¿Petro “noqueará” al coscorrón de la corrupción radical?

Gustavo Petro

Me arriesgo a expresar que Colombia le cabe a Petro en la cabeza, aun cuando sé que a los políticos no se los debe defender, pues ellos tienen que estar provistos de dicha habilidad para protegerse a sí mismos

Por, Fernán Medrano

En el actual tablero político y electoral del país han surgido algunas fichas que merecen ser destacadas, como es el caso de Gustavo Petro. Por lo que se ve venir, a Petro ningún candidato de la clase política tradicional colombiana le haría contrapeso en las próximas elecciones presidenciales, en medida sustancial y limpia.

Pero como se sabe, lo normal es lo menos normal en el mundo de lo anormal. No se puede pecar de ingenuo, ni cantar victoria antes de tiempo.

Las derechas extrema y casi extrema están desprestigiadas y estresadas; deberían considerar la posibilidad de tomarse unas vacaciones y, a la vez, reconocer que es el tiempo de que la izquierda alterne el poder. Yo creo que hasta el prestigio del sistema político colombiano se recuperaría; más aún, se revitalizaría. La izquierda colombiana contribuiría con sus aportaciones a potenciarlo y a imprimirle una apariencia moderna.

Me arriesgo a expresar que Colombia le cabe a Petro en la cabeza, aun cuando sé que a los políticos no se los debe defender, pues ellos tienen que estar provistos de dicha habilidad para protegerse a sí mismos. Además, Petro no necesita que yo lo defienda, él sabe defenderse solo. Y a pesar de todo, a veces Petro afirma y realiza cosas de una forma que a mí me desagrada. Pero de inmediato me acuerdo de que él es apenas un político; desafortunadamente, no cuenta con el poder de complacer a todo el mundo.

De todas formas, Petro representa el significado optimista del político colombiano, de hombre honrado y preparado; por eso está en la lista de los decentes. Cuenta con recursos humanos y políticos para instituir un gobierno de avanzada en el país, si lo dejan gobernar, claro está. Pues el hombre dirigió Bogotá con las suficientes corrientes políticas en su contra, aun con el tibio rencor de cierto sector de la izquierda colombiana. No obstante, sorteó la revocatoria de su mandato por el problema del sabotaje a la recolección de la basura de la Capital. Pero, aun así, Petro finalizó su mandato.

El esquema de recolección de basura que a duras penas pudo implementar Petro, permitió que los bogotanos ahorraran cantidades millonarias de dinero, pues dejaron de echar a la basura $ 37.505 millones, los ciudadanos evitaron pagar todo eso dinero en facturas de aseo tan solo en el año 2013. Petro entiende que la gente no tiene tanta plata como para derrocharla en basura. ¿Visión de estadista? Juzguen ustedes.

En el marco de su campaña electoral, Petro visitó el Chocó. Su presencia allí fue un verdadero acontecimiento histórico, porque esta es quizá la primera vez que un candidato con tantas posibilidades de ser Presidente de la República haya ido a comprobar el realismo trágico del ninguneado Departamento “negro” de Colombia.

Si bien a ciencia cierta Petro se torna inclasificable en ningún sector de la izquierda colombiana, puesto que él no es maoísta, trotskista, estalinista, marxista-leninista, no es tampoco comunista, ni nada que se le parezca. A pesar de todo –o tal vez gracias a su falta de rótulo de sectario– Petro prefigura un país de cambios, progresista, la Colombia humana, precisamente desde la izquierda colombiana. En nuestros días, él es el músculo electoral de los sectores de vanguardia del país. O, mejor dicho, Gustavo Petro es la mano derecha de la Colombia humana para noquear al coscorrón de la corrupción radical.

Por, Fernán Medrano

 

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