba con las plantas invasoras que adornaban el escenario abandonado.

Comprendimos que el movimiento al ritmo del tambor nos hace entrar en trance y que así nuestra mente se alejaría de lo indeseable, acercándonos cada vez más a la verdad que todos buscamos.




Participantes

  • Asheleth Castro
  • Yasleidy Ballona
  • Santiago Mendoza
  • Luis Fernando
  • Luis J Álvarez
  • Camilo Céspedes
  • Ángel Durán
  • Édison Pineda
  • Daniel Mesa
  • Jesús Muñoz
  • Andrés Pineda
  • Edier Sanjuan

Agradecimientos

Institución Educativa Técnica San Pablo de Polonuevo | Maestra Tania Orozco


Jorge Ríos Loaiza (Del Río)

Mi trabajo investigativo busca un acuerdo con la belleza en sus lugares donde nada parece acontecer, o simplemente lo nefasto se ha tomado el terreno. No trato de embellecer el mundo, mucho menos maquillarlo; mi anhelo es que se reconozca con sus imperfecciones, errores y horrores. Trato de transformar las realidades desde la interioridad de cada ser, cada paisaje o cada historia que se descubre ante un camino que ha sido abierto a machetazos.


Fundación Laboratorio Amarillo

Con la idea inicial de democratizar el arte, buscamos promover el pensamiento crítico, la libertad y la confianza entre las comunidades; capaces de mostrarse ante el mundo desde cada mirada sensible y honesta, utilizando la poética como un recurso que nos permite entender que cada gesto y cada instante no solo son memoria viva, sino que, además, puede transformarnos y llevarnos de una utopía a una realidad posible, que canalice el tejido social y las acciones metamórficas creativas por la Paz.