La victoria de Álvaro

Álvaro

Todos los problemas de nuestro país se solucionan de manera inmediata al mencionar detonantes como: Guerrilla, izquierda y Venezuela

Por, Jessica Yulieth Chávez Molina

Es un poco macondiano hablar de la realidad social de Colombia, aquellos que viven del rebusque y cultivan nuestros campos, exigiendo ser escuchados y que se les garanticen derechos. ¡Los motores del progreso social en Colombia exigiendo derechos! (O sea marica, ¡qué boleta!), estos salen a las calles de manera pacífica a protestar, pero son ignorados por el aparato estatal y quienes actúan en su nombre haciéndose llamar “gobernantes”, (gente inepta, corrupta e indolente).

Sin temblor en la mano para disparar el fusil asesinan a nuestros estudiantes en las marchas, sin temblor en mano para accionar el fusil, los ‘paras’ armados e investidos de legalidad, amparados por el Estado, siguen asesinando a nuestros líderes sociales, activistas, defensores de derechos humanos y a cualquier ciudadano que pronuncie la palabra paz (eso aquí en Colombia es un pecado capital y quien lo hace, corre el riesgo de ser declarado de manera inmediata objetivo paramilitar). Lo más aberrante de estos vejámenes es que la sociedad es cómplice, así como lo es el Estado, todo queda en el olvido, todo queda dentro de la normalidad en esa sociedad “de bien”. Estoy completamente convencida que hay que resignificar los términos “gente de bien”, porque ahí, hay mucho hijo de puta metido.

Tan macondianos somos, que aún se sigue gestando la ideología fascista del patrón del mal. Sí, así como lo leen: el PATRÓN DEL MAL, ¿o qué otro nombre podría recibir Álvaro Uribe?, alguien que sigue inyectando odio, que sigue con sed de sangre, un experto haciendo apología a la guerra, en cuyo gobierno ocurrieron las masacres más dolorosas y temidas y en el que aparecieron muertos jovencitos vestidos con botas pantaneras nuevas, quienes fueron reportados como unos monstruos sanguinarios de la guerrilla. Al parecer, todos los problemas de nuestro país se solucionan de manera inmediata al mencionar detonantes como: Guerrilla, izquierda y Venezuela, palabras mágicas con las que buscan desviar toda nuestra atención, es así como todos los escándalos quedan en el olvido, sin mencionar el apoyo de los medios de comunicación, ¡Unos expertos de la distorsión!

Señor, señora, joven, ¿Cuánta indolencia con el pueblo querrá seguir leyendo y viviendo? Le informo que las comunidades indígenas están siendo masacradas, revictimizadas y amenazadas. Así son tratados los que, con sus manos, nos generan bienestar, ¡como unos terroristas! Sin mencionar que la dra. Cabal dice de manera descabellada que estos son dueños del 75% del latifundio en Colombia, ¿De dónde sacará estas cifras?, si bien nos dice la historia que en el gobierno del senador Uribe fueron despojados de forma violenta (víctimas del desplazamiento armado) ¿A cuántos masacraron para quitarle sus parcelas?  ¿Con cuántas cabezas de campesinos jugarían? El expresidente, por otra parte, al borde del desespero y con sed de sangre de los colombianos afirma de manera “chévere”, a través de su cuenta de Twitter:


“Si la autoridad, serena, firmé y con criterio social implica una MASACRE es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”.

En este sentido, se legítima la masacre como una forma de defensa ante un pueblo armado con piedras y machetes, envuelto por la miseria, el hambre, y jodidos hasta la madre por unos gobernantes a los pies de la corrupción. ¡Vaya forma de amenazar!, ¿no?

En este orden de ideas, también les cuento que el lunes 8 de abril cuando me desperté, agarré mi celular y comencé a leer noticias, dentro de estas, una me puso los pelos de punta: el presidente Duque dijo que ya hay un millón de colombianos que harán parte de una “Red Cívica” (colaboradores de la fuerza pública) (Clic para mayor información) ¿De dónde salió ese “bulto” de gente?, ¿será que ya le tienen trabajo a todos esos desmovilizados de las AUC? Pero, esta vez, investidos desde la legalidad de aquella de mano dura y de corazón grande, actuando con pasos firmes y serenos ¿A eso se refería Uribe? ¡Qué temor! Pero más temor, dolor y rabia sentí cuando al día siguiente, mi amiga Renata pública, dentro de sus estados habituales de Facebook, lo siguiente:

“Cuando los paramilitares entraron a mí casa a masacrar a la familia entera (esa era la intención durante el atentado contra mi padre sindicalista, en medio del cual murió mi hija Alejandra) en Montería, en 1996, llegaron trotando con paso firme y con toda la tranquilidad, de eso me acordó Uribe cuando dijo: La autoridad, serena, y firme”

¿No les da dolor leer estas realidades, muchas ya en el olvido?, ¿no les causa repudio que este señor siga amenazando y jugando con el hambre de los nuestros? Y sí señores, esto es una ¡amenaza!, aunque le quieran dar otro enfoque. Para ampliar el término de masacre, este es utilizado para referirse a un tipo de asesinato, habitualmente de varias personas, caracterizado por la indefensión de las víctimas, en este orden de ideas, al expresidente, tildado de anciano, enano, paraco, traqueto y machista, se le deben abrir al menos dos investigaciones desde los ámbitos penal y disciplinario: la primera por hacer apología al delito de genocidio (masacre), la segunda por ser un servidor público que incita a estos actos.

Esta columna de opinión fue escrita a pulso, un pulso que no tiembla para contar la verdad, va escrita en honor a todas las víctimas del Estado y del ‘paraco’, va en honor a la memoria del valiente sindicalista monteriano, y de Alejandra, la hija de mi amiga Renata, ni perdón ni olvido. Esto es por ti, y por ustedes.

Por, Jessica Yulieth Chávez Molina

Sincelejo-Sucre

Abogada en curso

Corporación Universitaria del Caribe Cecar

Jessica.chavezm@cecar.edu.co

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