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Polonuevo: florecer en un mundo sin dolor

Revista: Una mirada poética desde el Atlántico



Por: Jorge del Río


Un patio de Colegio como escenario de un encuentro. Un piso adornado con mangos, parecen estrellas que han caído, demostrando la riqueza y abundancia que promete esta tierra agrícola encomendada al patrono San Pablo.


Es el momento del receso escolar y los gritos de los estudiantes retumban los oídos de quien les vende empanadas y gaseosas en la cafetería. Nos alejamos del caos para reunirnos con las y los participantes protagonistas de este encuentro, y de repente nos confrontamos con un paisaje compuesto por un pilón de pupitres que tratan de escapar del óxido que les quiere carcomer. (Esa escena me remitió inmediatamente a una gran obra de la artista colombiana Doris Salcedo que lleva como título: 1550 sillas, una topografía de la guerra, del año 2003).

Este entramado de metal se retuerce ante la mirada solar, componiendo una armonía caótica, como una señal o símbolo de que el olvido desintegra todo aquello que nos soporta.

Yasleidy Bayona sonríe sin mostrar sus dientes, sus ojos parecen esconderse detrás de unas gafas formuladas con filtro UV. Ella protagoniza una imagen cotidiana, pero disiente, reflexiva y consciente, con la fuerza que caracteriza a una adolescente que desea devorarse al mundo. Toma uno de los pupitres chatarrizados, se sienta con un cuidado tan impecable como su uniforme de colegiala; escoge un libro y empieza a escribir sobre un cuaderno mientras que su timidez se escapa por la tinta que se derrama sobre una página emblanquecida. Su mensaje es claro: el estudio debe estar en primer plano, es lo único que nos salva de la ignorancia y de la violencia, esa misma que pretende esparcirse por el campo y la ciudad. 


Yasleidy sueña, como muchos, con lograr una carrera universitaria para demostrar que una estudiante puede convertirse en una defensora y escudera de acciones que se definen por construir un mejor futuro para todos.

Gracias al ánimo de Yasleidy otra adolescente se anima a hablar, su nombre es Asheleth Castro. Su sonrisa es explosiva. Le acompañan un par de hoyuelos en sus mejillas, parecen huellas que el tiempo le ha ido pronunciando gracias a su expresividad. Ella nos advierte ser la reina del colegio: título ganado por su carisma, simpatía y talento. 


Rompiendo con su timidez, Asheleth nos invita a conocerla con sus trajes de bailarina carnavalera. Es así como, en un horario fuera del académico, emprendimos una visita a su casa para conocerla de cerca y también a sus padres quienes le han apoyado con orgullo y confianza.

Nuestra anfitriona saca de una bolsa unos coloridos trajes. inmediatamente escoge uno color rojo con apliques dorados, botas altas, un penacho emplumado y unas alas que funcionan como un recordatorio del deseo que en ella habita: el de poder volar detrás de sus sueños.


Irrumpiendo las calles con poses que elevan sus pensamientos hacia el cielo, pareciera que sus botas metalizadas le propulsaran como cohetes; sus cejas pobladas se armonizan y se asemejan a las alas de sus anhelos, suspira con disimulo. La alegría la posee al transformarse en una reina que florece de un mundo donde no habita el dolor.


Luego, con ligereza, pero con el cuidado debido se cambia de traje bajo la complicidad de su cuidadora. De repente se convierte en una cumbiambera de falda larga, con colores verde y magenta. Camina descalza por tres cuadras de las calles pueblonueveras, elige una casa despojada y empieza a planear una coreografía performática, rítmica y mística. Solamente ella podría lograrlo. Y fue allí, donde la poesía a ella la poseía. Sus pies se escondían debajo de su falda y el telar de su vestuario se camuflaba con las plantas invasoras que adornaban el escenario abandonado.

Comprendimos que el movimiento al ritmo del tambor nos hace entrar en trance y que así nuestra mente se alejaría de lo indeseable, acercándonos cada vez más a la verdad que todos buscamos.




Participantes

  • Asheleth Castro
  • Yasleidy Ballona
  • Santiago Mendoza
  • Luis Fernando
  • Luis J Álvarez
  • Camilo Céspedes
  • Ángel Durán
  • Édison Pineda
  • Daniel Mesa
  • Jesús Muñoz
  • Andrés Pineda
  • Edier Sanjuan

Agradecimientos

Institución Educativa Técnica San Pablo de Polonuevo | Maestra Tania Orozco


Jorge Ríos Loaiza (Del Río)

Mi trabajo investigativo busca un acuerdo con la belleza en sus lugares donde nada parece acontecer, o simplemente lo nefasto se ha tomado el terreno. No trato de embellecer el mundo, mucho menos maquillarlo; mi anhelo es que se reconozca con sus imperfecciones, errores y horrores. Trato de transformar las realidades desde la interioridad de cada ser, cada paisaje o cada historia que se descubre ante un camino que ha sido abierto a machetazos.


Fundación Laboratorio Amarillo

Con la idea inicial de democratizar el arte, buscamos promover el pensamiento crítico, la libertad y la confianza entre las comunidades; capaces de mostrarse ante el mundo desde cada mirada sensible y honesta, utilizando la poética como un recurso que nos permite entender que cada gesto y cada instante no solo son memoria viva, sino que, además, puede transformarnos y llevarnos de una utopía a una realidad posible, que canalice el tejido social y las acciones metamórficas creativas por la Paz.

Fiestas del 6 de enero en Río de Oro: una mirada antropozoomorfa

«Hay un momento clave en la performance de este evento, y es precisamente cuando interpretan la matanza del tigre: le pelan el cuero, lo decapitan y levantan con la lanza su cabeza»

(Río de Oro, Cesar, Colombia)

Por, Jorge del Río

15 grados centígrados sofocados en coloridos trajes, impulsados por los más de 35 grados de alcohol que posee el bolegancho (bebida destilada de la caña y la panela, también llamada en otras regiones, chirrinche o tapetusa), y si quieres envolverte en el ritual de la felicidad, no te pierdas del conocido, muy amado y temido bolegancho doble sim card, se trata de una mezcla entre el bolegancho y una alta porción de cannabis.

Alucinemos con los jaguares que muestran con ferocidad sus dientes, advirtiéndonos y recordándonos que estamos pisando en su despojado territorio. Detrás de sus colmillos, de manera agazapada se hayan entredormidos un par de ojos humanizados, como destellos de las luciérnagas en las cuevas del Catatumbo. Esta escena nos permite dudar si el animal se ha tragado al hombre o es el hombre que se ha vestido con la piel del animal, o quizás es el hombre transformándose en jaguar, tal como lo hacen los taitas de la Amazonía después de hacer sus rituales con el yagé. Estos seres híbridos con características antropozoomorfas, nos recuerdan, además, a las evidencias de artefactos, grabados y dibujos precolombinos empleados para los rituales.

Fiestas del 6 de enero en Río de Oro: una mirada antropozoomorfa

Hay un momento clave en la performance de este evento, y es precisamente cuando interpretan la matanza del tigre: le pelan el cuero, lo decapitan y levantan con la lanza su cabeza. Esto me remite al mismo momento en que es elevada la cabeza de un gallo en el carnaval del perdón celebrado por los kamentsá y los Ingas en el Valle de Sibundoy, Putumayo.

6 de enero de 2022, dos años después de la última celebración, revive el carnaval de la Matanza del Tigre en Río de Oro, Cesar. Gracias a la pandemia hubo una pausa, pero esta no fue motivo para apagar la chispa de la fiesta, los riodorenses demostraron una vez más de qué están hechos, fortalecidos por el amor y el trabajo colectivo para darle forma y calidad a tan importante y principal evento de un hermoso municipio con aires coloniales.

Los creadores y su técnica

La piel de sus manos se camufla en el barro, modelando una nueva creación de carácter expresionista un tanto caricaturesca, como si se tratase de la interpretación de un sueño o una pesadilla carnavalera. Es un barro cálido, amarillo naranja, con la que se fabrican los moldes para las máscaras, el mismo con el que se construyen las paredes y tejas de las casas riodorenses. Este material, además, es usado para hacer tinajas que sirven de contenedores de agua, con este también se fabrican tiestos en las que se asan las arepas de maíz molido, este barro lleva encriptado ese bello paisaje de clima agradable, de olor a cultivos de tomate, cebolla, caña y frijol, sabe a bolegancho, tabaco y café, es un material carnoso, mezclado con sudor, fiesta y colores.

Matanza del Tigre

Luego es preciso darle una capa de papel maché al molde en barro, adherida con almidón extraído de la yuca. Paso a seguir, se le aplica un sellante blanco para poder empezar a aplicar los colores vibrantes que realzan la magia de la máscara.

Después de un arduo trabajo, llega el momento de la parafernalia, con indumentarias y máscaras que demuestran la riqueza y belleza imaginativa de cada personaje. Jaguares, marianas, lavanderas, perros cazadores, cazadores barbados con facciones europeas, entre otros. Estos personajes elevan la ceremonia de la historia de un acontecimiento en el que el felino más grande de américa es cazado por un grupo de trabajadores afros y un cazador acompañado de sus feroces perros.

Desde muy corta edad los riodorenses emprenden el camino de la creación de máscaras, aplicando las técnicas tradicionales, empleando imaginación, belleza y color a cada pieza. Johan Sebastián Salazar tiene nueve años de edad, su carrera de artesano comenzó desde los cuatro, gracias a su amado maestro, su padre.

Con la mirada transparente, Johan Sebastián enseña con alegría el molde de su nueva máscara, y él, como todo un artista bondadoso, dona cada año su creación al museo del pueblo para ser parte de la colección de máscaras tradicionales de la Matanza del Tigre.