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Los muchachos de primera línea

«Esa sangre derramada está llenando de más indignación y valor a los que sobreviven. Por eso no se van»

(Cali, Valle del Cauca, Colombia)

Por, Raúl Ramírez

Ellos siempre estuvieron allí: olvidados, relegados, agazapados, vilipendiados, señalados. Sí, siempre estuvieron, en las esquinas soñadoras, en las casas sin norte, en las afueras de las universidades, en el asfalto de los empleos. Los mirábamos pero no veíamos sus angustias, hasta nos molestaba poner atención a sus carencias, a sus hambres, a sus dolencias sin hospital.

Por la Ciudad de Cali, la avenida en donde están desparramados sin orden, la “gente de bien” evitaba pasar: a lado y lado de la vía se divisan sus miserias, ese submundo de excluidos que fue creciendo a pasos agigantados sin que lo notara el perfume del burócrata; o mejor sí, lo notaba en época electoral a donde llegaban para comprar sus conciencias con monedas.

Hoy esos muchachos salieron de sus miedos, descubrieron su valor, despertaron su dignidad; y eso sí que asusta a quienes los miraban para esclavos, para electores de la decadencia.

Desde el 28 de abril esos muchachos son protagonistas de la historia caleña: como nunca antes se han parado ante la máquina de muerte enviada por quienes quieren siempre gobernar sus vidas. Los veo con improvisados escudos, con vetustos cascos, con trapos raídos y gafas rotas, enfrentando al poderoso Escuadrón de la penumbra. Los he visto sin víveres pero muy alimentados de razones, sedientos pero embebidos de rebeldía. Se paran en sus barricadas convencidos de que defender un centímetro de esa calle es un acto heroico contra la barbarie. Con su arsenal de palos y piedras enfrentan la bomba lacrimógena, la granada aturdidora, el disparo canalla.

En Cali ya han caído cerca de treinta de ellos. Jóvenes que nunca pensaron que por reclamar sus derechos les fueran a incrustar una bala en el pecho o en el cráneo. Lo que no sabe el verdugo de estos muchachos asesinados en primavera, es que esa sangre derramada está llenando de más indignación y valor a los que sobreviven. Por eso no se van. Por eso siguen en los bloqueos. Por eso persisten y se pelean los puestos en la Primera Línea.

Cali y sus habitantes deben acercarse a estos jóvenes, escucharlos, entender sus realidades. No hacerlo es propiciar más estallidos sociales, perpetuar la segregación social.

Y los gobernantes, ellos que se bajen de esa nube, que salgan de esa burbuja, que entiendan que cuando la juventud despierta es porque llegó la hora de los cambios.



Raúl Ramírez

Periodista, afirma que en lo que nunca se equivocó fue en la escogencia de su profesión. Con ella ha escudriñado la esencia humana, lo bajo del de arriba, la altura del débil. Trabajó en diferentes noticieros de tv como Caracol, RCN, Canal Capital, Noti-5, Canal 2 de Cali, Canal Univalle. Desde hace varios años hace periodismo independiente. Egresado de la Universidad Rusa de la Amistad con los Pueblos, de Moscú, es un convencido de que en este mundo hay un déficit enorme de amor y paz. He ahí el reto: ¡construirlo!

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