Fiestas del 6 de enero en Río de Oro: una mirada antropozoomorfa

«Hay un momento clave en la performance de este evento, y es precisamente cuando interpretan la matanza del tigre: le pelan el cuero, lo decapitan y levantan con la lanza su cabeza»

(Río de Oro, Cesar, Colombia)

Por, Jorge del Río

15 grados centígrados sofocados en coloridos trajes, impulsados por los más de 35 grados de alcohol que posee el bolegancho (bebida destilada de la caña y la panela, también llamada en otras regiones, chirrinche o tapetusa), y si quieres envolverte en el ritual de la felicidad, no te pierdas del conocido, muy amado y temido bolegancho doble sim card, se trata de una mezcla entre el bolegancho y una alta porción de cannabis.

Alucinemos con los jaguares que muestran con ferocidad sus dientes, advirtiéndonos y recordándonos que estamos pisando en su despojado territorio. Detrás de sus colmillos, de manera agazapada se hayan entredormidos un par de ojos humanizados, como destellos de las luciérnagas en las cuevas del Catatumbo. Esta escena nos permite dudar si el animal se ha tragado al hombre o es el hombre que se ha vestido con la piel del animal, o quizás es el hombre transformándose en jaguar, tal como lo hacen los taitas de la Amazonía después de hacer sus rituales con el yagé. Estos seres híbridos con características antropozoomorfas, nos recuerdan, además, a las evidencias de artefactos, grabados y dibujos precolombinos empleados para los rituales.

Fiestas del 6 de enero en Río de Oro: una mirada antropozoomorfa

Hay un momento clave en la performance de este evento, y es precisamente cuando interpretan la matanza del tigre: le pelan el cuero, lo decapitan y levantan con la lanza su cabeza. Esto me remite al mismo momento en que es elevada la cabeza de un gallo en el carnaval del perdón celebrado por los kamentsá y los Ingas en el Valle de Sibundoy, Putumayo.

6 de enero de 2022, dos años después de la última celebración, revive el carnaval de la Matanza del Tigre en Río de Oro, Cesar. Gracias a la pandemia hubo una pausa, pero esta no fue motivo para apagar la chispa de la fiesta, los riodorenses demostraron una vez más de qué están hechos, fortalecidos por el amor y el trabajo colectivo para darle forma y calidad a tan importante y principal evento de un hermoso municipio con aires coloniales.

Los creadores y su técnica

La piel de sus manos se camufla en el barro, modelando una nueva creación de carácter expresionista un tanto caricaturesca, como si se tratase de la interpretación de un sueño o una pesadilla carnavalera. Es un barro cálido, amarillo naranja, con la que se fabrican los moldes para las máscaras, el mismo con el que se construyen las paredes y tejas de las casas riodorenses. Este material, además, es usado para hacer tinajas que sirven de contenedores de agua, con este también se fabrican tiestos en las que se asan las arepas de maíz molido, este barro lleva encriptado ese bello paisaje de clima agradable, de olor a cultivos de tomate, cebolla, caña y frijol, sabe a bolegancho, tabaco y café, es un material carnoso, mezclado con sudor, fiesta y colores.

Matanza del Tigre

Luego es preciso darle una capa de papel maché al molde en barro, adherida con almidón extraído de la yuca. Paso a seguir, se le aplica un sellante blanco para poder empezar a aplicar los colores vibrantes que realzan la magia de la máscara.

Después de un arduo trabajo, llega el momento de la parafernalia, con indumentarias y máscaras que demuestran la riqueza y belleza imaginativa de cada personaje. Jaguares, marianas, lavanderas, perros cazadores, cazadores barbados con facciones europeas, entre otros. Estos personajes elevan la ceremonia de la historia de un acontecimiento en el que el felino más grande de américa es cazado por un grupo de trabajadores afros y un cazador acompañado de sus feroces perros.

Desde muy corta edad los riodorenses emprenden el camino de la creación de máscaras, aplicando las técnicas tradicionales, empleando imaginación, belleza y color a cada pieza. Johan Sebastián Salazar tiene nueve años de edad, su carrera de artesano comenzó desde los cuatro, gracias a su amado maestro, su padre.

Con la mirada transparente, Johan Sebastián enseña con alegría el molde de su nueva máscara, y él, como todo un artista bondadoso, dona cada año su creación al museo del pueblo para ser parte de la colección de máscaras tradicionales de la Matanza del Tigre.

Ana Carolina Ramírez: transformando vidas a través del arte

Crónica Ad | Fotografía: Angie Gómez y Jasa Rehm

«La vida es tan corta para pretender que uno la viva así siempre si no está en conforme»

Ana Carolina Ramírez

(Fontibón, Bogotá D.C., Colombia)

Por, Olugna

La vida, entendida como ese breve instante que se tiene para respirar, encierra la complejidad de la existencia misma. Inexplicable en ocasiones, logra escapar de la lógica para entregarse al capricho de las emociones; injusta en otras, ha repartido de manera inequitativa sus dificultades y bondades. Benévola o malvada, furiosa o serena, previsible o azarosa, simplemente es un lienzo donde cada uno habrá de dibujar su propio retrato. Quizás, su secreto no esté en entenderla, sino –precisamente– en vivirla.

El arte, definido por una parte de la academia, como una «manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado…», podría interpretarse como una expresión inherente a la esencia de todo ser humano –y por qué no– de la vida misma en todo su esplendor. Libre y etéreo, puede desplazarse a través de los sentidos para entregar sus mejores obras; indescifrable y rebelde, no está sujeto a un lenguaje o forma específica; ajeno al tiempo y esquivo a los paradigmas, está disponible para todos y todas, sin importar condición social, grupo étnico, ideología política, preferencia sexual o creencia religiosa.

Fotografía: Angie Gómez

Ana Carolina, bogotana de nacimiento, ha encontrado en el arte un camino que le ha permitido transitar por la vida transformando la existencia de las personas que han sentido el peso de la angustia, la inclemencia de la tragedia, la injusticia de la sociedad. Ella, diseñadora industrial de profesión y especializada en arteterapia, ha hecho de la creatividad, una expresión que logra cambiar la percepción de la realidad o por lo menos, hacerla más digerible.

Inquieta desde muy niña por el arte, Ana Carolina encontró en la pintura una forma de expresión; además, una manera de canalizar sus emociones. Con el tiempo, también comprobaría que a través de un lienzo, una poesía o una canción, un ser humano podría encontrar calma en medio de la turbulencia de las emociones que de desatan en el diario vivir.

Fotografía: Jasa Rehm

Curiosa –característica innata de la creatividad–, ha explorado las diferentes posibilidades que ha descubierto a su paso, para darle rienda suelta a su talento y hacer de él una forma de vida, al tiempo que le ha permitido superar sus procesos internos y acumular aprendizajes que más adelante habrían de convertirse en una actividad de tiempo completo para beneficio de la comunidad.

Han pasado 15 años desde que Ana Carolina hizo del arte un camino definitivo en su vida, tiempo en el cual se especializó en la Universidad de Bellas Artes de Milán, formación que le permitió, como ella misma afirma: «promover varias instalaciones artísticas inspiradas en estudios de investigación» y acceder a otra culturas para intercambiar experiencias y aprendizajes que desde el 2008 se traducirían en Pausa Creativa, proyecto con el que regresó a Colombia para trazar un camino que rompiera el esquema tradicional que se había posicionado en las empresas bajo el nombre de “pausas activas”.

Pausa Creativa: de alegría en el trabajo a alegra la vida

Fotografía: Angie Gómez

―Los frutos concebidos durante mi proceso de investigación redundaron en la formulación de talleres de arteterapia grupal―, afirma Ana Carolina.

El arteterapia, disciplina asociada a la psicología, fue un de esos frutos que recogió durante su formación en Milán. Con la experiencia adquirida de forma autodidacta y los estudios realizados en la especialización, logró conceptualizar y formular una estrategia enfocada en explorar la parte creativa de las personas, para ponerlas en función de sus propias vidas. Uno de sus ejes fundamentales sería el empresarial, sector que supone retos exigentes en la cotidianidad de los trabajadores.

Fotografía: Angie Gómez

Podría afirmarse que Pausa Creativa innovó en la manera tradicional en la que se realizaban los procesos de bienestar en las grandes empresas, obteniendo resultados comprobables en las compañías con las que ha trabajado, entre ellas SURA ARL, compañía que ha implementado el modelo diseñado por Ana Carolina en el territorio nacional.

Pausa Creativa es un concepto con el cual se propone una dinámica, interactiva y empática que realmente saque a las personas, por unos instantes, de su rutina cotidiana y laboral―.

Radicada en Fontibón, localidad 9 de la ciudad de Bogotá, Pausa Creativa fue ganadora en la beca Es Cultural Local en el marco de la convocatoria realizada por el Instituto Distrital de las Artes -Idartes, para el fomento de emprendimiento a nivel distrital.

El beneficio otorgado dio cuenta de la entrega constante que Ana Carolina ha demostrado en Pausa Creativa, reconoció los resultados del proceso realizado desde el arteterapia en la vida de los trabajadores y es, en sí mismo, un estimulo para que el proyecto escale a nuevas posibilidades y continué favoreciendo a los diferentes actores de comunidad en los que ha podido intervenir.

El pasado 14 de febrero en el Salón Comunal del Barrio La Laguna de Fontibón, Pausa Creativa realizó uno de los procesos más representativos dentro de su portafolio: el taller De Oruga a Mariposa, intervención que «propone un espacio artístico terapéutico significativo de reflexión, expresión artística y bienestar emocional», el cual fue dirigido en esta ocasión al Colectivo Sin Límites, fundación que reivindica a las personas que presentan algún tipo de discapacidad, rescatando el inmenso potencial que tienen para desenvolverse con normalidad en su cotidianidad.

Fotografía: Jasa Rehm

Además de participar en el taller, de expresarse a través del dibujo y de compartir sus experiencias durante la pandemia, los asistentes del Colectivo Sin Límites recibieron de parte de Pausa Creativa, camisetas, gorras, agendas, y esferos personalizados, que formaron parte del proceso de fortalecimiento otorgado en el marco de la beca obtenida.

Fotografía: Jasa Rehm

Rugidos Disidentes –Revista Digital Cultural Alternativa, tuvo la oportunidad de realizar el diseño de la página web de Pausa Creativa, de diseñar la estrategia digital de comunicación, reconocimiento y de marketing de la marca y de acompañar el proceso realizado por Ana Carolina.

Pausa Creativa | Redes Sociales

Los Anti-Extraditables: el eco de la música para borrar el estruendo del narcotráfico

Crónica en alianza con Hodson Entretenimiento

«Me declaro en contra de Los Extraditables, y por consiguiente, en contra de todo lo que eso significa»

Ricardo Gnecco

Por, Olugna

Un Boeing 727-21 despegó a las siete y trece del Puente Aéreo de Bogotá rumbo a Cali. Jamás llegó a su destino, sus 107 pasajeros tampoco lo hicieron. Esa mañana del 27 de noviembre de 1989, el HK1803 –de fuselaje rojo y de letras blancas– explotó en el aire, el estruendo sacudió el Cerro Canoas, ubicado en el municipio de Soacha. La noticia no tardó en llegar a la radio.

Portada tomada El Colombiano | Fecha: 28 de nov 1989 | Fuente: ArchivoCIP- @El Colombiano

Por aquella época en nuestros oídos el eco del estruendo retumbaba con una frecuencia absurda, se paseaba a su antojo por entre calles y avenidas; sacudía edificios, volcaba autos, apagaba vidas, derrumbaba aviones. No había lugar seguro, la tragedia se paseaba de la mano con la muerte, la desgracia se camuflaba entre el fútbol y la farándula.

Muchos no teníamos la edad suficiente para comprender la dimensión de lo que pasaba a nuestro alrededor, en muchos de nosotros el recuerdo de aquellos días ya no está. Sin embargo, en la memoria de los huérfanos que dejó, ese estruendo  –quizás– retumbará por siempre. Finalizaba la década de los 80, los niños de entonces, aún no llegábamos a los 10 años.

La huella del narcotráfico que permeó todas las esferas de la sociedad, como la de la violencia que atravesó campos y ciudades, escribió un capítulo definitivo –cruento y devastador– en la historia de Colombia –país que ha aprendido a sobrevivir en medio de sus desgracias–, pero en el que algunos de sus habitantes rinden culto a los nombres que dejaron en la vida de miles de inocentes, una cicatriz que llevarán por siempre.

Esos nombres, Los Extraditables, los mismos que alcanzaron peldaños en la política y que preferían una tumba en Colombia que una cárcel en los Estados Unidos, encontraron en el narcotráfico una forma de vida; una parte de la sociedad hizo de su imagen una leyenda; la televisión, el cine, el comercio y otras esferas, hicieron de este, una cultura; el estigma internacional, permitió que se instalara como una insignia que nos identificaba como colombianos.

Ricardo Gnecco, nacido en la Cali de los ochenta, fue uno de esos niños que tuvo que crecer con el eco que el estruendo del narcotráfico dejó en el país. Creció en medio de la violencia y de esa cultura que reivindicaba a los narcotraficantes y sicarios como unos bad boys –esos rock stars de la mafia– a los que había que rendirles culto. Sus años de infancia en la capital de la salsa, también los vivió en compañía de los sonidos del rock en español, que por aquella época empezaban a ganarse un espacio en el espectro radial colombiano.

Inquieto por las guitarras que escuchaba de Hombres G y Los Prisioneros, Ricardo descubriría un talento que hoy en día no considera como innato, pero que empezaba a mostrase, por aquellos años, como un camino que habría de convertirse en la materialización de sus emociones. Desde allí, el rock ha sido esa banda sonora que le ha puesto música a las diferentes etapas de su existencia; desde el colegio hasta su vida profesional, en él ha encontrado un canal de expresión y una extensión de su identidad.



Doce-04, agrupación que formó en compañía de Camilo Barón, fue su primera experiencia en el camino del rock. Dicho proceso dejó una producción discográfica y se extendió hasta 2014. Rebelde, inconforme y con el deseo de encontrar una identidad propia, cinco años después –esta vez como solista– dio vida a Los Anti-Extraditables, proyecto cuyo nombre manifiesta su oposición a la organización criminal que los jefes del narcotráfico conformaron en los 90’s, para presionar al gobierno, a través del terror que lograron sembrar con su estruendo en las calles.

«Me declaro en contra de Los Extraditables, y por consiguiente, en contra de todo lo que eso significa», expresa Ricardo Gnecco en su video de presentación.



La hipocresía que se respira en redes sociales, la mediocridad artística que ha llegado con el mainstream; la indiferencia y la doble moral de los individuos; la corrupción, la violencia y la decadencia social, son retratadas por la agrupación sin indulgencia, a través de la conjunción de diversos ritmos. Los Anti-Extraditables, termina siendo, ese espejo donde la sociedad Latinoamérica puede verse reflejada desde su esencia más pura y oscura.

La identidad musical de Los Anti-Extraditables, transita con libertad por diversas posibilidades rítmicas; sus canciones, bien pueden ser atravesadas por el sabor latino de la salsa, la alegría del ska o por el enfado del punk; sus letras –entre la ironía y el sarcasmo– permanecen ajenas a los buenos modales y no conocen la censura. Son composiciones honestas y viscerales se expresan a través de una estética sonora.



Radicado en Indianápolis desde hace siete años, Ricardo no desconoce esa esencia latina que se manifiesta en su expresión musical. Orgulloso de su origen y consciente de la realidad que se respira en Colombia,  no permanece callado, tampoco se esconde en la comodidad de la indiferencia. Todo lo contrario, se podría afirmar que sus canciones son el reflejo de la impotencia que despierta ese crudo relato nacional.

Autor de la novela Contrapunto, libro que narra la historia de un hombre con un talento –que no quiso tener– por la música, Ricardo encuentra en la música y en la literatura, un lenguaje que interpreta sus emociones y –por qué no– un escape al peso de la cotidianidad.

Ricardo regresará a Colombia el próximo mes, para realizar una gira por diversos escenarios en la ciudad de Bogotá.

Los Anti-Extraditables | Redes Sociales