Portal Américas: degradación y negligencia

Portal Américas

Transmilenio nos despojó de nuestra dignidad y nos demostró que ser pobres y vivir en las periferias de la ciudad no nos hace dignos de un buen servicio.

Por, Andrés Angulo Linares

Sobre las 7:00 a.m. del pasado 13 de julio en el Portal Américas, en la plataforma donde se ubica el servicio B28, una gran cantidad de usuarios nos vimos afectados por la demora en el despacho de buses que cubren la ruta mencionada. 

Los gritos de los pasajeros clamando por buses fueron ignorados por los empleados encargados de los despachos. Pasaron un poco más de 20 minutos y no asomaba algún articulado. Al tratarse de una hora pico, la cantidad de personas cada vez era mayor y la fila me hizo recordar a Snake, el juego clásico de los celulares Nokia.

Alterado por la situación decidí bajar de la plataforma y con cámara en mano grabé la cantidad de personas que se encontraban conmigo esperando servicio. La reacción de los dos vigilantes no se hizo esperar y de manera casi que inmediata llamaron a dos policías para “hacerme entrar en razón”. Llegaron dos patrulleros bastante jóvenes, uno de ellos, en tono altanero me reclamó por mi comportamiento, mientras que uno de los vigilantes calificaba mi reacción de escamosa, como si en verdad me interesara presumir que llevaba conmigo una cámara (herramienta fundamental de mi labor como periodista). Claro, no lo culpo, su proceder arrodillado es comprensible, necesita cuidar su trabajito, además, él ya estaba laborando, por ende, le valía huevo que las demás personas lleváramos esperando, para ese instante, más de media hora por un articulado que nos llevara a nuestros destinos.

El otro patrullero, bastante decente por cierto, en tono calmado me explicaba que la demora de los servicios era una cuestión diaria y que mi comportamiento podría incitar a que los demás usuarios acudieran a vías de hecho, lo cual complicaría mucho más la situación y podría terminar en desmanes. Conservando el mismo tono me pidió que me calmara, que iba a ser lo posible para que enviaran buses. La escena terminó ahí. 

De manera mágica, el incapaz a cargo del despacho de los servicios empezó a enviar buses. Llegaron seis articulados seguidos, que no fueron suficientes para evacuar la plataforma. Por fin pude subirme en en el número siete y aún quedaba una gran cantidad de pasajeros en la plataforma.

Varias inquietudes, comentarios y reflexiones me quedaron de la situación sufrida en la mañana del sábado en el Portal Américas:

  1. Transmilenio incumple la promesa de servicio frente a la frecuencia de servicios. De acuerdo con el oficio número Nº 2017ER19131 del 31 de julio de 2017, en respuesta a una reclamación que interpuse en diciembre de 2016 (Ver enlace), la empresa afirmó que la frecuencia del servicio es de un minuto y medio. ¿Entonces por qué carajos estuvimos esperando más de 20 minutos a que enviaran un bus? ¿Por qué no se presentó un empleado a explicar la razón de la demora? ¿Qué clase de preparación requiere un despachador que está viendo la cantidad de usuarios que se encuentran en las plataformas esperando un dichoso bus y no hace nada? ¿Será que dentro de su contrato está prohibido usar la lógica y ser solidario con los usuarios?
  1. Es entendible que un individuo, como el vigilante que se quejó por mi comportamiento, defienda a la empresa para la cual está trabajando, pero ser lambón, sumiso y pusilánime solo comprueba que hay personas incapaces de identificarse con las necesidad ajena y que por no quedarse sin empleo venderían a la misma mamá.
  2. ¿Cuántas personas han perdido sus empleos a causa de la negligencia de los empleados de Transmilenio o deben salir con tres horas de anticipación para llegar a tiempo, perdiendo así su calidad de vida? 
  3. Transmilenio nos despojó de nuestra dignidad y nos demostró que ser pobres y vivir en las periferias de la ciudad no nos hace dignos de un buen servicio. 
  4. El único tema que preocupa a Transmilenio es el de los colados, prestar un servicio decente es para la empresa una angustia menor. Su prioridad es recaudar los 2.400 pesos del pasaje.
  5. Transmilenio quiere evitar bloqueos al sistema por parte del usuarios, sin comprender que la negligencia de sus empleados es una de las principales causas que incitan a las protestas ciudadanas.
  6. ¿Cómo tener sentido de pertenencia por una empresa que lo último que hace es respetar a los ciudadanos?
  7. Estoy seguro que esta situación es el pan de día en la mayoría de los portales ¿Qué opción tenemos los ciudadanos por el mal servicio? ¿En verdad tenemos que aguantar callados los atropellos de un sistema que no se identifica con las necesidades de los usuarios y que demostró que es igual de incapaz que su inepto creador?
  8. Transmilenio nos fue impuesto desde hace mucho y requiere en verdad una intervención urgente para que pueda, al menos, prestar un servicio que respete a los ciudadanos. 
  9. ¿Qué futuro le espera a Bogotá cuando desde hace 20 años fue condenada a una servicio de transporte paupérrimo y miserable?

Transmilenio, “un amigo que nos cambió la vida”, como fue a dado a conocer meses antes de su implementación, ha roto todas las promesas de las que se ufanaba Enrique Peñalosa en su primera administración. 

El metro aún está lejos y el desarrollo del mismo genera bastantes dudas. Transmilenio se desbordó a los poco años de su implementación, ha sido nicho de corrupción y se convirtió en un insignia vergonzante para la ciudad que es capital de Colombia. 

Para los usuarios que hacen uso del sistema en trayectos cortos u ocasionalmente, no dimensionan el martirio que supone para los ciudadanos que debemos desplazarnos desde o hacia puntos alejados. Es comprensible que quien no sufre a Transmilenio trate de defenderlo como una gran innovación, aunque esté lejos de serlo. Sin embargo, cuando se evalúa de la gestión de un gobernante, se debe hacer desde el verdadero impacto que causan sus políticas públicas en la mayor parte de la sociedad y no desde la comodidad que causa el pertenecer a un sector privilegiado.

No debemos quedarnos callados ante la incapacidad y negligencia de una empresa que tiene una responsabilidad tan alta. Gran parte de la culpa de lo que nos pasa como sociedad es responsabilidad de todos nosotros, ya sea por acción, omisión o complicidad. No permitamos que Transmilenio, sus directivas y sus empleados nos traten como a ellos se les dé la gana.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.