«Obstruyes la rampa, de volada, no te tardas. Mi tiempo como quiera, que se lo cargue la chingada»
‘Furia Disca’ (Guz Guevara)
Por: Olugna
Para Driss, nacido en las periferias parisinas y en libertad condicional, Philippe, el aristócrata maduro con cuadriplejia, era su igual; un hombre como él, pero dotado de unas extremidades de acero con las que podía recorrer las calles de la capital francesa y disfrutar —al igual que todos— de sus parques, canales o cafés.

El bebé de José y Yolanda nacería con una discapacidad cognitiva. Su padre, una vieja gloria del deporte, desde la negación enfoca su atención hacia sus otros hijos. Su madre, por el contrario, estuvo presente, acompañándolo en sus sueños. Ángel solo era un niño y —al igual que todos— tenía un sueño.

Isaac, con síndrome de Down, nació en un vientre prestado. Su talento para la música no conocía de discapacidades y no le importó que su padre biológico lo hubiese rechazado; esto tampoco fue una limitante que truncara su vida.

Como Intouchables, Ángel de mi vida o Talento millonario, una buena cantidad de películas —desde el cliché, la vida real o el deseo aspiracional— han abordado la discapacidad desde distintos lugares: el vínculo, la familia, la validación. En todas, de una u otra forma, hay un sistema que termina por absorber la diferencia, que la clasifica, que le da un lugar.
Sin embargo, en la calle ese lugar no está dado. No hay una narrativa inspiradora que resuelve ni estructura que al final acompaña. Las personas con discapacidad deben arreglárselas para hacer habitable una ciudad que también les pertenece, pero que insiste en no reconocerlas o, peor aún, en obstaculizarlas. No se trata de integración, sino de un estado fricción constante; de cuerpos que tienen que negociar —una y otra vez, hasta el cansancio—, su derecho de usar la ciudad.
El color verde encendido resalta sobre la bicromía. Es una escena recurrente en Latinoamérica, en la que las vías de hecho cumplen el papel que la ley se niega a asumir y la sociedad persiste en ignorar. El video es una recopilación de diversas escenas en las que ha participado el Movimiento de Personas con Discapacidad; la canción señala una cotidianidad que, a menudo, es indiferente y, cuando voltea a mirar, suele hacerlo desde el lugar repulsivo de la compasión.
—Algunas son del Recorrido del Orgullo Disca y otras de nuestra participación en la Marcha del Orgullo LGBT con el contingente de personas queer con discapacidad y aliades—, explica Guz Guevara.
Es ‘Furia Disca’, sexta canción del EP ‘Inválido’, en la que Guz Guevara canaliza la frustración detonada por una cotidianidad normalizada.
—Estaba enojado porque había pasado un grave accidente que rompió varios huesos de mi cuerpo, ocasionado por la mala condición y falta de accesibilidad de las calles de la Ciudad de México—, explica Guz Guevara.
La catarsis encuentra su camino. Algunas veces con letras vociferantes y melodías agresivas; en otras, desde la palabra directa. En ‘Furia Disca’, el artista mexicano la asume desde una letra sencilla de digerir y desde el contraste de un ritmo pegajoso que tiene matices de cumbia con influencias del trap, el reguetón y el pop urbano.
—En esta ocasión tuve la necesidad de hacerlo a través de una cumbia rebajada. Normalmente lo hago a través de conferencias, talleres, columnas de opinión. Tocaba probar otras vías—, explica el artista.
«Me urge un sanitario, y tú en el baño disca, todo desparramado, ¡mientras yo me estoy cagando!»

—Tenía que canalizar esa furia, esa pasión y esa ira mal encausada. Entonces la convertí en una canción bailable que incita a las poblaciones con y sin discapacidad a desatar y canalizar su propia furia—, amplía.
Como gesto político y social, ‘Furia Disca’ también asume una posición. Cuestiona desde ejemplos fáciles de reconocer. Pone en evidencia el uso de lo público, donde lo individual termina afectando lo colectivo y, en este caso, a la población con discapacidad.
—En el sistema capacitista en el que vivimos. Durante siglos han menospreciado nuestros cuerpos al punto de exterminarlos. —Señala y agrega—. Lograr nuestra inclusión y participación continúa siendo una irrealidad.

Desde hace tiempo, lo que en el cine se resuelve sigue sin encontrar lugar en la calle. ‘Furia Disca’ y otras tantas canciones no deberían ser necesarias en una ciudad que se siente orgullosa de ser incluyente, pero que sigue dejando a muchos por fuera.
Sobre Olugna
Cada crónica es un ritual. Quizás suene demasiado romántico, pero así es. Así soy yo, complejo y trascendental; sensitivo y melancólico, pero entregado a una labor que, después de algunos años, me ha abierto la posibilidad de vivir de mis dos grandes pasiones: la escritura y la música. A la primera me acerqué como creador, a la segunda –con un talento negado para ejecutarla– como espectador.

