Ana Carolina Ramírez: transformando vidas a través del arte

Crónica Ad | Fotografía: Angie Gómez y Jasa Rehm

«La vida es tan corta para pretender que uno la viva así siempre si no está en conforme»

Ana Carolina Ramírez

(Fontibón, Bogotá D.C., Colombia)

Por, Olugna

La vida, entendida como ese breve instante que se tiene para respirar, encierra la complejidad de la existencia misma. Inexplicable en ocasiones, logra escapar de la lógica para entregarse al capricho de las emociones; injusta en otras, ha repartido de manera inequitativa sus dificultades y bondades. Benévola o malvada, furiosa o serena, previsible o azarosa, simplemente es un lienzo donde cada uno habrá de dibujar su propio retrato. Quizás, su secreto no esté en entenderla, sino –precisamente– en vivirla.

El arte, definido por una parte de la academia, como una «manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado…», podría interpretarse como una expresión inherente a la esencia de todo ser humano –y por qué no– de la vida misma en todo su esplendor. Libre y etéreo, puede desplazarse a través de los sentidos para entregar sus mejores obras; indescifrable y rebelde, no está sujeto a un lenguaje o forma específica; ajeno al tiempo y esquivo a los paradigmas, está disponible para todos y todas, sin importar condición social, grupo étnico, ideología política, preferencia sexual o creencia religiosa.

Fotografía: Angie Gómez

Ana Carolina, bogotana de nacimiento, ha encontrado en el arte un camino que le ha permitido transitar por la vida transformando la existencia de las personas que han sentido el peso de la angustia, la inclemencia de la tragedia, la injusticia de la sociedad. Ella, diseñadora industrial de profesión y especializada en arteterapia, ha hecho de la creatividad, una expresión que logra cambiar la percepción de la realidad o por lo menos, hacerla más digerible.

Inquieta desde muy niña por el arte, Ana Carolina encontró en la pintura una forma de expresión; además, una manera de canalizar sus emociones. Con el tiempo, también comprobaría que a través de un lienzo, una poesía o una canción, un ser humano podría encontrar calma en medio de la turbulencia de las emociones que de desatan en el diario vivir.

Fotografía: Jasa Rehm

Curiosa –característica innata de la creatividad–, ha explorado las diferentes posibilidades que ha descubierto a su paso, para darle rienda suelta a su talento y hacer de él una forma de vida, al tiempo que le ha permitido superar sus procesos internos y acumular aprendizajes que más adelante habrían de convertirse en una actividad de tiempo completo para beneficio de la comunidad.

Han pasado 15 años desde que Ana Carolina hizo del arte un camino definitivo en su vida, tiempo en el cual se especializó en la Universidad de Bellas Artes de Milán, formación que le permitió, como ella misma afirma: «promover varias instalaciones artísticas inspiradas en estudios de investigación» y acceder a otra culturas para intercambiar experiencias y aprendizajes que desde el 2008 se traducirían en Pausa Creativa, proyecto con el que regresó a Colombia para trazar un camino que rompiera el esquema tradicional que se había posicionado en las empresas bajo el nombre de “pausas activas”.

Pausa Creativa: de alegría en el trabajo a alegra la vida

Fotografía: Angie Gómez

―Los frutos concebidos durante mi proceso de investigación redundaron en la formulación de talleres de arteterapia grupal―, afirma Ana Carolina.

El arteterapia, disciplina asociada a la psicología, fue un de esos frutos que recogió durante su formación en Milán. Con la experiencia adquirida de forma autodidacta y los estudios realizados en la especialización, logró conceptualizar y formular una estrategia enfocada en explorar la parte creativa de las personas, para ponerlas en función de sus propias vidas. Uno de sus ejes fundamentales sería el empresarial, sector que supone retos exigentes en la cotidianidad de los trabajadores.

Fotografía: Angie Gómez

Podría afirmarse que Pausa Creativa innovó en la manera tradicional en la que se realizaban los procesos de bienestar en las grandes empresas, obteniendo resultados comprobables en las compañías con las que ha trabajado, entre ellas SURA ARL, compañía que ha implementado el modelo diseñado por Ana Carolina en el territorio nacional.

Pausa Creativa es un concepto con el cual se propone una dinámica, interactiva y empática que realmente saque a las personas, por unos instantes, de su rutina cotidiana y laboral―.

Radicada en Fontibón, localidad 9 de la ciudad de Bogotá, Pausa Creativa fue ganadora en la beca Es Cultural Local en el marco de la convocatoria realizada por el Instituto Distrital de las Artes -Idartes, para el fomento de emprendimiento a nivel distrital.

El beneficio otorgado dio cuenta de la entrega constante que Ana Carolina ha demostrado en Pausa Creativa, reconoció los resultados del proceso realizado desde el arteterapia en la vida de los trabajadores y es, en sí mismo, un estimulo para que el proyecto escale a nuevas posibilidades y continué favoreciendo a los diferentes actores de comunidad en los que ha podido intervenir.

El pasado 14 de febrero en el Salón Comunal del Barrio La Laguna de Fontibón, Pausa Creativa realizó uno de los procesos más representativos dentro de su portafolio: el taller De Oruga a Mariposa, intervención que «propone un espacio artístico terapéutico significativo de reflexión, expresión artística y bienestar emocional», el cual fue dirigido en esta ocasión al Colectivo Sin Límites, fundación que reivindica a las personas que presentan algún tipo de discapacidad, rescatando el inmenso potencial que tienen para desenvolverse con normalidad en su cotidianidad.

Fotografía: Jasa Rehm

Además de participar en el taller, de expresarse a través del dibujo y de compartir sus experiencias durante la pandemia, los asistentes del Colectivo Sin Límites recibieron de parte de Pausa Creativa, camisetas, gorras, agendas, y esferos personalizados, que formaron parte del proceso de fortalecimiento otorgado en el marco de la beca obtenida.

Fotografía: Jasa Rehm

Rugidos Disidentes –Revista Digital Cultural Alternativa, tuvo la oportunidad de realizar el diseño de la página web de Pausa Creativa, de diseñar la estrategia digital de comunicación, reconocimiento y de marketing de la marca y de acompañar el proceso realizado por Ana Carolina.

Pausa Creativa | Redes Sociales

Los Anti-Extraditables: el eco de la música para borrar el estruendo del narcotráfico

Crónica en alianza con Hodson Entretenimiento

«Me declaro en contra de Los Extraditables, y por consiguiente, en contra de todo lo que eso significa»

Ricardo Gnecco

Por, Olugna

Un Boeing 727-21 despegó a las siete y trece del Puente Aéreo de Bogotá rumbo a Cali. Jamás llegó a su destino, sus 107 pasajeros tampoco lo hicieron. Esa mañana del 27 de noviembre de 1989, el HK1803 –de fuselaje rojo y de letras blancas– explotó en el aire, el estruendo sacudió el Cerro Canoas, ubicado en el municipio de Soacha. La noticia no tardó en llegar a la radio.

Portada tomada El Colombiano | Fecha: 28 de nov 1989 | Fuente: ArchivoCIP- @El Colombiano

Por aquella época en nuestros oídos el eco del estruendo retumbaba con una frecuencia absurda, se paseaba a su antojo por entre calles y avenidas; sacudía edificios, volcaba autos, apagaba vidas, derrumbaba aviones. No había lugar seguro, la tragedia se paseaba de la mano con la muerte, la desgracia se camuflaba entre el fútbol y la farándula.

Muchos no teníamos la edad suficiente para comprender la dimensión de lo que pasaba a nuestro alrededor, en muchos de nosotros el recuerdo de aquellos días ya no está. Sin embargo, en la memoria de los huérfanos que dejó, ese estruendo  –quizás– retumbará por siempre. Finalizaba la década de los 80, los niños de entonces, aún no llegábamos a los 10 años.

La huella del narcotráfico que permeó todas las esferas de la sociedad, como la de la violencia que atravesó campos y ciudades, escribió un capítulo definitivo –cruento y devastador– en la historia de Colombia –país que ha aprendido a sobrevivir en medio de sus desgracias–, pero en el que algunos de sus habitantes rinden culto a los nombres que dejaron en la vida de miles de inocentes, una cicatriz que llevarán por siempre.

Esos nombres, Los Extraditables, los mismos que alcanzaron peldaños en la política y que preferían una tumba en Colombia que una cárcel en los Estados Unidos, encontraron en el narcotráfico una forma de vida; una parte de la sociedad hizo de su imagen una leyenda; la televisión, el cine, el comercio y otras esferas, hicieron de este, una cultura; el estigma internacional, permitió que se instalara como una insignia que nos identificaba como colombianos.

Ricardo Gnecco, nacido en la Cali de los ochenta, fue uno de esos niños que tuvo que crecer con el eco que el estruendo del narcotráfico dejó en el país. Creció en medio de la violencia y de esa cultura que reivindicaba a los narcotraficantes y sicarios como unos bad boys –esos rock stars de la mafia– a los que había que rendirles culto. Sus años de infancia en la capital de la salsa, también los vivió en compañía de los sonidos del rock en español, que por aquella época empezaban a ganarse un espacio en el espectro radial colombiano.

Inquieto por las guitarras que escuchaba de Hombres G y Los Prisioneros, Ricardo descubriría un talento que hoy en día no considera como innato, pero que empezaba a mostrase, por aquellos años, como un camino que habría de convertirse en la materialización de sus emociones. Desde allí, el rock ha sido esa banda sonora que le ha puesto música a las diferentes etapas de su existencia; desde el colegio hasta su vida profesional, en él ha encontrado un canal de expresión y una extensión de su identidad.



Doce-04, agrupación que formó en compañía de Camilo Barón, fue su primera experiencia en el camino del rock. Dicho proceso dejó una producción discográfica y se extendió hasta 2014. Rebelde, inconforme y con el deseo de encontrar una identidad propia, cinco años después –esta vez como solista– dio vida a Los Anti-Extraditables, proyecto cuyo nombre manifiesta su oposición a la organización criminal que los jefes del narcotráfico conformaron en los 90’s, para presionar al gobierno, a través del terror que lograron sembrar con su estruendo en las calles.

«Me declaro en contra de Los Extraditables, y por consiguiente, en contra de todo lo que eso significa», expresa Ricardo Gnecco en su video de presentación.



La hipocresía que se respira en redes sociales, la mediocridad artística que ha llegado con el mainstream; la indiferencia y la doble moral de los individuos; la corrupción, la violencia y la decadencia social, son retratadas por la agrupación sin indulgencia, a través de la conjunción de diversos ritmos. Los Anti-Extraditables, termina siendo, ese espejo donde la sociedad Latinoamérica puede verse reflejada desde su esencia más pura y oscura.

La identidad musical de Los Anti-Extraditables, transita con libertad por diversas posibilidades rítmicas; sus canciones, bien pueden ser atravesadas por el sabor latino de la salsa, la alegría del ska o por el enfado del punk; sus letras –entre la ironía y el sarcasmo– permanecen ajenas a los buenos modales y no conocen la censura. Son composiciones honestas y viscerales se expresan a través de una estética sonora.



Radicado en Indianápolis desde hace siete años, Ricardo no desconoce esa esencia latina que se manifiesta en su expresión musical. Orgulloso de su origen y consciente de la realidad que se respira en Colombia,  no permanece callado, tampoco se esconde en la comodidad de la indiferencia. Todo lo contrario, se podría afirmar que sus canciones son el reflejo de la impotencia que despierta ese crudo relato nacional.

Autor de la novela Contrapunto, libro que narra la historia de un hombre con un talento –que no quiso tener– por la música, Ricardo encuentra en la música y en la literatura, un lenguaje que interpreta sus emociones y –por qué no– un escape al peso de la cotidianidad.

Ricardo regresará a Colombia el próximo mes, para realizar una gira por diversos escenarios en la ciudad de Bogotá.

Los Anti-Extraditables | Redes Sociales