Tres medios que han documentado la escena rockera de Bogotá compartieron con Eduardo Arias sus recuerdos y lecturas sobre el festival.
Rock al Parque llega a sus 30 años como parte de una historia que Bogotá también ha escrito desde sus barrios, sus escenarios, sus públicos y sus medios. En ese recorrido, la prensa musical independiente ha funcionado como un archivo paralelo de artistas, conciertos, procesos y escenas que no siempre encuentran espacio en los medios generalistas.

La historia del festival también puede contarse desde quienes lo han vivido y documentado durante décadas. En una conversación realizada para Revista Cambio y moderada por Eduardo Arias, Adriana Salcedo Valencia, directora de Rock-Art; Jasa Rehm, director de Oscura Radio TV; y Andrés Angulo, director de Rugidos Disidentes, compartieron recuerdos y reflexiones alrededor de tres décadas de Rock al Parque.
«Rock al Parque es el hijo rebelde de Bogotá», planteó Andrés Angulo durante la conversación. La frase resume una relación que comenzó en los años noventa, cuando el festival abrió un espacio público para una escena que buscaba alternativas frente a los circuitos comerciales y a la estigmatización que todavía rodeaba al rock.
Adriana Salcedo recordó su primera asistencia en 1998, poco después de terminar el colegio. Para ella, uno de los elementos que permanecen en la memoria es el encuentro de públicos y culturas diferentes en un mismo espacio.
Jasa Rehm ubicó su primer Rock al Parque en 1997 y recordó el impacto que producía descubrir que detrás de la radio comercial existía una escena underground mucho más amplia.
Pero la historia de Rock al Parque no se limita a los escenarios. Durante la conversación también apareció la crisis que atravesó el festival a finales de los noventa y la respuesta ciudadana que permitió defender su continuidad. La movilización de jóvenes que recogieron firmas mostró hasta qué punto el evento había dejado de ser únicamente una programación musical para convertirse en una causa cultural de la ciudad.
Las escenas que existen detrás del festival
Esa apropiación ciudadana se relaciona con otro de los temas abordados: las Mesas de Rock. Jasa Rehm explicó el papel de estos espacios de participación local, donde músicos, ensayaderos, emprendimientos y otros actores de la escena se encuentran para desarrollar procesos culturales y hacer seguimiento a asuntos relacionados con el sector.
Desde esa perspectiva, Rock al Parque es apenas una parte de un ecosistema mucho más amplio. La escena también se construye en los barrios, en las salas de ensayo, en los escenarios independientes, en los procesos de formación y en los medios que registran aquello que ocurre fuera de las tarimas principales.
La conversación también permitió cuestionar una idea recurrente: que el rock desapareció. Los participantes señalaron que la menor presencia del género en determinados espacios comerciales no significa que la escena haya dejado de existir. Su actividad continúa en diferentes circuitos y encuentra nuevas formas de circulación y encuentro.
Jasa Rehm llevó esa discusión al terreno de la memoria material al hablar del lanzamiento en CD de un compilado dedicado al rock y el metal colombiano. El formato físico, explicó, conserva elementos como el arte gráfico y una memoria tangible que no tienen la misma presencia en los archivos digitales.
Tres décadas y una pregunta hacia adelante
Con 30 años de historia, otro de los asuntos planteados fue el futuro del festival y su relación con la escena local. Los participantes señalaron la necesidad de mantener espacios significativos para las agrupaciones bogotanas y evitar que la presencia internacional termine desplazando el propósito de fortalecer los procesos que nacen en la ciudad.
También apareció una idea relevante para las bandas: Rock al Parque no debería convertirse en la meta definitiva de una carrera artística. El festival puede funcionar como una plataforma dentro de un proceso más amplio de formación, circulación y construcción de públicos.
En esa misma línea, la invitación fue a mirar la programación completa y llegar temprano a los escenarios. Detrás de los nombres más conocidos existe una generación de agrupaciones que todavía está construyendo su trayectoria y que necesita encontrar públicos más allá de sus circuitos habituales.
Treinta años después de su primera edición, Rock al Parque continúa siendo una historia en construcción. La conversación de Revista Cambio permitió revisarla desde tres medios que han dedicado parte de su trabajo a registrar la escena: Rock-Art, Oscura Radio TV y Rugidos Disidentes.
Sus archivos, entrevistas, coberturas y publicaciones forman parte de esa memoria dispersa que permite reconstruir la historia del rock desde múltiples lugares. En un festival que ahora también desarrolla exposiciones, publicaciones, archivos ciudadanos y espacios dedicados al periodismo musical, esa labor adquiere una dimensión particular: contar lo que ocurre mientras la historia todavía está sucediendo.

