El primero de Diciembre del año pasado volvió a suceder, era de esperarse. A pesar de las múltiples campañas realizadas por la alcaldía y diferentes entidades públicas y privadas, a la media noche Medellín estalló de nuevo, como ya es costumbre desde hace unos 14 años.
Por, Erika Molina Gallego
El primero de diciembre del año pasado volvió a suceder, era de esperarse. A pesar de las múltiples campañas realizadas por la Alcaldía y diferentes entidades públicas y privadas, a la media noche Medellín estalló de nuevo, como ya es costumbre desde hace unos 14 años.
Antioquia por lo general ocupa el primer lugar en número de quemados con pólvora durante las fiestas decembrinas, no aprendemos. No funcionan las prohibiciones, las multas, ni la vigilancia, porque como cosa rara, la policía se hace la de la vista gorda. Que somos los más emprendedores, los más innovadores y los más “verracos” tal vez sí, tal vez no, depende de muchas cosas. Lo que sí es claro, es que de memoria estamos muy mal y que si la intención es demostrar poderío, ésta definitivamente no es la forma.
Campañas como No le metas fuego a la Navidad y la Huellatón no fueron escuchadas y aunque para muchos esta práctica ha menguado, la verdad es que la última noche de noviembre sigue siendo una pesadilla, una noche larga para una gran cantidad de personas, en especial para quienes tienen en sus casas niños pequeños y mascotas.
Aunque muchos de los que se divierten ruidosamente con este penoso evento piensan que es una “tradición” que ha estado desde siempre en Medellín, la realidad es que no es así, y su origen en lugar de ser motivo de celebración, debería ser motivo de vergüenza y tendría que ser erradicado por completo y de raíz, como muchas de las cosas que hacemos en Colombia casi por inercia, sin tener en cuenta de dónde vienen, cuándo nacieron o quiénes fueron sus creadores. La Alborada no nos identifica, lo hace con aquellos que quisieron sembrar en nosotros la sombra del mal, y que tristemente, lo lograron.
En 2003 Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’ llenó a Medellín de pólvora para celebrar la desmovilización del bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia ―AUC. Las explosiones fueron largas y ruidosas y tristemente se han repetido año tras año hasta la actualidad. Somos un país sin memoria, no sabemos o no queremos saber, y a pesar de todas las razones de peso que existen para dejar de lado esta penosa herencia que nos dejó el paramilitarismo, seguimos disfrazándola de fiesta, de tradición, casi de patrimonio. La hipocresía nos consume, mientras nos indignamos porque en el exterior no nos bajan de “traquetos” y nos tratan con toda clase de improperios y todos los días nos quejamos, de la delincuencia, de la violencia, de la corrupción, de todo, hacemos apología al delito en cuanta ocasión encontramos.
En esta práctica de bienvenida al mes de diciembre, no hay distinción entre jóvenes, adultos, e incluso niños, las emergencias no se hacen esperar y los quemados van a parar a urgencias amargando la navidad de ellos y de sus familias. Las excusas son muchas, la más escuchada: “diciembre sin pólvora no es diciembre”. Las redes sociales son inundadas de imágenes y videos de luces y explosiones por toda la ciudad, se presumen con orgullo, como si fuera un logro, una medalla, un reconocimiento, algo digno de mostrar.
Los quemados no son las únicas víctimas, los animales y el medio ambiente son los más afectados. Las mascotas se estresan, se desesperan y hasta pueden llegar a sufrir paros cardiacos, pues su capacidad auditiva es mayor a la del ser humano, las aves se desorientan, huyen de sus nidos y en muchos casos no regresan, y el aire de Medellín, ya bastante deteriorado, se cubre de tóxicos, mismos que van a parar a los pulmones de todos los ciudadanos, incluso de aquellos que odiamos la bendita alborada.
La quema de pólvora además de ser dañina y peligrosa, es ilegal, y esto todos lo sabemos, pero aquí todos somos “muy vivos” y no falta el vecino, el amigo y hasta el “tombo” que la consigue, eso es lo de menos. El placer y la adrenalina que genera lo prohibido nos consumen, y las explosiones más que para celebrar, retumban con fuerza para demostrar a las autoridades que al final, siempre hacemos lo que nos plazca.
Esto no es Medellín, al menos no es lo que siempre fue, no debe ser lo que aprendan las nuevas generaciones, ni lo último que recuerden los viejos antes de morir. Medellín es belleza, calidez, amabilidad, solidaridad, un lugar en donde todos se sienten como en casa, es el chocolate de la abuela, y sus interminables historias, es campo y ciudad, debe ser civismo y educación, y aunque ya hemos logrado mucho después de años de estar sumidos en un terrible lodazal, terminar con prácticas como La Alborada sería un paso más hacia la libertad que tanto añoramos, una real, sin restos de la anticultura que nos dejó el paramilitarismo.
Por, Erika Molina Gallego
@Erikamolina122

Sin embargo, el objetivo se centró en la acción pedagógica con los jóvenes, desde los esfuerzos conjuntos de la Red Educativa para la Calidad Regional de la Enseñanza y el Aprendizaje (R.E.C.R.E.A), la Alcaldía Municipal de La Mesa y la incorporación para este año de la Fundación Jóvenes Talentos de Colombia, que se ha propuesto incentivar la formación musical desde el Rock en el pueblo y apoyar a diferentes agrupaciones de niños y jóvenes en la profesionalización musical, así como el intercambio de experiencias.
Dickinson de Iron Maiden, Brian May de Queen, Bod Dylan, Dexter Holland de The Offspring, Art Garfunkel de Simon & Garfunkel, fueron algunos ejemplos de los temas tratados, que fueron recibidos con entusiasmo entre los presentes. Asimismo, se escucharon algunos apartes de entrevistas a la leyenda nacional, el “Titán” Elkin Ramírez, hablando acerca de las posibilidades que la vida, el trabajo duro y los sueños pueden generar para de ser dioses en esta tierra, en general un mensaje de compromiso con la vida. Valga decir que la presencia y el recuerdo de nuestro rockstar nacional se sintió durante los dos días con sendos homenajes, iniciando con el Coro del Colegio Americano Menno, que hizo un sentido cover de Lenguaje de mi piel, mismo que se hizo viral en Youtube y Facebook como tributo para Elkin, quien nos dejó tristemente este año.
Especialmente Hystéresis ha tomado una relevancia que vale la pena tener en cuenta, este año hicieron parte de varios festivales distritales como Rock al Kennedy, Rockademia y Rock INC, Organización que también se vinculó a Rock al Pueblo. Precisamente, para cerrar la jornada académica los integrantes de la agrupación NOXOS, una de las agrupaciones del ramillete de la organización Rock INC (Rock Industria Nacional Colombiana), hablaron acerca del compromiso social y el trabajo en territorios que ellos mismos gestan. Charlas con jóvenes y niños, presentaciones en colegios, programas como Los Perros Ricos con mascotas rescatadas de la calle, son algunos ejemplos del trabajo de esta banda que implementa la acción más allá del discurso.
Tequendama como La esperanza, San Javier y San Joaquín, quienes con algunos covers mostraron como el rock es un instrumento que potencia y permite procesos pedagógicos. Asimismo Cave Myth dio cuenta del trabajo de la fundación que como parte de los anfitriones, se encargaron de ir animando al público. Durante el día se fue generando la expectativa por la presentación del documental “No soy un Mito Soy un Rockero” que tiene como protagonista al guitarrista de esta formación.
imprimiendo el discurso social y eje principal del día dándole introducción a los NOXOS una de las bandas de mayor trabajo con comunidades y compromiso en la escena, cuyos integrantes entraron ataviados con ropa folclórica y maquillaje conceptual, levantaron al público de la gradería, invitaron a mover el cuerpo, al ‘pogo’, al baile y tocaron su RockCore Foundation con toda la garra, marcando también recordación entre los asistentes, una de las mejores del día, sin dudas.
espacio, dándola toda con el show creativo que maneja y su Hard Heavy de aire fresco, impresiona que siendo una agrupación, cuyos integrantes son bastante jóvenes, ya tengan un sonido propio, pero también la puesta en escena sea tan clara y dinámica, uso de efectos, trampolín y sobre todo buena música justificó claramente su horario.
En el silencio profundo de ese pasado, hoy se respira un soledad que hiere, una que llena de lágrimas los ojos, en parte por la nostalgia de la felicidad que allí se vivió, pero también por el dolor de saber que casi en un abrir y cerrar de ojos, todo quedó atrás.
El lecho del pinar ya no es el mismo de antes, los nuevos habitantes lo cubren casi por completo, la vieja rama del columpio aún sigue allí, fuerte, arqueada como siempre, seguro esperando el lazo que nos lanzaría muy lejos. El claro aún deja entrar el sol y todavía se puede ver el azul del cielo, me parece ver allí la olla tiznada puesta en el fogón, ese en el que se preparaba chocolate los domingos, y el balón a punto de caerle dentro y la leña parada en el tronco de casi cada árbol de aquellos cientos, puesta allí por unas manos viejas, arrugadas, llenas de pecas ya por el paso del tiempo.
Nos gustaba imaginar cómo sería el mundo, qué habría más allá de las quebradas, las huertas, el pinar, el musgo, las carreteras de tierra, las cáscaras de eucalipto, y el vuelo de las palomas abanico. Ahora lo conocemos, y no, nada es como lo imaginamos, ¿cómo íbamos a saber que aquello era todo lo que necesitábamos?
Una adorable voz me saca por un momento de mis recuerdos, pero verla a ella sólo hace más grande mi sentimiento, ¿cómo es posible que este aquí? Si hasta hace poco éramos tan pequeñas como ella. Tomo el camino de regreso, y mientras me alejo siento como si un puñal atravesara mi pecho. Trato de imaginar que existe un pasado viviente, uno que nunca pasa, que nuca termina, que allí, es los lugares que nos hicieron felices, aún hay un montón de niños, que ríen, que corren y a los que podremos visitar siempre que queramos recordar lo que siempre hemos sido.