La historieta del rock colombiano del siglo pasado a mi manera: parte I

The Speakers
Fotografía tomada de Radio Nacional de Colombia; https://bit.ly/31Ot0iR

El rock nacional desde su génesis fue mediocre. No por los músicos que luchan por recrear ese género musical, ni más faltaba, sino por la hipocresía y los intereses que rodearon el nacimiento y evolución de este movimiento.

Por, Enrique Gaviria

La invasión británica

A comienzos de los años 60, en una gira relámpago, paso por Bogotá el primer grupo de rock que existió en la historia, Harley y sus Cometas. Se echaron un polvo estelar en el teatro Colombia, dejando preñados con la cizaña del rock ’n’ roll a uno que otro criollo, pero aquello no cuajó y el polvo estelar se abortó.

Es que tocar y bailar el verdadero rock ’n’ roll no era tan fácil y en la Sabana nunca aprendieron esa vaina. En Bogotá triunfaban los charros mexicanos, el Negrete y el Solís; las disqueras producían Tolimenses y guaduales llorando. En Medellín sacaron las cenizas de un cadáver y al expandirlas los llenó de despecho de por vida el canta tangos Gardel. En la costa caribeña fue donde más pegó el rock ’n’ roll del comienzo, lo entendieron mejor y hasta lo bailaron. Por ser puerto, estaban acostumbrados a la innovación, pero los brotes terminaron por seguir a Pastor López o a la Billos.

Al menos, los costeños tenían orquestas de mambo, porros y chachachá.

Todo cambió, como pasó en todo el planeta, gracias a La Invasión británica, ya no había que tocar ni bailar rock ’n’ roll, ahora todo era más fácil, traducir, copiar y cantar canciones de amor que llegaban por montones. Aparecieron las disqueras, sacando recopilaciones de artistas británicos, discos a los que bautizaban Inglaterra a go-go Volumen uno, dos, tres… Se iniciaron los sitios que acomodarían a la avalancha de conjuntos, que era como se llamaban a las agrupaciones del momento. Las emisoras de radio comenzaron a pasar a César Costa y a Enrique Guzmán interpretando canciones, también traducidas, de los artistas como Paul Anka. Así nos llegó La chica ye-ye, Despeinada y Diana, los primeros hits de esos imitadores. ¡Ah! Y ¡La Bamba!

Flipper trataba sobre dos adolescentes que amaestraron un delfín con el que jugaban y nos mostraban sus aventuras, sus productores jamás imaginaron que también daría nombre a uno de los conjuntos más importantes de la historia del rock colombiano del siglo pasado: Los Flippers. El otro programa era Shindig, donde mostraban la cantidad más variada de grupos que iban apareciendo en la escena británica, que expandían la flota de conjuntos que invadían el mundo entero, algunos incluso llegaron a ser más populares que Jesucristo y uno, por así decirlo, casi lo despellejan en las Filipinas.

Gracias a Shindig podían verse en vivo y reciente a The Rolling Stones, Animals, Dave Clark Five, Who y muchos más, que presentaban a diario por el Teletigre. Esto permitió que, fuera de oírlos en los discos de recopilaciones que prensaban las disqueras, pudieran verlos e imitarlos.

Este programa, sumado a la llegada de “las escobas que cantan”, que fue como los ignorantes criollos bautizaron a The Beatles, caló en la gente e inmediatamente las disqueras comenzaron a prensar los discos y los inescrupulosos a ingeniárselas para sacar provecho de esta nueva ola. 

Nacen las emisoras llenas de Palito, Costa y Guzmán, que era lo que pasaban. Se inventaron una serie de patrocinios para realizar concursos para futuros cantantes. De los concursos “ye-yes” salieron Óscar y Harold y de los “go-go”, Lida y Vicky, todos cantaban sobre pistas, al estilo mexicano y estos serían nuestros artistas de la nueva ola.

Tres extranjeros iniciaron el rock profesional colombiano. El español Rodrigo García, el descendiente finlandés Juancho y el Italiano Roberto Fiorilli, cuyos conjuntos fueron los primeros en formarse en Colombia porque esto solo con criollos no funcionaria.

El finlandés fundó a Los Yetis en Medellín

El español participó en Los Speakers hasta su desaparición

El italiano fue uno de los niños de los Flippers 


Los Flipper en vivo en la discoteca la Bomba.

Todo esto funcionó mientras los chupa sangre podían lucrarse con sus discotecas en galpones con bancas de palo, la moda de la minifalda era bonita y los conjuntos podían tocar canciones sencillas que se podían bailar haciendo monerías. Promovían discos de estos conjuntos, a los que les pagaban una miseria, es más, los tenían convencidos que les hacían un favor publicando canciones de artistas extranjeros y una que otra composición propia, con lo que llenaban sus emisoras sin pagar regalías.

Cuando el rock se volvió más experimental, los conjuntos colombianos se fueron depurando, el negocio se fue dañando. Las disqueras no podían sacar recopilaciones de álbumes, a las emisoras no les interesaba el nuevo giro y esta música ya no se podía bailar, por lo que las discotecas entraron en decadencia. Cuando el rock se fue haciendo más progresivo la gente fue abandonando lo poquito que se había conquistado, primero con la invasión, luego el Blues,pero el progresivo al cabo del tiempotambiénles fastidiaría.

Echaron la música para la calle, llegaron los hippies y la marihuana. Todos para los parques, allí es donde se congregaría la gente a dar culto a sus bandas. Esto en principio se vio con buenos ojos, al poco tiempo el establecimiento declararía la guerra más infame contra el rock nacional, matando a todos los conjuntos que nacieron con la invasión británica y empezaría, entonces, una invasión romántica con un enano, un cojo, una paloma e iglesias; ah y el fallecido, que era el menos peor.

Por, Enrique Gaviria

El Jardín Audiovisual

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