La colaboración dirigida por Juancho Valencia cruza dos universos musicales colombianos y lleva una canción emblemática hacia nuevos territorios rítmicos.
Aterciopelados suma a Puerto Candelaria a una nueva interpretación de ‘Baracunatana’, construida sobre cambios de ritmo, juegos vocales y una mezcla de rock, electrónica e improvisación. La propuesta conserva el carácter irreverente de la canción original, pero introduce una sonoridad tropical que encuentra su punto de fuga en la guaracha planteada por Héctor Buitrago.
Bajo la dirección musical de Juancho Valencia, la versión conecta la energía de una discoteca popular con el espíritu de una papayera futurista. Andrea Echeverri mantiene la personalidad guapachosa de la interpretación original, mientras Zafra, voz de Puerto Candelaria, aporta una retahíla rítmica y juguetona que se integra a la identidad experimental de la agrupación antioqueña.
Los cambios de ritmo y los juegos vocales conducen la canción hacia una lectura que combina humor, baile y libertad creativa. El encuentro entre ambas agrupaciones amplía el paisaje sonoro de ‘Baracunatana’ sin desprenderse de la actitud irreverente que ha caracterizado a Aterciopelados.
La publicación coincide con la celebración de los 30 años de ‘La Pipa de la Paz’, álbum de Aterciopelados que será homenajeado con un concierto el 30 de octubre en el Movistar Arena de Bogotá. La presentación contará con invitados como Beto Cuevas, Anita Tijoux, desde Chile, y Manuel Medrano, desde Colombia, en una celebración del disco y de su lugar en la historia del rock colombiano y latinoamericano.
La historia de ‘Baracunatana’ antecede a la lectura rockera de Aterciopelados. La canción fue compuesta por Leonidas Plaza y popularizada por Lisandro Meza a comienzos de los años ochenta. Su título y parte de su letra recurren a expresiones de la jerga popular caribeña que despertaron curiosidad entre los oyentes. En 1996, Aterciopelados la incorporó a ‘La Pipa de la Paz’ y la llevó a otro público, con una interpretación que la prensa describió como una versión de una cumbia colombiana clásica atravesada por la actitud del rock.
La versión de Aterciopelados también nació de una reconstrucción poco convencional: Andrea Echeverri y Héctor Buitrago recordaron que solían cantar canciones populares que escuchaban durante su infancia, pero no recordaban por completo la letra de ‘Baracunatana’. Para grabarla, decidieron trabajar desde esa memoria, sin volver a escuchar la versión de Lisandro Meza, e incorporaron expresiones como «garulla, retrechera, abeja, morronga». Esa apropiación convirtió el juego verbal de la canción en parte central de su identidad rockera y dejó un ejemplo de cómo una composición de la música popular colombiana podía transformarse al pasar por el lenguaje de otra generación

